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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

08 de mayo de 2020

¿Cómo nos pega el encierro?

El Centro Universitario San Martín (CUSAM) es un espacio educativo creado por la UNSAM en el interior de la Unidad Penal N° 48, en José León Suárez. Algunxs de sus integrantes nos cuentan cómo se vive la cuarentena en el encierro bajo doble llave, la cárcel y el aislamiento social, después de una huelga de hambre pacífica y colectiva: sin visitas de familiares, sin acceso al espacio universitario y con lxs pibxs engomadxs todo el día en el pabellón. 

Imagen producida en el Taller de Fotografía y Comunicación, coordinado por Sofía Muiños. 

Nos preguntan lxs amigxs cómo anda todo por allá. Allá es la cárcel, la Universidad Pública en la cárcel, en estos días de cuarentena social obligatoria. Nos preguntan a nosotrxs que seríamos “lxs expertxs” en el encierro. Y les contamos que, además de los apuntes, los cuadernos, las planillas con lxs inscriptxs a cada materia y talleres, la Universidad llegó a través de cajas con lavandina, pastillas de cloro, trapos de piso, alcohol en gel, toallitas, paracetamol, termómetros, azúcar, yerba y galletitas, que accedían a los pabellones donde la visita ya no podía hacerlo, porque fue interrumpida por voluntad de lxs presxs para cuidar del contagio a sus familias.

Hace unos días, la Universidad volvió a ingresar en forma de pendrive de muchos gigas de memoria. Lo compramos por delivery en una librería de San Martín. Ahí está la bibliografía de las materias de Sociología y Trabajo Social, carreras de grado que se dictan en el CUSAM. Decenas de textos en pdf y guías de lecturas que enviaron lxs docentes. Bajamos los archivos a las computadoras que mudamos del centro universitario a los pabellones y a los equipos de la escuela. De esta manera, se garantiza la continuidad de la educación pública en tiempos de cuarentena.

La Universidad es el radioteatro que crearon las estudiantes de la 46 y 47 con los estudiantes de la 48 a través de audios que intercambian por whatsapp. La Universidad está pasando en los dos capítulos de “Cuarentena obligatoria” que hicieron con el profe de teatro -y sonaron en Radio Reconquista- y en el próximo que están trabajando.

Día a día en la celda, la Universidad se escribe en los diarios de cuarentena que envían las estudiantes a Mariana, la profesora del Taller de Crónica. Y cuentan que están preocupadas por la abuela que cuida a sus hijas y tiene que salir a comprar, que hace un mes permanecen en el pabellón porque no hay actividades y que las medidas de prevención son imposibles en celdas para cuatro donde viven ocho. Y también cuentan de un día que aparentaba ser como el resto, solo con acceso al patio, y de repente se oyó el ruido del candado del chapón y llegó una nueva compañera: la computadora con todos los textos para poder continuar cursando.

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 Imagen de Verónica, asistente al Taller de Fotografía y estudiante de la Unidad 46. 

La Universidad son los estudiantes Abel, Marcos y Jorge, que obtuvieron un permiso para hacer un relevamiento de la población en riesgo en toda la unidad y enviaron los resultados al Ministerio de Justicia de la Provincia. Las preguntas que elaboraron para la encuesta son sociología, tal como la necesitamos.

La Universidad llega con una nueva donación de jabones y lavandina que reunió la campaña del Grupo Osadía, nuestras profesoras de teatro, con aportes de todo el barrio. La Universidad zumba con Radio Mosquito, por medio de los programas que hacen Mariano, Maxi y Juan, a pesar del aislamiento, y sigue su vuelo en radios comunitarias y nuevos programas a través de Diego, el profesor de radio. Todas las tardes suena en la sala de ensayo que improvisaron los estudiantes en la celda con la percusión de tachos, guitarra y bajo. Y se comprime en archivos de audio y video para descargarse en la isla de edición de la casa de Laucha y Charly, los profesores de música junto con Fran de Microgrooves.

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Imagen de Mariano, asistente al taller de fotografía y estudiante de la Unidad 48. 

La Universidad salió ayer en las fotos de los celulares que enviaron los estudiantes de Sofi, la profe del Taller de Fotografía, y acompañan esta nota. Y vuelve a hacerlo hoy también, con los poemas de Martín en video, que viajan para llegar a las familias de La Carcova a través de su Biblio, hoy también virtualizada. La Universidad también es el estreno por YouTube de un cortometraje de ficción filmado en el 2019 por estudiantes en el Taller de Audiovisual, quienes sin saber del COVID-19 lo titularon “Juira Bicho”.

La Universidad estuvo semanas atrás en la mesa de diálogo con estudiantes y referentes de pabellones, jueces, funcionarios del Ministerio de Justicia bonaerense, estudiantes liberadxs, organizaciones, defendiendo ese espacio de reflexión. El esfuerzo de pensar formas superadoras de elaborar los conflictos más allá de la violencia, “No queremos violencia, queremos coherencia”, exclama el estudiante Abel en un video donde cuenta la adhesión a la huelga de hambre pacífica y colectiva que están llevando a cabo. Cuando empezamos, era para todxs impensado que los “chorros” estudiaran con los “vigis”, imposible que trajeran a las mujeres de las unidades vecinas a estudiar a la 48. Nuestra experiencia nos enseña que tenemos que animarnos a superar falsas divisiones, a pensar el mundo sin berretines. La Universidad que se pone afuera, afuera de lo que sabe, es una Universidad sacada que abandona la identidad consigo misma, y deviene otra al componerse con los saberes populares. 

Vivimos transformándonos, mutando hace doce años, igual que este virus, pero buscando la estrategia para que quienes caigan en cana queden adentro de la Universidad Pública. No existe la representación social del pibe chorro que va a estudiar a la facultad, como dice Diego, uno de nuestros sociólogos. La Universidad en la cárcel y en el barrio es el modo de sostener e imaginar colectivamente otra vida, allí donde “Nosotrxs somos todxs”. Eso repetimos día a día lxs zurcidores de un tejido social hecho pelota por el virus del individualismo, el aislamiento y la desigualdad social. Nosotrxs, lxs que somos el descarte de la sociedad, somos expertxs del reciclaje, por eso nos negamos a aceptar que la cárcel sea la única forma de “tratamiento”. 

“No morir en la cárcel” es el deseo más fuerte de quienes están detenidxs, y hoy está más presente que nunca. Y no es sólo la expresión, el último grito de aquellas vidas dañadas que “no importan”, es el señalamiento de que la que está muerta es la cárcel y este modelo social que deja morir a lxs “nadies”. 

La voz de adentro de la cárcel es como un eco que retumba, una y otra vez y te vuelve, te vuelve sin respuesta”, escribió hace un rato la estudiante Silvana en su diario.  Ahora que estamos todxs encerradxs, amigas y amigos, que nos llegó la hora del engome a todxs, cabe preguntarnos si el encierro puede realmente servir para “resocializarnos” y “reinsertarnos” como sociedad, o si en vez de tantas re-peticiones nos animamos a ensayar salidas más justas. La cárcel encierra a lxs mismxs de siempre como los signos de interrogación al comienzo y al final de una pregunta, pero no cierra como respuesta.

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