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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

17 de octubre de 2019

Atardecer 50 veces en la ex ESMA

Poesía en la Terraza es un ciclo de lecturas y música en vivo que se realiza en el Conti desde comienzos de 2015 y que ha contado con la participación de más de 250 artistas de diferentes generaciones y disciplinas. Cada encuentro fue un ritual de exorcismo: una instancia de emancipación a través del cuerpo y la palabra. 
El próximo sábado 19 de octubre se realizará la edición n°50 con la participación de Ciela Asad, Brian Alvarez, María Sueldo Muller, Laura Wittner, Guillermo Saavedra, Guillermo Arnaudo, Martín Telechanski y Pablo Dacal.

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Foto: Eva Chevallier Boutell

El comienzo en dos claves. Primero una definición desesperada, una ley. Theodor Adorno (1951): “No se puede hacer poesía después de Auschwitz.” La voz humana se corta con tijera frente al drama de la época, frente a un peldaño o un pozo oculto en los terrenos arrasados por el gas y la electricidad de las bombas. ¿Hay lugar para la lírica en un mundo que ya no es el mismo? ¿Un cuerpo torturado puede cantar? ¿Resiste lo sagrado en el corazón de los que vieron el humo, ese humo? ¿Pero no es la poesía acaso la historia de sí misma, un significante expansivo, dual, la transmisión de la épica del metal y la sangre por un lado; el discurso del amor y de los dioses por otro? El poema como modo de nombrar el tesoro humano más luminoso, la música tangencial; también el molde que adquiere lo siniestro cuando encarna, la posibilidad de absorberlo y complejizarlo; el lenguaje frente al horror y el lenguaje del horror que también muda de piel y de palabras para volver con la cara limpia y su traje brillante como una luna. La poesía entonces es forma, instinto y género indeterminado que conlleva la ruptura como potencialidad innata, como excavación del campo minado para renacer desde otra vertiente. Una debilidad que carga con el tiempo, un corazón oscuro, una supernova inclaudicable. 

  

Hugo Padeletti en la edición n°10.  Noviembre 2015
Foto: Eva Chevallier Boutell

 

Segundo, la poesía no sólo es en un territorio atravesado, puesto a prueba por la muerte. Es también potencia que se desplaza, se filtra por los discursos legitimados y el cinismo de la época. Debe atravesar el aire de las palabras moldeadas, el orden, la historia: toma postura ante la norma. Hacer poesía adentro de una institución, la gran familia carnívora, el Estado. Es otra la pregunta: ¿se puede hacer poesía desde/para el Estado? 

Hacer poesía después de Auschwitz y en el Estado. En el Estado argentino post post post terrorista y neoliberal y dentro del fantasma de su campo de tortura, exterminio y desaparición forzada más emblemático. Justamente en esta dualidad creció Poesía en la terraza, como un intersticio para resistir, con reglas propias mutables donde el vínculo entre el arte, la representación y el horror siguen delineando el esqueleto de una resurrección, de una cachetada contra la banalidad.

Atardecer 50 veces en la ex ESMA - Revista Haroldo | 1
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Alberto Szpunberg en la edición n°13. Marzo 2016
Foto: Eva Chevallier Boutell

En esta confluencia de sentidos, ya desde su apertura en 2008 el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti ha tenido que lidiar con diferentes discursos e ideas sobre la memoria, condición para reflexionar sobre su existencia. Es decir, asimilar tanto las máximas teóricas y las experiencias de otros sitios del horror en el mundo, como el dolor/la historia de los sobrevivientes y la perspectiva del gobierno de turno –y sus representadxs- sobre los derechos humanos, la memoria y el presente. Para poner las piedras del santuario en orden primero hay que escuchar las voces, las que quedaron -con sus heridas físicas y conceptuales-, las que regresan y las que llegan desde afuera: saber percibir y contener el impacto. El Conti como espacio público abocado a la memoria, la política y la historia reciente debe forjarse sobre la experiencia dinámica de la comunidad, sobre sus ciclos materiales menos liricos y sobre su épica. Identificar la ausencia, convertirla en un eje de identificación y semblanza para volver a no ser. El Estado primero pide disculpas; después (se auto)destruye y se agrieta a través de la potencia de loa poemas, deja que el alma se le escape. Un canto a Dios, al origen para que los hombres y las mujeres reconfiguren su humanidad.

 

Diana Bellessi en la edición n°5. Mayo 2015
Foto: Eva Chevallier Boutell

  

En este recorrido, la primera particularidad de Poesía en la terraza: no son pocos los poetas que prefirieron no participar de las lecturas y respondieron con un “gracias pero no voy a la ex ESMA” al ser convocados. Una pequeña fractura, la reja como frontera férrea. La ex ESMA nombrada en pasado. Como contrapartida, la transformación: el ciclo logró incentivar a otros tantos poetas –visibilizados- que no suelen leer en vivo para sumarse a la propuesta de compartir “escenario” con artistas jóvenes que circulan exclusivamente en el (efervescente) underground. En cuanto al público, muy numeroso por lo general, la “fertilidad” resultó en que no todos los que se acercaron a escuchar son poetas. Por el contrario, se identifican con el sujeto-espectador general y asiduo del Conti, el que se multiplicó todos estos años para ver cine, teatro y/o música; para resistir e incluso llorarse: personas interesadas por la política, el arte y los derechos humanos. “Donde hubo muerte, vida” fue el lema del Centro Cultural en sus primeros añós, deseo u horizonte conceptual hacia donde ir.


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Edición de primavera. 2017

Foto: Eva Chevallier Boutell

 

Por otra parte, gracias a una experiencia de campo previa y permanente, gracias al recorrido y atención sobre lo que sucede en un ambiente literario que no para de crecer, Poesía en la terraza trató de evitar en estos años algunos preconceptos. ¿Qué quiere decir “la poesía de ahora se hace/dice sin el vaso de agua al lado y es necesario gritar para defender un poema mal escrito que me haga quedar bien con mi microcomunidad”? o “todos los del (ex)Slam y la poesía oral no saben escribir.” En este caso, la única premisa siempre fue generar un intercambio tan dispar como homogeneizador, en tensión tal vez.

El poder de la voz, la verborragia y la calma, las estéticas mutantes, los tiempos de vida, la amplitud, la lírica total y el humor, lxs cuerpxs, la denuncia como opción: la dictadura, esa cicatriz para los nacidos antes de los 80; y la dictadura como discurso que se filtra evocador, elegíaco o pop a través de los poemas de lxs jóvenes que no vivieron el horror pero sí la historia y sus secuelas. Cada unx de lxs poetas que participaron del ciclo lograron asimilarlo como propio, acabaron por integrar voluntariamente el espacio en sus palabras.

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Mariano Blatt en la 1° edición. Marzo 2015
Foto: Eva Chevallier Boutell

Pasaron cuarentaynueve ediciones desde el comienzo de Poesía en la Terraza, allá por febrero de 2015, cuando el panorama político –y la centralidad en la agenda de las políticas de memoria, verdad y justicia- eran innegociables. La identidad que el ciclo fue adquiriendo a través del tiempo se forjó en la pelea por hacer pie entre tanto cambio de rumbo, tanto cinismo y rotación de perspectiva en una gran parte de la sociedad. La visibilidad y el prestigio de un espacio que trabaja los vínculos entre el arte y los símbolos del pasado desde hace años junto al compromiso irrenunciable de lxs trabajadorxs fueron anclas, fortalezas indispensables. Aunque el ciclo se planteó, ante todo, como un espacio de lectura, también creció como un foco de reunión y resistencia identificable.

Poesía en la terraza cumple sus primeros cincuenta atardeceres y deberá proyectarse en el tiempo para seguir forjando sus rasgos, su entereza, su capacidad de fracturar el discurso. Se trata de historizar la palabra, de poner el cuerpo y la voz para gestar una nueva comunidad. Conjurar el pasado como una resistencia de vida. Como una declaración de principios por la memoria, la verdad y el futuro.


Poesía en la terraza #50 

Corazón clavado en un cuchillo

Sábado 19 de octubre / 19 HS


Poetas: Ciela Asad, Brian Alvarez, María Sueldo Muller, Guillermo Saavedra y Laura Wittner
Música en vivo: Pablo Dacal

PERFORMANCE
Una brochettes de turros en compota, por Guillermo Saavedra, Guillermo Arnaudo y Martín Telechanski.

INAUGURACIÓN
Reverberos #1. Intervención a partir de la obra de Omar Cao.

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