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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

20 de agosto de 2020

Reedición del libro «Orgullo: Carlos Jáuregui»

Homosexualidad y derechos humanos: el malestar que sí tiene nombre

La editorial Final Abierto acaba de lanzar una reedición ampliada y corregida del libro Orgullo: Carlos Jáuregui. Una biografía política, de Mabel Bellucci. En este artículo, construido a partir de datos históricos extraídos de esta obra, la ensayista y activista feminista queer rescata la articulación de la Comunidad Homosexual Argentina -presidida por Carlos Jáuregui- con los organismos de derechos humanos, durante los dos primeros años de la postdictadura.

 

En Argentina, desde 1982 en adelante, se abrió una etapa de reorganización que nunca había suscitado tantas expectativas, de suponer que inauguraba un nuevo ciclo político. La noción de democracia era compartida junto a la de derechos humanos, conciencia sumamente ajena a la retórica política de la década anterior. El lugar protagónico fue de los organismos de Derechos Humanos que fueron los que diseñaron la política en los años ochenta. Pero aún, la vitalidad del aparato represivo heredado y la participación de sectores de ultraderecha, provocaba un clima de intimidación permanente. Llevaban una gran persecución que incluía allanamientos, detenciones arbitrarias, razzias y abusos de autoridad. Un eje de la época representaba la denuncia de los códigos contravencionales y de faltas, la Ley de Antecedentes que atentaba contra los homosexuales y las travestis y los edictos policiales, por los cuales ya venía luchando el Frente de Liberación Homosexual (FLH) en los inicios de los setenta.

Carlos Jáuregui (1957/1996) parecería ser el nombre para referenciar una serie de políticas reivindicativas de las minorías sexuales contra la discriminación y la violencia institucional.[1] Un gran legado fue su estilo de intervención pública como de organización colectiva. Por una parte, presidía, entre 1984 y 1987, la Comunidad Homosexual Argentina, más conocida como la CHA. Por otra, fijó como una de las políticas fundamentales la de articular y mancomunar los esfuerzos con los organismos de derechos humanos, entendiendo que la problemática homosexual era un aspecto de la vigencia de dichos derechos en nuestro país. Por consiguiente, hubo entrevistas con dirigentes de Amnistía Internacional (AI), la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos (APDH), el Centro de Estudios Legales y Sociales (CELS), el Movimiento Ecuménico por los Derechos Humanos (MEDH), la Liga Argentina por los Derechos del Hombre (LADH), el Servicio Paz y Justicia (SERPAJ). Asimismo, se entregó una carpeta de la CHA a Madres de Plaza de Mayo y a la Comisión Nacional sobre la Desaparición de Personas (CONADEP).[2]

Jáuregui, con su grupo íntimo, les hizo comprender la necesidad de reclamar en conjunto una ley antidiscriminatoria que contuviese el criterio de orientación sexual. O sea, que, en esa primera época de articulación, los organismos de derechos humanos reconocieron como discurso el libre ejercicio de la sexualidad. La CHA fue creada bajo la impronta de la defensa de los derechos humanos y como parte integrante de un proceso mayor de luchas sociales y políticas. “Con discriminación y represión no hay democracia” era el título de una solicitada de dicha asociación publicada en mayo de 1984 en el diario Clarín. Con ese enunciado, la sociedad quedaba notificada de la existencia de una organización civil, que reclamaba demandas imprescindibles para la propia existencia.

 Un hecho revelador fue que, en 1984, el Movimiento Judío por los Derechos Humanos (MJDH), liderado por el periodista y director del semanario Nueva Presencia, Herman Schiller junto al rabino estadounidense Marshall Meyer, adalid de la transformación cultural de la comunidad judía latinoamericana, invitó a Carlos a marchar junto a su columna. Él con un cartel, hecho a mano, levantaba consignas acordes al contexto histórico, centradas en la lucha contra el prejuicio, la represión policial y el poder de la iglesia católica. Jáuregui prestaba atención a los consejos de Schiller en cuanto a consolidar un frente ideológico con sectores afines, cada quien, con sus especificidades, para dar pelea a la discriminación y al autoritarismo político. Al mismo tiempo, le advertía sobre la tentación de abroquelarse en guetos, aunque su propuesta iba más lejos: convertir al MJDH en un espacio que contuviese a todos los oprimidos. Por ello, Schiller aconsejaba armar alianzas con prostitutas, presos sociales y políticos. Y planteaba: “Los homosexuales deben dejar de asumir formas vergonzantes. Es necesario sentir orgullo de la propia identidad para salir a pelear por sus derechos”.[3]

                

            

“Homosexualidad y derechos humanos: el malestar que sí tiene nombre” - Revista Haroldo | 1
Charla organizada por el SERPAJ en la sede del Movimiento Judío por los DD.HH. - Sexualidad y Represión - CHA Carlos Jauregui, Alejandro Zalazar, Felicitas Jaime, 20 de agosto, 1986.

Visibilizar a la comunidad homosexual

 

 La primera vez que la CHA asistió a una movilización de derechos humanos con su propia bandera y con una columna integrada por cien homosexuales, fue cuando la CONADEP hizo entrega del Informe Nunca Más al entonces presidente Raúl Alfonsín, el 20 de septiembre de 1984.[4] La CHA adhirió, convocó y participó en esa marcha histórica donde también estuvieron presentes un sinnúmero de organizaciones de derechos humanos, agrupaciones de izquierdas y estudiantiles. Nueve días más tarde, la APDH, organizaba, en el Centro Cultural General San Martín, la jornada “Efectos de la Represión: la dimensión de lo psíquico” e invitó a la asociación a suscribir y a participar en los paneles. Desde luego, una oportunidad que fue aprovechada al máximo: alrededor de una treintena de sus integrantes intervinieron en la actividad. La CHA, en especial Carlos, mantenía un vínculo estrecho con los integrantes activos de la APDH, que representaban voces significativas en denunciar los crímenes de lesa humanidad perpetrados por la última dictadura cívico militar. Asimismo, con el entonces diputado nacional, Augusto Conte -fundador de la corriente Humanismo y Liberación de la Democracia Cristiana (DC). También con el profesor y fundador del sindicato docente CTERA, Alfredo Bravo, Partido Socialista (PS) y con Simón Lázara, integrante del Partido Socialista Unificado (PSU). Entre ellos se fueron relacionando durante las inagotables movilizaciones llevadas a cabo a lo largo de esa primera etapa de la postdictadura.

Del mismo modo, el CELS, a cargo del escritor y abogado, Emilio Mignone[5], colaboró con la CHA al brindar una contención institucional. Ese ofrecimiento consistía, por un lado, en poner a disposición su servicio legal y, por el otro, comprometer su firma en apoyo a todo tipo de necesidad de la asociación. Que un defensor de los derechos humanos de tal magnitud como era Mignone- en 1979 fue cofundador del CELS junto a Augusto Conte -se haya comprometido con tal intensidad, demostraba la confianza que le proporcionó la conducción de Jáuregui.[6]

 

 

“Homosexualidad y derechos humanos: el malestar que sí tiene nombre” - Revista Haroldo | 2
Foto: Archivo Hasenberg-Quaretti - Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

En esa etapa de reorganización, la mayoría de los referentes de los partidos políticos de la centroizquierda, a la vez, formaban parte de los organismos de derechos humanos con los que Jáuregui estaba en estrecho contacto. Así, se explica que él haya entablado un trato personal con gran parte de los integrantes. Ese fue el caso con Conte. En una carta breve pero contundente, redactada por él a las autoridades de la CHA, publicada en el Boletín de la CHA nº 8, septiembre de 1985, marcaba su posición:

 

   “No habrá verdadera democracia en la Argentina hasta tanto existan sectores a los cuales no se les respeten integralmente sus derechos y sufran actos vejatorios por parte de la policía”.

Carlos admiraba profundamente la labor legislativa de Conte, pese a su corto protagonismo en la Cámara de Diputados. Además, fue quien fundamentó la propuesta de modificación del proyecto de ley del Poder Ejecutivo sobre discriminación:

 

    “La ley debe combatir los actos discriminatorios en el lugar donde ellos se originan y punir las sanciones de quienes los preparan o incentivan. Debemos recordar que aún se practicaban actos persecutorios y discriminatorios contra la comunidad homosexual. Ello contradice no solo la letra y el espíritu de nuestra Constitución, sino también el principio de libertad que ha de regir toda convivencia democrática”[7].

 

En rigor, Jáuregui además de su cercanía con Conte también amplió relaciones con la plana mayor de la APDH, en esa etapa conformada por Alfredo Bravo, Graciela Fernández Meijide y Simón Lázara. Este último fue el impulsor de la ley l23.950, sancionada en 1991, que determina que la policía ha perdido la facultad de detener a las personas por averiguación de antecedentes. Claramente, representa una norma orientada a proteger a las minorías sexuales contra la discriminación y el autoritarismo institucional.

“Homosexualidad y derechos humanos: el malestar que sí tiene nombre” - Revista Haroldo | 3
Foto: Fondo Marcelo Ferreyra. Programa de memorias políticas feministas y sexogenericos. CeDinCi

Al ritmo de la lucha, esos vínculos se fortalecieron al compartir continuas manifestaciones y otras acciones públicas. No obstante, fue allí donde las dificultades de articulación con los organismos se hicieron visibles. Por ejemplo, el tema de las consignas representó una muralla demasiado alta para escalar: Juicio y Castigo y Aparición con Vida no habilitaban otro tipo de reivindicación. Menos aún, una relativa a las minorías sexuales. Teresa De Rito, dirigente sindical y ex integrante de la CHA, habla sin tapujos sobre tal conflicto:

 

      “Todavía estaba muy asociada la idea de derechos humanos y desaparecidos. Entonces debatimos esto en la comisión directiva de la CHA y se decidió mandar cartas a las organizaciones diciéndoles que nos constituíamos como un nuevo organismo. Les pedíamos que sumaran a las consignas históricas el libre ejercicio de la sexualidad como un derecho humano. Además, les solicitábamos generar ámbitos de debate para esclarecer nuestra posición. Lázara fue el primero que nos reconoció institucionalmente, además de apoyarnos frente a los demás organismos. Gracias a su defensa y al debate generado fue posible que en las marchas siguientes apareciera la consigna “Respeto al Libre Ejercicio de la Sexualidad como un Derecho Humano”.[8]

 

En efecto, tanto por la figura de Lázara como por la de Conte, a Carlos la APDH le despertaba admiración:

       

     “De todos los organismos es donde más cómodos nos movemos y nos sentimos. Eso no quiere decir que todos en la Asamblea estén conformes con nosotros. Es la organización más inteligente dentro del campo político en la Argentina de 1985.[9]

 

Otra presencia que aportó sustantivamente a la CHA y, en especial, a Jáuregui, fue Laura Bonaparte, integrante de Madres de Plaza de Mayo-Línea Fundadora[10]. Ella tuvo un lugar destacado por su temprano e incondicional apoyo a las demandas homosexuales, desde su enriquecedora experiencia feminista y socialista en el exilio mexicano. Con fineza de pensamiento y claridad, Laura hablaba sobre el aborto voluntario y la homosexualidad siempre en relación a los derechos humanos en épocas que, para la gente de los organismos, los integrantes de la CHA eran “extraterrestres” y podían incomodarse frente a su participación en espacios comunes. César Cigliutti, amigo íntimo de Carlos y activista homosexual, evocó lo vivido:

 

       “A gran parte de los activistas de los organismos en ese momento inicial a quienes nosotros nos acercamos, si les hubieran preguntado por la CHA la respuesta habría sido: `Preferimos que no estén´. Carlos tenía una veneración increíble por Hebe de Bonafini. Y a ella, cuando nos veía venir, se la notaba incómoda. ¿Qué te puedo decir? Era razonable. Hasta ese momento no había habido ningún tipo de visibilidad de nuestra parte. En cambio, Laura aportó muchísimo a nuestra formación, con una sensibilidad y un afecto. Aún tengo presente una frase suya que para mí fue reveladora: ¿Si uno no tiene derecho a su propio cuerpo a qué tiene derecho? Nunca lo había escuchado. Era increíble. En realidad, no fue una cosa rápida, mediática ni mucho menos. Llevó años de entendimiento para llegar hasta donde llegamos”.[11]

        

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Foto: Archivo Hasenberg-Quaretti - Facultad de Filosofía y Letras de la UBA.

Incluso más, el testimonio del profesor y escritor, Atilio Borón, daba cuenta del clima de malestar reinante entre ambas partes:

 

  “Carlos me planteaba la gran dificultad que tenía de hacer llegar su mensaje a los organismos de derechos humanos. Comentaba que le costaba bastante hacer un diálogo más formal. Él se movía con ellas a través de un trato personal. Los prejuicios de esa época eran una gran barrera. Era una compañía que ellas sentían que no las ayudaba. Y él se resentía con esa actitud. Sí decía, recuerdo, `para las Madres nosotros no somos los hijos perfectos que hubieran querido`. Evidentemente tenía un gran sentido del humor. Sí se quejaba del trato de las Madres, en un momento donde las Madres eran, y siguen siéndolo, en la Argentina un símbolo muy importante de legitimidad de una lucha”.[12]

                 

En suma, los diálogos entablados por la conducción de Jáuregui con el universo de los organismos de derechos humanos dejaron huellas y legados en la memoria de las minorías sexuales. Por fortuna, se conservan publicaciones impresas y ahora virtuales de la CHA más los testimonios de sus integrantes, como un modo de resistir la oscuridad del olvido. Este artículo al reconstruir dichos acontecimientos históricos, es un registro de lo acontecido.

 

*Activista feminista queer. Ensayista e investigadora. Cofundadora del blog Moléculas Malucas. Archivos y memorias fuera del margen. https://www.moleculasmalucas.com/blog

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Notas

[1]En este artículo utilizaré las categorías propias de los años ochenta.

[2] Jáuregui, Carlos, “La CHA y los Derechos Humanos”, Boletín de la CHA, n º 2, CHA, diciembre de 1984.

[3] Jáuregui, Carlos, “Herman Schiller. Presidente del MJDH”, Vamos Andar, nº 2, CHA, octubre de 1986.

[4] Jáuregui, Carlos, “La CHA y los Derechos Humanos”, Op. Cit.

[5] http://www.cels.org.ar/especiales/correspondenciamignone/quien-es-quien/#introduccion

[6] S/R, “La Comunidad Homosexual Argentina”, Grupo Federativo Gay, nº 2, de septiembre de 1984.

[7] S/R,” Ley sobre discriminación y propuesta”, Boletín de la CHA, n º 9, octubre de 1985,p.9.

[8] Tron, Fabiana. Lesbianas y Discriminación Laboral en América Latina. Colombia, Bolivia, Brasil, Honduras y México. Adeim-Simbiosis (Bolivia), Artemisa (México), Cattrachas (Honduras), Criola (Brasil), IGLHRC, Red Nosotras LBT (Colombia), 2005.

[9] Dalmastro, Horacio, “Los homosexuales de la Argentina”, Ahora, octubre de 1985.

[10] Laura integró desde el principio, en 1988, las filas de la Comisión por el Derecho al Aborto (CDA).

 [11] Entrevista realizada por la autora en 2010.

[12] Entrevista realizada por la autora y por Martín De Grazia en 2008.

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