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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

05 de mayo de 2020

Homenaje a Haroldo Conti

Cartas Contianas

La pasión por Conti también llega desde lejos. Luego de traducir al inglés las novelas Sudeste y En vida, el docente, traductor y escritor inglés Jon Lindsay Miles, residente en España,  publica Cartas del río (Letters from the river), “una lectura autobiográfica” de Conti donde el autor busca acceder a la experiencia vital del escritor y militante chacabuquense. 
Compartimos la introducción del libro y uno de sus textos ficcionales como homenaje a Haroldo, a 44 años de su desaparición forzada.

Haroldo Conti con su máquina Royal en su casa de San Telmo. 

Letters from the River [Cartas del río] es un libro -mejor dicho, una traducción- a dos voces. La primera se oye en la traducción mía de las cartas todavía existentes de Haroldo Conti, de artículos importantes de su trabajo periodístico y de unos pocos pasajes de su primera, inédita novela, Ligados -todo esto escrito en lo que pueda considerarse una traducción “convencional”: el escritor argentino en sus propias palabras. La segunda voz es una traducción no entre el castellano de Conti y el inglés mío, sino hacia dentro de la mente del hombre cuya obra literaria estoy leyendo -como su traductor al inglés- intensamente durante la última década: Haroldo Conti en mis palabras.

La segunda traducción es completamente personal, escrita en forma de cartas de la mano de Conti y destinadas a su amigo Tito Bruzzone, vecino en las islas de Tigre: son cartas que nunca se escribieron en realidad. Este acto de pura imaginación se basó tanto en mi propia experiencia de vida como hombre de mediana edad, como en lo que percibí de Conti a través de las conversaciones celebradas con sus familiares y amigos y durante la lectura de su obra. Es una traducción producto de una lectura autobiográfica de las palabras de Conti.

Esta “traducción” va un paso más allá que las realizadas para las versiones en inglés de sus novelas Sudeste y En vida:[1]ahora pretendo traducir, no las páginas de Conti, sino la experiencia de la persona que las escribió.[2] El lector de Letters from the River se preguntará hasta qué punto este “acto ventriloquial” da cuenta del hombre que se llamó Haroldo Conti, y hasta dónde se trata de mi propia voz.

Leía en estos días la biografía de C.K. (Charles) Scott Moncrieff, traductor de Stendhal, Marcel Proust y Luigi Pirandello, entre otros. Jean Findlay cita a Scott Moncrieff, quien declara que “traducir es una cuestión de instinto”, que para mí es decir: traducir el texto de un autor es cuestión de volcar su experiencia expresada en la escritura. “La cuestión,” concluye Scott Moncrieff, “es escribir [en otra lengua] un renglón que recibiría la aprobación del autor del texto 'original'.”[3] Yo no sé si podría tener tanta seguridad en cuanto a la valoración que Conti le hubiese dado a mi libro; pero al leer las biografías publicadas en los últimos tiempos sobre él en Argentina, sigo buscando, todavía, a la persona que yo percibo que fue; no lo encontré como ser humano, ausencia que me apremiaba a responder escribiendo otra biografía (la primera en inglés, que es mi lengua materna): la de “mi Haroldo”. Como dice Marcelo, uno de los hijos del autor: “Cada persona tiene su propio Haroldo Conti”.

*

“Cartas Contianas” - Revista Haroldo | 1
Conti y una de sus pasiones: los barcos.
Foto: Gentileza familia Conti.

La insatisfacción que suelo sentir al leer libros del género biográfico es la de encontrarme con un volumen de datos históricos, poco más que una lista de acontecimientos privados de su fondo humano, desprovisto del sujeto como persona de carne y hueso, de pasiones y sentimientos del tipo que se encuentran en una novela. ¿Cómo podría evitar reproducir estas insatisfacciones, darle vida humana a Haroldo?

La idea que me vino a la mente -al principio me parecía absurda- fue la de utilizar un género literario ya pasado de moda: el género epistolar. Imaginaba escribirle una biografía en forma de cartas supuestamente de la mano de mi Conti, que me permitiría acercarme a la persona por dentro.

Sabía que unas cartas verdaderas sobrevivieron a la destrucción de su archivo personal durante el secuestro: había recibido dos ejemplares fundamentales de la mano de su hija Alejandra en 2012. Aunque pocas, estas dos cartas y cualquier otra que pudiera encontrar me darían lo necesario en cuanto el estilo que Haroldo usaba para luego ampliarlo en el “acto ventriloquial” necesario para llevar a cabo mi idea.

 Medité todo durante algunas semanas, y aunque seguía dudando, no encontré mejor solución al problema que me proponía; decidí zarpar, lanzar el libro al río. El lector decidirá si el riesgo tomado valió la pena.

           

***

No obstante el atrevimiento implícito, los hechos narrados en el libro presentan la historia tan rigurosa y consistente como he podido establecer a lo largo de mis investigaciones de la vida de Conti.

El lector tomará en cuenta que cualquier comentario ofrecido sobre una persona refleja un punto de vista personal; hasta las historias que narramos sobre nuestras propias vidas son motivadas por objetivos particulares. Tenemos que seleccionar qué contar; cuando me encontraba con “evidencias” contradictorias, me guiaba por las propias palabras de Conti intentando vislumbrar la persona detrás del personaje público.

***

Letters from the River se centra en los años que comienzan en 1971, cuando la vida de Conti experimentó un cambio radical, permitiéndome un horizonte desde el cual describir y reflexionar sobre el pasado del autor, tanto personal como profesional, mientras se adaptaba al futuro. Abordar los cinco años que van hasta su desaparición me permitía presentarlo en el contexto de la agitación social en Argentina que culminó en el golpe de Estado de 1976 y considerar cuestiones fundamentales sobre su vida: ¿qué papel tuvo su escritura en su destino final?; ¿hasta qué punto estuvo activamente involucrado con las fuerzas revolucionarias en aquellos años?; ¿por qué un hombre con mucha vida por delante, y sabiendo que su nombre aparecía en la lista de los bajo amenaza, decidió no exiliarse como le aconsejaban algunos amigos cercanos?

Intentar conocer a otro es conocernos mejor a nosotros mismos; los años pasados en la compañía de Haroldo, como su lector y luego traductor, me han enseñado mucho sobre mi propia trayectoria en la vida; espero que el lector, con Letters from the River en sus manos, pueda disfrutar de la experiencia de vislumbrar su propia vida entre los renglones, mientras evalúa la coherencia de mi representación de Haroldo Conti. Es evidente que cualquier error material o cualquier interpretación equivocada, es completamente mi responsabilidad.

 

“Cartas Contianas” - Revista Haroldo | 2
Jon Lindsay Miles en Chacabuco, Provincia de Buenos Aires, localidad donde nació Haroldo Conti. 
Fuente: lapostachacabuco.com

Y ahora, al sabor del libro.

Después de un breve preludio en forma de traducción convencional de una entrada del diario de viaje que Conti escribió en Tierra del Fuego el año anterior, Haroldo se dirige a Tito Bruzzone (persona de mucha sabiduría, pero poca educación formal):

Querido Tito:

 

            No lo creerías si alguien te dijera que el flaco Conti, tu vecino en la isla, está sentado frente su confiable máquina marca Royal para escribirte una carta a vos, Nene Bruzzone. No me acuerdo de haberte visto con una carta en la mano, salvo cuando Teresa te ha pedido pasarle una de las que ella recibe de un lado a otro de la mesa del comedor; pero escribir es lo que yo hago con más honestidad que cualquier otra cosa, y las normas de la amistad masculina no me permiten abrir la boca y contarte ciertas cosas. Y aunque llegara esta carta a tus manos, Teresa u otra tendría que leértela, o por lo menos, algunas de las palabras. Y en este caso, ¿en qué me quedaría yo? Estas páginas no son para los ojos de otros.

            No obstante, la mera posibilidad de que esto pasase, que alguien pudiese encontrar la carta y entregártela a vos, significa que estás, ahora mismo, oyéndome, y que luego de quince años de amistad yo no tendría que disculparme de nada. Pero no hay que preocuparse, parado bajo el umbral de la vieja casita de adobe al otro lado de los árboles; cuando yo llegue este fin de semana, hablaremos sólo de embarcaciones y pesca, como siempre, y los ayudaré a preparar la comida para cualquier barco que arribe a vuestro muelle.

            Hay una página del diario de viaje que escribí en las navidades en Tierra del Fuego también escrito, o dicho, a vos. Al volver, te contaba de la vida de los esquiladores, pero no el resto. Esperaba que las cosas acá se resolverían por sí mismas, tan lejos estaban, casi irreales, y que volvería a casa para encontrar todo aclarado y con las cosas de nuevo en su sitio. Los obstáculos me parecían pequeños e insignificantes en la belleza salvaje del sur. Pero otra vez en Buenos Aires, no fue así; todo estaba otra vez enorme e imposible.

            No te digo que no me afectó lo del último año, Tito. No me siento feliz de lo que ha pasado, no estoy “relajado” porque se acabó el matrimonio—palabras que duelen, Nene. Ni me siento aliviado al ver que todos están enterados. Y a la vez, sí estoy, desde luego, aliviado por la decisión. Ahora la separación llegará como algo inevitable. No más decisiones.

            Momento para un cigarrillo...

            Me fui otra vez al sur, a la Antártida. Estábamos a la deriva cerca de la isla de Dundee, llevados por un viento de 140 km que nos forzó a dejar en tierra un grupo -que nos cortó las amarras- con una lancha y una balsa. Perdimos toda idea del tiempo mientras navegamos en la cola de la tormenta, en un día eterno. Me quedaba acostado en la cucheta mirando por el ojo del buey, viendo los escombros y témpanos pasando como espectros. No dormía entre un día y otro, que fueron el mismo y único día porque el sol no se ponía sino que seguía tan brillante a las doce de la noche. El tiempo fue el interminable ruido de los motores.

            Me pregunto si vos conocés a este Conti. Soy hombre de los barcos, del río y de la pesca, de la buena comida, hablo con vos de estas cosas sin dificultad, pero no te comento de los libros, en los cuales soy yo mismo el barco, el río, los peces. El año pasado encallé, como hice más de una vez en otros años, pero nunca tan completamente como esta. Varado del todo. Me hacía falta ponerme de pie y vigilar el movimiento del agua, esperar un cambio de corriente, con la vara en la mano y la esperanza de que pudiera encontrar una manera para levantarme del médano.

            Estoy haciendo las valijas para ir a Cuba. Libros para leer. Voy elegido como miembro del jurado para el Premio Casa de las Américas. No sé por qué me nombraron porque debo ser el lector más lento en toda Argentina. Pero puede que me haga, que les haga a todos, algo de bien.

“Cartas Contianas” - Revista Haroldo | 3

Notas

[1] South-East y In Life, publicados por Editorial Immigrant Press. 2018.

[2] El último volumen de mis traducciones de la obra de Conti será una selección de sus cuentos. Su publicación está prevista para el año 2021.

[3] Findlay, Jean: Chasing Lost Time. The Life of C.K. Scott Moncrieff: Soldier, Spy, and Translator (New York: Farrar Strauss Giroux) 2015.

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