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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

23/05/2023

A 120 años de la inauguración de “Las Nereidas”, de Lola Mora

Estallar la piedra

Lola Mora fue la genial precursora de la escultura en Argentina. Mujer de una inteligencia sorprendente, dejó su maravillosa obra tallada en mármol y abrió el camino sobre el estudio de los hidrocarburos retenidos en los esquistos. El milagro de la piedra en sus manos.

“Lolamora”, todo junto, así firmaba Dolores Candelaria Mora Vega, nacida el 17 de noviembre de 1866/7 en Salta o Tucumán – la discusión está vigente-. Desde sus seis años dibujaba con excelencia, y ya joven, plasmó en carbonilla los retratos de veinte gobernadores tucumanos; esta fue su primera obra importante, aquella que le valió una beca para estudiar en Buenos Aires. Luego de dos años, José Evaristo Uriburu, que había inaugurado el Museo Nacional de Bellas Artes, le otorgó la beca que la llevaría a estudiar a Italia en 1897.

En Roma su maestro de escultura es Julio Monteverde, y desde ese momento, se perfeccionará en trabajar yeso, bronce, arcilla y mármol de carrara. Su personalidad decidida y su talento como artista la proveen de una nutrida vida social, que le permite abrirse camino en los grandes círculos del arte europeo.

Gana tres premios internacionales que consolidan su prestigio: el de la feria internacional de París con un autorretrato, el del monumento a la Reina Victoria de Melbourne – Australia -, y el del Zar Alejandro en Rusia. Estos últimos dos no llegan a concretarse porque Lolamora se niega a cambiar su nacionalidad, requisito exigido a los artistas que ejecutaban las obras.

Lola Mora posa en su taller provisorio ubicado en el Paseo de Julio, enero de 1903. Foto: Fondo Archivo General de la Nación.

Las noticias de los triunfos de Lolamora llegan a Argentina, en tiempos en que la Ciudad de Buenos Aires estaba diseñando su proyecto estético urbanístico. La propuesta era imitar el esplendor europeo de comienzos de 1900. El intendente Adolfo Jorge Bullrich le encargó a la artista la creación de una fuente con la intención de emplazarla en donde se encontraba la Pirámide de Mayo, pese a que no tenía la aprobación del Concejo Deliberante. Lolamora comenzó a trabajar en Roma junto a un equipo de tres escultores. 

Se sabe que el primer boceto de la fuente, no es el que finalmente Lolamora llevó a cabo, es decir, el de Las Nereidas. Si el lugar de emplazamiento iba a ser el sitio donde estaba la pirámide de mayo, entonces el tema de la obra tendría que ser acorde al espacio. Se ha escrito poco acerca del carácter culto y erudito de la artista, y es aquí donde vale señalar que pensó en una fuente – Roma le había otorgado gran formación sobre el tema, también por ser la ciudad de las fuentes – donde el protagonista fuera Nereo. La figura de una divinidad marina masculina, presente en muchas plazas italianas, se prestaría a lecturas cívicas apropiadas para la ubicación de la obra. Nereo era, según Hesíodo, “un dios sincero y veraz”, una descripción que se repite en diversos autores antiguos. Por lo tanto, era un personaje que se adecuaba a la importancia y significado de la Plaza porteña. Este proyecto temprano presentaba al dios Nereo, antigua divinidad marina, circundado por sus hijas, las nereidas. La composición piramidal era claramente deudora de la tradición de fuentes italianas donde la figura dominante es Neptuno, dios olímpico que reina sobre el mar. Sin embargo, el proyecto que finalmente prospera, es Las Nereidas, tal como la conocemos hoy. El tema de la fuente de Lolamora es Venus Anadiómena, es decir, Venus naciente surgiendo del mar. La maestría de nuestra artista logró transformar una obra plena de referencias clásicas en una exhibición feminista de mujeres triunfantes, a través de desvíos sutiles. 

En lo que refiere al arreglo de honorarios, se firmó un contrato entre la Intendencia y la escultora, para cubrir gastos de obra y emplazamiento. Su costo fue de 25.000 pesos moneda nacional, pagadero en tres cuotas. A principios de 1902 se supo que Bullrich no había consultado con el resto de la comisión, por lo tanto, no estaba aprobado el presupuesto y el pago de la obra. Las disputas en este sentido, se extendieron más de un año, incluso luego de la inauguración de Las Nereidas. El intendente fue acusado de abusar de sus facultades, pues la ley decía que podía disponer solo de 500 pesos para contratos sin consulta a la comisión. Bullrich argumentaba que el dinero del pago de la obra provenía de los fondos de la Nación, y que el Presidente Roca había autorizado ese movimiento. Al enterarse de esto, Lolamora intentó rescindir el contrato y hasta sugirió reintegrar el dinero que ya había recibido. Desde otros lugares del mundo le habían ofertado a la escultora la compra de Las Nereidas, entre ellas la ciudad de San Francisco, en Estados Unidos, que le ofrecía 150 mil francos. La obra seguía en Europa, casi terminada, y a Lolamora se le adeudaban 5 mil pesos.

Bullrich quiso vender la obra, frente a la presión de la Comisión que le exigía que pagase la obra con dinero propio. El estado de Minnesota le ofreció los 25 mil pesos que había otorgado él mismo. Mientras tanto, Lolamora esperaba que las autoridades argentinas se expidieran. Fue allí que el embajador argentino en Italia, junto a Roca, disuadieron a la artista aludiendo a su patriotismo, para que enviara la obra a Buenos Aires, tal como se había comprometido inicialmente. Fue así que llegó junto con su bello material en septiembre de 1902.

La Comisión de Obras Públicas, conformada por el pintor Ernesto De la Cárcova, Alberto Rodríguez Larreta y Eduardo de Estrada, fue la encargada de decidir si aprobaba o rechazaba la compra de Las Nereidas. Para el momento en que nuestra escultora necesitaba directivas sobre el emplazamiento y la ubicación, aún no habían decidido nada. La artista, ya agotada de los manejos políticos que afectaron su trabajo, renunció al erario que la Municipalidad le adeudaba, y lo hizo a través de una carta que se publicó en los diarios La Nación y El País el 24 de junio de 1903:

"El señor intendente se ha servido hacerme saber que ha promulgado la ordenanza de la H (Honorable) comisión municipal, que me acuerda diez mil pesos como compensación del trabajo artístico que me encomendó la municipalidad de la capital. 

Acepto con el mayor agradecimiento la idea, honrosa para mí (sic), de acordarme una compensación por la obra de arte y ruego al señor intendente se digne comunicarlo a la H. comisión, expresándole al mismo tiempo, que me es satisfactorio corresponder a esa resolución, renunciando, en favor del erario municipal a lo que me adeuda por los siguientes conceptos. 

Por el contrato que la intendencia celebró conmigo quedé obligada a entregar la fuente  S. E. el señor ministro argentino en Italia, por la cantidad de veinticinco mil pesos de curso legal. Cumplido ese compromiso, me trasladé a esta ciudad a pedido del intendente anterior, señor Bullrich, para dirigir personalmente la construcción de la fuente y traje dos operarios costeados por mí, que ya he hecho regresar a Italia. 

El trabajo ha demorado mucho más de lo necesario, por la lentitud de los procedimientos administrativos, como el señor intendente lo ha declarado en un decreto comunicado a la H comisión; de modo que él importa para mí un viaje de cerca de un año, con abandono de mi taller, que es mi único recurso de vida y con todos los gastos consiguientes de traslación y permanencia en esta capital, habiendo recibido para esto los mil doscientos pesos nacional, votados en diciembre por la H. comisión, expresando que se me entregasen por mi trabajo y el de mis ayudantes. 

Séame permitido, por esto, manifestar la persuasión de que no ha sido gravosa al erario municipal con el costo de la obra de arte, ni tampoco con los gastos y perjuicios que me ha requerido su erección en el Paseo de Julio.

Me es satisfactorio expresar al señor intendente mi agradecimiento por las atenciones que me ha dispensado durante el trabajo y tengo el honor de saludarlo con toda consideración. - Lola Mora."

Lola Mora junto a sus ayudantes trabajando en la fuente "Las Nereidas" en el taller provisorio instalado en el Paseo de Julio. Buenos Aires, 1903.
Foto: Fondo Archivo General de la Nación.

Las nereidas no son verdaderas sirenas

Las dilaciones para el montaje y el emplazamiento, no fueron el único descuido que padecieron Lola Mora y su obra – que esperaba ser armada, en un galpón sin techo -, apenas se dio a conocer el diseño, voces de protesta se alzaron en contra de su exhibición. Había quienes consideraban la obra una ostentación innecesaria, otros se escandalizaron porque Venus exhibía su corporalidad sin velos, y porque las Nereidas, no eran sirenas “reales” a las que las escamas les cubrían los glúteos: por el contrario, la escultora había dejado visibles parte de los muslos de morfología humana, y recién después, el tramo final de las piernas, con diseño de sirena, es decir, promediando la figura con su cola de pez. Con este escándalo sostenido, resultó imposible, que la primera fuente de mármol de carrara en la Ciudad de Buenos Aires fuera instalada a metros de la catedral metropolitana.

En una elocuente carta Lola Mora asumió la defensa de su obra con estas palabras:

“Cada uno ve en una obra de arte lo que de antemano está en su espíritu; el ángel o el demonio están siempre combatiendo en la mirada del hombre. Yo no he cruzado el océano con el objeto de ofender el pudor de mi pueblo (…) Lamento profundamente lo que está ocurriendo, pero no advierto en estas expresiones de repudio –llamémoslo de alguna manera- la voz pura y noble de este pueblo. Y esa es la que me interesaría oír; de él espero el postrer fallo.”

A pesar del apoyo de la prensa y la crítica, la fuente fue finalmente inaugurada el 21 de mayo de 1903 en el Paseo de Julio, en la intersección de las actuales Leandro N. Alem y Juan Domingo Perón. Allí permaneció engalanado el Paseo durante quince años; en 1918, fue trasladada a su actual ubicación en Costanera Sur y declarada Bien histórico en 1997.

En 1905 Lola Mora  vuelve a Argentina para cumplir con las obras a realizar para el Congreso de la Nación. Instala su taller y vive en el Congreso trabajando sin descanso. Allí realiza las alegorías de la libertad, la justicia, y la paz, junto a las del trabajo y el comercio, escoltadas por dos rugientes leones.

Las controversias políticas de las primeras décadas del siglo XX afectaron su vida profesional y, en 1921, las obras que había realizado para el Congreso Nacional fueron retiradas. 

Detalle Fuente Monumental Las Nereidas.

Piedra y camino

La piedra seguiría estallando en la vida de Lolamora frente a su genialidad y su fuerza, esta vez, cuando regresa a Salta, con la convicción de que el suelo de esa tierra guardaba riquezas inexploradas. Se instala en una finca en Rosario de la Frontera donde su idea era investigar sobre el aprovechamiento de hidrocarburos entrampados en las rocas sedimentarias.

Construyó hornos para extraer petróleo y aceites lubricantes, todo su trabajo de investigación y de laboratorio, quedó volcado en un escrito que llamó "Combustibles (Problemas resueltos)". En él reflexiona sobre política energética nacional y dice proféticamente: "Nuestras montañas están repletas de minerales, que en el subsuelo de la república toda entera, se hallan entrelazados los yacimientos de combustibles y que, con estas riquezas, no sólo podemos cubrir nuestras necesidades, sino alimentar las industrias del orbe". Luego plantea la necesidad de no trabajar en bruto el esquisto, sino de darle valor agregado. Discute las ventajas del esquisto sobre el petróleo de pozo y hace un estudio global sobre los esquistos bituminosos en general, especialmente su distribución en las montañas de Argentina. Luego apunta que: "Todo está previsto por la naturaleza y dispuesto para la conservación del hombre; entonces es al hombre, que toca encontrar con sus estudios y dedicación, las grandezas que encierra la naturaleza e insistiendo sin desfallecer, seguiremos a tientas la existencia de algo más grande". Y se confiesa diciendo: "Siento en mi laboratorio, entre mis aceites minerales, la misma emoción que sentía en mi taller de escultora..."  

En el pasado, casi exiliada se alejó del mármol, pero el amor por la piedra y la patria la regresaron a su tierra para una vez más, adelantarse a su tiempo. 

Gabriela Elena

Licenciada en Actuación del Departamento de Artes Dramáticas de la UNA (Universidad Nacional de las Artes de Buenos Aires). Es música, cantante, autora y compositora. Escribe guiones de TV, y trabaja en el área de Estudios de memoria y Proyectos Culturales del C.C de la Memoria Haroldo Conti.

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