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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

23/11/2021

Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino

Todos los noviembres nos llevan a Palestina

El 29 de noviembre de 1947 tuvo lugar la Nakba (catástrofe) y 30 años más tarde ese día fue declarado por la ONU como el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Desde 2012 Palestina es un Estado Observador no Miembro del organismo. Se trata de “un pueblo cuya fuerza nace de la legalidad y legitimidad de sus derechos, en donde la solidaridad internacional por su justa causa se manifiesta cotidianamente a nivel global, lo que transforma también a su lucha en un verdadero faro donde los postergados encuentran una luz, una referencia para persistir”, afirma Husni Abdel Wahed, Embajador del Estado de palestina en la República Argentina.

Pareciera que el calendario se hubiera confabulado para aglutinar en un mes, algunas de las fechas más relevantes en la recordación de un pueblo en particular: el Pueblo de Palestina. Como si la memoria colectiva de los pueblos del mundo que aman la libertad y la justicia recibieran cada año una cascada de recordatorios sobre acontecimientos históricos imposibles de soslayar, desde el origen del despojo, hasta la ocupación de nuestros días.

29 de noviembre de 1947. El inicio de todo

Ese día, en un acto de triste recordación para nuestro pueblo, la Asamblea General de la recién creada Organización de las Naciones Unidas, aprobaba la partición del territorio de la Palestina histórica mediante la Resolución 181, otorgando más de la mitad del territorio para la creación del Estado de Israel, y por ende, casi el 44% a la población árabe-palestina, colocando a la ciudad de Jerusalén bajo un régimen de administración internacional.

Pasando por encima de la realidad demográfica de Palestina en ese momento y omitiendo cualquier tipo de consulta al pueblo originario que allí habitaba, se impuso la creación del Estado de Israel, dando comienzo a lo que se denomina Al Nakba (la Catástrofe), que no es otra cosa que un largo proceso de expulsión, desposesión, confiscación, el asesinato de quienes osaron resistir y de muchos que no lo hicieron, básicamente ancianos, mujeres y niños y el exilio forzado de casi 800 mil ciudadanos palestinos, en momentos en que en esa tierra la población alcanzaba casi 1 millón 200 mil habitantes y que buscaron refugio en otras partes de su propio territorio o huyeron hacia las fronteras de los países vecinos para transformarse en refugiados, los que hoy, sobreviven en campamentos creados a tal fin. Es decir, la Nakba fue la base y la raíz inicial de un proceso de limpieza étnica impiadoso, continuo y permanente, que tuvo sus picos entre 1947 y 1948, pero que siguió luego de la guerra de los seis días y que continúa hasta el presente, de manera solapada e impúdica, a ojos vista de quienes en esencia, crearon una profunda injusticia y que a la fecha han sido incapaces de resolver.

Es decir, fue la puesta en práctica de una de las premisas esenciales del ideario sionista, que consiste en obtener “el máximo de tierra posible con la menor cantidad de habitantes originarios posible”. Y para ello tampoco escatimaron en conseguir sus objetivos en base a políticas de terror, muerte y amedrentamiento, puesto que quienes llevaron adelante estos procesos, fueron verdaderas bandas terroristas como la Haganah, Irgun o Stern, entre otras, y cuyos líderes terminaron en algunos casos, ocupando el cargo de Primer Ministro del Estado de Israel, la más alta magistratura en ese país, casi como un premio o un reconocimiento a sus habilidades para expulsar o asesinar civiles para “despejar la tierra” de población originaria para entregársela a los inmigrantes europeos en un gigantesco operativo de colonización de territorio. Como demostración palmaria de esto, el propio y actual Primer Ministro israelí afirmo: “He matado a muchos árabes, y no veo nada malo en ello”, otorgando a un hecho de por sí aberrante, una pátina de normalidad y de habitualidad ante la que muchos países han perdido su capacidad de asombro.

Foto de archivo del 1 de enero de 1948 de un grupo de refugiados palestinos esperando el transporte para proseguir el viaje tras haber cruzado la frontera. Foto: Archivo ONU.

La ONU declara el 29 noviembre de como el Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino

Como una especie de reconocimiento ante tanta injusticia, la Asamblea General de Naciones Unidas, mediante la Resolución 32/40, del 12 de diciembre de 1977 consagró la conmemoración anual del Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino, recayendo dicha efeméride el mismo día en que se aprobó la resolución 181, es decir, el 29 de noviembre de 1947, o sea, 30 años antes.

Esta fecha, una de las más importantes en la historiografía palestina, representa un recordatorio permanente para el mundo de aquello que no ha sido solucionado, una evocación de que existe mucho sufrimiento y muchas heridas en un pueblo que aún la comunidad internacional no ha logrado cerrar ni sanar. Que existen promesas y derechos incumplidos para el pueblo palestino. Y si bien el recordatorio de esta deuda histórica por sí sola no es suficiente para cambiar un ápice la situación colonial en el terreno, es el momento para las mayores manifestaciones y expresiones de solidaridad y hermandad para con quienes padecen ya por demasiado tiempo, el oprobio, la falta de libertad, la arbitrariedad y el incumplimiento sin pausa de todas las leyes y normas que rigen las relaciones entre los estados y los convenios y convenciones que regulan incluso el uso de la fuerza, que prohíben de manera expresa los procesos de colonización de territorios ajenos y, sobre todo, denuncian como un crimen de guerra lo que el IV Convenio de Ginebra, de 1949, denomina como “transferencia de población”. Esto es, la expulsión o el desplazamiento de población autóctona que es reemplazada por población que es una parte de la potencia ocupante con todo lo que ello conlleva: la apropiación ilegal de viviendas, tierras de cultivo y bienes del desplazado y que se traduce además en la falta absoluta de una compensación por el daño causado; es decir; hablamos de un robo liso y llano. Ese delito que en cualquier país normal es punible y objeto de sanción, pero que en Palestina es promovido, financiado y avalado por el propio poder político y militar de la potencia ocupante, el Estado de Israel.

Y es allí precisamente donde radica la importancia del 29 de noviembre instituido por la ONU como Día Internacional de Solidaridad con el Pueblo Palestino. Que el mundo entero recuerde y denuncie en esa jornada –tal como lo hace sin dudas- que los poderes de la comunidad internacional está en falta, que han incumplido y han dejado a la deriva a un pueblo tan digno como el que más, cuyos anhelos de autodeterminación, justicia y libertad son equiparables a todos los pueblos de nuestro planeta para ejercerlos en su propia tierra, en aquella que la propia ONU le asignó un 29 de noviembre de 1947, más allá de que a través de acuerdos posteriores, Palestina haya aceptado la construcción de su estado en el 22% de lo que era su territorio original, antes de la denominada “Partición de Palestina”, esto es la Ribera Occidental (Cisjordania incluida la parte oriental de Jerusalén) y la Franja de Gaza.

Pero la historia sigue su curso, y es en este devenir que Palestina paso a paso va instalando sus propios logros en el concierto de las naciones.

Se busca atraer la atención internacional hacia la situación palestina, de modo que en base a la cooperación puedan restituirse los derechos a quienes viven en ese sitio y se garantice una vida de calidad. Fuente: https://www.elsiglodetorreon.com.mx

29 de noviembre de 2012: la Asamblea General acepta a Palestina como Estado no miembro de la ONU

Fue en esa fecha que la Asamblea general de la ONU a través de la Resolución  67/19 y por una abrumadora mayoría aceptó a Palestina como Estado Observador no Miembro del organismo, en una votación que obtuvo apenas 8 votos en contra. Era la manera de llevar un poco más de justicia a una causa y a un pueblo demasiado tiempo postergado.

“El documento, copatrocinado por unos 60 países, se pronuncia a favor de los derechos inalienables del pueblo palestino y pugna por el fin de la ocupación iniciada en 1967 y por un Estado palestino independiente, soberano, democrático y contiguo con las fronteras definidas antes de 1967. Del mismo modo, se manifiesta por la llamada solución de dos Estados conviviendo en condiciones de paz y seguridad para el conflicto palestino-israelí y urge a reanudar y acelerar las negociaciones del proceso de paz para Medio Oriente.

La resolución también expresa esperanza de que el Consejo de Seguridad considere favorable la solicitud presentada el 23 de septiembre de 2011 por Palestina para su admisión a la ONU como Estado de pleno derecho” (Fuente: ONU)

Pero tal como era de esperarse, el Consejo de Seguridad y para la tranquilidad casi permanente de Israel en materias que lo atañen, no aprobó la propuesta gracias a la presión poderosa facultativa y privativa de uno de los países miembros permanentes del mismo (Estados Unidos de América).

Pero tal como nos dice nuestro poeta nacional, Mahmoud Darwish, “Palestina era y sigue siendo”.

Ciudadanas y ciudadanos palestinos reclaman por haber sido expulsados de un barrio en Jerusalén por civiles apoyados por las fuerzas armadas israelíes. 2021 Foto: palestinalibre.org. Fuente: https://www.cels.org.ar

Palestina sigue siendo un pueblo que resiste, un pueblo que lucha y que mantiene intacto su amor y apego a la tierra y a la humanidad. Un pueblo cuya fuerza nace de la legalidad y legitimidad de sus derechos, en donde la solidaridad internacional por su justa causa se manifiesta cotidianamente a nivel global, lo que transforma también a su lucha en un verdadero faro donde los postergados encuentran una luz, una referencia para persistir. Los pueblos del mundo se ponen del lado de la justicia en manifestaciones permanentes de solidaridad, afrontando campañas, impulsándolas entre los trabajadores y estudiantes, entre los profesionales, en los claustros universitarios y en todo lugar y ámbito donde pueda esparcirse la semilla que se haga carne en la solidaridad, para seguir visibilizando y denunciando la tarea pendiente que es Palestina para la humanidad. Palestina es una víctima pero no vive de la victimización ni especula con ella, sino, se sostiene en la profunda conciencia colectiva que otorga el ansia de justicia, el amor profundo por las raíces y la inconmensurable solidaridad y hermandad de los pueblos del mundo. Repito las palabras del poeta: “Palestina era y sigue siendo”.

Husni Abdel Wahed

Embajador del Estado de palestina en la República Argentina.

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