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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

23/11/2021

A 95 años de su nacimiento

El largo camino de Lili Massaferro

Una noche de diciembre de 1971 Lili Massaferro cenó de casualidad con Paco Urondo y a partir de ese momento se incorporó a las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Lili, de 45 años en ese momento, estaba atravesando el duelo por el asesinato de su hijo mayor Manolo Belloni por la policía. Había trabajado como productora de Alejandro Romay y Daniel Tinayre, pero a inicios de la década de 1970 abandonó ese mundo y se metió de lleno en la militancia política. Armó la agrupación Evita, rama de mujeres de la Tendencia Revolucionaria Peronista, que se presentó en sociedad con un acto masivo en el Luna Park. La amistad con Paco se transformó en una relación de pareja que se cortó cuando él se enamoró de Alicia Raboy. En tanto, Lili partió al exilio en 1975 y volvió al país en 1988. Ya en la Argentina, Eduardo Jozami y Lila Pastoriza la invitaron a integrar una lista del Frente Grande. Jozami la definió como “una compañera que perdió mucho en ese camino pero que se mantiene fiel a sí misma”.

Una noche de diciembre de 1971, antes de convertirse en Pepa, Lili Massaferro estaba parada en la esquina de Av. De Mayo y San José pensando a dónde ir. A los 45 años recién cumplidos una insatisfacción enorme se adueñó de ella. Quería hacer un cambio en su vida, una vez más, pero no sabía qué ni cómo.

Estaba cansada después de varias horas de reunión con familiares de víctimas de la represión y no tenía ganas de volver a su casa, donde la esperaba su esposo Marcelo Laferrere. Tenía rabia. Meses atrás, su hijo mayor, Manuel Manolo Belloni, y Diego Frondizi, ambos militantes del peronismo revolucionario, habían sido asesinados a quemarropa por la policía.

De pronto, desde un Fiat 600 alguien la saludó. Era Paco Urondo, un antiguo amigo y compañero de la facultad de Letras que en ese entonces era un prestigioso poeta y periodista del diario La Opinión.

—¿Qué hacés, Lili, me estabas esperando? Vení, tenés cara de necesitar una buena comida.

Ella aceptó la invitación y fueron al antiguo restaurante El Globo, en la av. Hipolito Yrigoyen, en busca de comida española.

Paco era robusto, de pelo negro y sonrisa seductora. Lili tenía pelo lacio y rubio que le llegaba hasta los hombros. En su cuerpo se notaban las marcas de los años, pero no era tan distinta a la Lili Gacel que actuó en algunas películas de Leopoldo Torre Nilsson y generó furor como modelo en una publicidad de los cigarrillos Arizona. Seguía siendo flaca y tenía unos pómulos marcados que le daban una belleza escandinava particular.

Paco fue el que más habló aquella noche. Le gustaba compartir una buena comida y una buena charla. Además quería animar a Lili. Ella escuchó, cruzó algunas palabras pero el fastidio que llevaba encima era indisimulable. Paco se dio cuenta.

—¿Cómo estás Lili?

—¿Querés saber cómo estoy? Estoy podrida, me parece que somos unos viejos al pedo que no hacemos nada más que hablar.

—Hablá por vos— dijo Paco y sonrió.

Lili lo miró impaciente.

—Yo escribo, vos denuncias la represión y el asesinato de tu hijo. Las cosas van a cambiar—le aseguró Paco y le mostró un poema suyo.

Lili se enojó y le respondió indignada. Para calmarla, Paco le hizo una confesión.

—No sólo escribo poesías, también milito en las FAR.

***

Días después se reencontraron y Lili, decidida, le dijo que quería entrar en las Fuerzas Armadas Revolucionarias (FAR). Paco la frenó. No era algo fácil, pero podía empezar a colaborar, le ofreció.

—Mirá, hijo de puta: me estuviste mintiendo hasta hoy, ocultándome la verdad, sabías que estaba desesperada, que necesitaba de los compañeros y no dijiste nada. Si ahora se te ocurre insinuar que no tengo capacidad para militar, la patada en los huevos que te doy te la vas a acordar para toda la vida.

***

Maternidad. Lili a los veinte años con sus primeros dos hijos: Manolo y Liliana. 1949. Fuente: "Buscada. Lili Massaferro: de los dorados años cincuenta a la militancia montonera"

Lili comenzó a reunirse periódicamente con Paco Urondo en el verano de 1972 y prestó un campo de su marido para prácticas de tiro. Al poco tiempo se ganó la confianza de lxs compañerxs de las FAR y eso la habilitó a militar en un barrio. A partir de ahí tuvo que elegir un nuevo nombre como medida de seguridad. Se convirtió en Pepa.

Atrás quedó su trabajo como productora de televisión y espectáculos para figuras de la talla de Alejandro Romay y Daniel Tinayre. Rápidamente ese mundo chocó con su militancia.

Detrás de cámara. Lili asiste a los rodajes de filmación como productora de cine. Corre la década del ´60. Fuente: "Buscada. Lili Massaferro: de los dorados años cincuenta a la militancia montonera"

Antes de saber que Paco estaba en las FAR, tuvo un entredicho con Mirtha Legrand. Lili era la responsable de organizar una conferencia de prensa para el show Hair donde no asistieron muchos periodistas. La Chiqui le reprochó el “fracaso” a grito pelado. Lili le respondió furiosa: «hace unos días murió mi hijo y ahora está por morir mi padre, no tengo ánimo de aguantar esa voz de cacatúa que ponés».

Daniel Tinayre sujetó el brazo de Lili y le dijo: «¿Qué hacés acá? Hoy hay un acto de homenaje a tu hijo en la facultad de Filosofía, andate para allá».

En el acto se expresó desde las entrañas, conmovida. «Vengo aquí a hablarles como una madre, una madre que perdió a su hijo pero está orgullosa de él y de Diego». El aula magna estaba colmada por jóvenes que cantaban y aplaudían. «Como madre quiero hablarles, no se queden solos, hablen con sus viejos, no los dejen de lado, nosotros vamos a estar siempre, los vamos a acompañar, porque la lucha de ustedes es la nuestra. Hasta la victoria siempre».

Barricada. Sobre el escenario Lili Masaferro denuncia el asesinato de su hijo al cumplirse un aniversario de su muerte. Empiezan los ´70. Fuente: "Buscada. Lili Massaferro: de los dorados años cincuenta a la militancia montonera".

***

Estaba poco en la casona de la calle Conesa, en Nuñez, que construyó su papá Eduardo Massaferro en la década de 1930. A comienzos de los 70 vivía allí con Marcelo Laferrere y sus dos hijos pequeños, Marcelo y Roberto. Aquel fue su segundo matrimonio, después de la breve experiencia que tuvo con Manuel Belloni (se divorciaron durante el primer gobierno peronista), de la cual nacieron Manolo y Liliana.

Su vida con Laferrere fue un buen tiempo, después del difícil mundo del cine, pero el asesinato de Manolo cambió todo.

Ya no le interesaron los artistas y periodistas que frecuentaba con su esposo (había trabajado en diarios y radios). Ella se había convertido en la madre de un combatiente fusilado y lo que más le importaba era la política.

Una vez le avisó a su esposo que estaba participando de un grupo parecido al de Manolo y, si la cosa se ponía pesada, iba a tener que dejar la casa. Él le respondió que hiciera lo que quisiera pero le advirtió: «a nosotros no nos dejás, esta es tu familia».

Una noche, al llegar a la casona de Conesa, le comunicó una decisión que había madurado largo rato.

—Me voy, Marcelo, es lo más lógico. Los tiempos están difíciles y se vienen cosas peores, no voy a permitir que ningún milico hijo de puta venga a casa a buscarme y les haga mal; voy a decir ante cualquiera que ya nada tenemos que ver, sé que no es fácil ni para vos, ni para mí, ni para los chicos, pero es lo más sensato que podemos hacer.

Esa vez Marcelo no la detuvo. El dolor era muy grande, pero sabía que era inevitable. Sólo atinó a decir.

—Los chicos quedan conmigo y sólo yo seré responsable de sus vidas, no me interesa nada de lo que hagas, no quiero saberlo, estás loca y no voy a permitir que nos arrastres en tu locura.

***

Lili, ya convertida en Pepa, se comprometió a fondo con la militancia. Pasaba horas enteras en las barriadas. Lo hacía con alegría; aunque veía poco a sus hijos más pequeños. Hubo épocas que los visitaba por la mañana y les hacía el desayuno. En otras desaparecía. Era difícil, pero no había opción. El regreso del peronismo al poder era inminente y la revolución se sentía tan cerca que se podía saborear.

Esos sueños y la adrenalina del riesgo seguramente ayudaron para que naciera el amor con Paco Urondo. Su esposo quedó atrás, en otra vida, cuando era sólo Lili.

Aquellos tiempos fueron quizás los más intensos y vitales de su historia. Era un torbellino organizando, polemizando, riéndose. Todo tenía el plus de militar con jóvenes codo a codo, parecidos a Manolo. De alguna manera, era una forma de sentirlo cerca.

Sufrió la cárcel en febrero de 1973, un mes antes de las elecciones presidenciales que ganó el Frejuli. Se encontraba en una quinta junto a Paco y otros compañeros y compañeras de militancia. De pronto apareció la policía, allanó el lugar y encontró un arsenal oculto dentro de un ropero. A los pocos días fue liberada. Sus abogados eran Rodolfo Ortega Peña y Eduardo Luis Duhalde. Paco y otros debieron esperar a la amnistía que decretó el presidente Héctor Campora, El Tío, el 25 de mayo de 1973. 

Quizás el momento más luminoso de su militancia fue la presentación de la Agrupación Evita en el Luna Park. Existía todo tipo de corrientes, agrupaciones y ramas de sectores políticos y sociales dentro de la Tendencia Revolucionaria Peronista, pero faltaba uno que representará a las mujeres. La idea fue de Lili. En dos meses organizaron todo.

El día de la presentación Lili salió al escenario con una rosa en la mano «para todas las madres que perdimos hijos en manos de la dictadura». 

Dentro y fuera del estadio (había dos cuadras de cola en la calle) las militantes cantaban con tal fuerza que parecían llevarse el mundo por delante. Cuando se enteró de la cantidad de asistentes, Lili rió a carcajadas.

—Compañeras, me dicen que el Luna Park nos quedó chico. Y nos decían que estábamos locas, que la Agrupación Evita no se merecía el Luna Park, pero aquí estamos, y les demostramos que las mujeres, como siempre, con nuestra polenta y nuestras ganas, vamos a cambiar el país.

***

Un día de 1978, Roberto, uno de los hijos de Lili, fue a tomarse el colectivo 63 para ir a la escuela. Tenía 12 años. En la parada vio un cartel con la foto de su mamá y una palabra: BUSCADA. La dictadura tenía abierta una causa judicial en su contra.

¿Qué pasó entre el acto del Luna Park y ese cartel solitario que parecía salido de una película de western? Pasó la muerte y la desilusión; Ezeiza y el regreso definitivo de Perón que terminó en una emboscada organizada por López Rega y la derecha peronista. Pasó el fallecimiento del General el 1 de julio de 1974, el dolor de millones y el desenfreno asesino de la Triple A.

En medio de las mil cosas que pasaron en los años más largos de la historia argentina, Lili se enteró que Paco Urondo se había enamorado de otra mujer, Alicia Raboy. Fue un golpe muy duro. Fue sumar más dolor al dolor. La bronca que sintió fue tan grande que terminó denunciando a Paco ante Montoneros. «¡Lindo hombre nuevo estamos haciendo! ¿Para qué? ¿Para que tenga las mismas hipocresías?», le recriminó a su responsable, Julio Roqué. El caso se discutió, Paco fue sancionado y bajó varios rangos en la organización.

Luego de eso, Paco y Lili se encontraron, recriminaron mutuamente y, cuando bajó la espuma, recuperaron la amistad. En definitiva, eran tiempos extremos no aptos para moralinas burguesas. Además la historia de Paco y Alicia creció hasta tener una hija juntos, Ángela, que apenas pudieron disfrutar durante 11 meses. En junio de 1976 ambos fueron víctimas de la dictadura. Estaban en Mendoza, por orden de Montoneros. Paco murió por una pastilla de cianuro que tomó para evitar que lo atraparan con vida. Alicia fue secuestrada y desaparecida.

Exilio. En su puesto de venta callejera de Plaza Goya, Madrid, 1984. Tiene cincuenta y ocho años. Fuente: "Buscada. Lili Massaferro: de los dorados años cincuenta a la militancia montonera"

Cuando se dio el Golpe de Estado del 24 de marzo de 1976, Lili se encontraba en el viejo continente y allí se quedó, exiliada. Un año atrás, ya con Montoneros en la clandestinidad, Lili y Juan Gelman (en ese momento pareja) viajaron a Italia, por orden de la organización, para hacer contactos internacionales y denunciar a la Triple A. Terminó siendo una militante clave en la Comisión Argentina de Derechos Humanos (CADHU), unas de las primeras en organizar la denuncia internacional contra la dictadura. Junto a Eduardo Luis Duhalde, Rodolfo Mattarollo y tantos otros y otras, recorrió Europa de arriba a abajo para difundir lo que estaba pasando y salvar todas las vidas posibles.

Lili se fue de Montoneros por diferencias con la conducción y subsistió como pudo, vendiendo en la calle y alojándose en lugares baratos. Eso no le impidió ayudar a todas las personas exiliadas que necesitaban una mano. Les dio un lugar donde dormir y las escuchó con cariño, sin importar las diferencias políticas que podrían haber tenido en el pasado.

***

Volvió a la Argentina en marzo de 1988. En Ezeiza la recibieron su hija Liliana y su familia, y su abogado y amigo Eduardo Luis Duhalde. Lo primero que hicieron fue ir a Tribunales para firmar la caducidad de los cargos que la dictadura había presentado contra ella. Después pidió tomar un café con leche y comer medialunas. Habían pasado trece años desde la última vez que pisó un café porteño. El exilio se resumió en esos sabores.

El regreso fue lo que pudo ser. La política, las personas y las calles ya no eran las mismas. Muchas ausencias, mucha frivolidad. Aunque hubo reencuentros con amigos y amigas entrañables. 

Después de un tiempo decidió mudarse a un campo de Marcelo Laferrere, con quien se reencontró en el exilio. Prefirió la calma de las plantas y los animales al chillido del consumismo urbano. Allí murió el 26 de abril de 2001.

En vida recibió un solo reconocimiento público. Invitada por Eduardo Jozami y Lila Pastoriza participó, como independiente, de una lista interna del Frente Grande.

El día de la presentación, en el Café Tortoni, Jozami pidió un aplauso especial para Lili. La definió como «una compañera que perdió mucho en ese camino pero que se mantiene fiel a sí misma».

Los saltos al vacío, los sacrificios, los sueños, el dolor, los amores y la lucha se resumieron de pronto en quince palabras. Fue una revelación inesperada, pensó Lili, y luego sonrió[1]

 

Gonzalo Magliano

Es periodista y licenciado en Comunicación Social (UBA). Escribe en diferentes medios, hace radio, y desde 2009 trabaja en la promoción de los derechos humanos en diferentes instituciones públicas.

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Notas

[1] La mayoría de la información utilizada en esta nota surge del libro "Buscada. Lili Massaferro: de los dorados años cincuenta a la militancia montonera" (Ed. Norma) de Laura Giussani. También se consultaron notas periodísticas en periódicos digitales.

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