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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

14/11/2021

Cimarrones al futuro. Para una historia estructural de la migración haitiana

Migración y exilios, ligados a las violaciones de los derechos humanos a lo largo de la historia de Haití, imbrican la memoria y el arte haitianos, en su territorio y en el de los lugares de destierro. A partir de experiencias de migrantes haitianos estudiantes en la Universidad Nacional de Rosario, la autora reflexiona sobre la historia de Haití, los trayectos migratorios personales y la tensión existente en nuestro país entre políticas migratorias abiertas y de rechazo al migrante.

Y esta desesperación sin igual
Por domesticar con palabras de Francia
Este corazón que me vino del Senegal?
 “Trahison” de León Laleau (1931)

 

Departamento de Nord-Ouest: Mole St. Nicole, lugar de llegada de los españoles en 1492. Jean Rabel, ciudad rural, muy rica, donde varias crisis y sequías arrojaron a una generación de migrantes hacia Bahamas, Estados Unidos y otras zonas del país como Port De Paix. En el sur, la gente migró hacia Martinica o Guyana Francesa.

Cimarrón se llamó al hombre negro o indígena que se fuga del dominio del amo durante la esclavitud; sinónimo de salvaje o silvestre, también se aplica a animales o a plantas. La migración está ligada a las violaciones de los derechos humanos a lo largo de la historia de Haití; por lo menos desde la llegada de los europeos hasta el presente. Migración y exilios imbrican la memoria y el arte haitianos, en su territorio y en el de los lugares de destierro. Sus revoluciones, negocios y obras han tenido dimensión transnacional: fueron construidos desde otros países, condicionaron sus narrativas y las de la humanidad.

La población africana esclavizada fue el negocio más importante durante siglos y este estigma está enraizado en la sociedad haitiana, de manera tal que, a veces, atraviesa la construcción de la identidad, el auto reconocimiento y el amor propio. Haití aún no ha procesado la esclavitud. El ejército de mano de obra trasladada forzosamente desde África, garantizó, junto a otros productos coloniales, el fondo de acumulación clave para el surgimiento del capitalismo europeo y americano. Ocasionó, además, un daño no reparado sino reproducido con las prácticas de coloniaje en la actualidad, en las que la población migrante es un actor esencial.

Haití ha luchado contra las colonias desde antes de su independencia, en 1804, la primera de América que surge como lucha contra la esclavitud y que erige al primer mandatario negro. A lo largo de todo el siglo XIX Europa se ha resistido a dejar el vasallaje y la extracción de riquezas de ese territorio. La externalización de la frontera artificial entre España y Francia, construida en la isla para separar los dominios sobre la mercancía humana, tiene sus consecuencias migratorias hasta hoy. El haitiano es rechazado en República Dominicana, fue masacrado en el pasado, los hijos nacidos en ese territorio son considerados apátridas. Las novelas de la joven generación de los años 30 y la filmografía zombi haitianas relatan esa historia.

En 1915 Estados Unidos invadió Haití, como hizo desde el siglo XIX sobre el norte y el centro de América, y eso ocasionó una partida al exilio de militantes, intelectuales y trabajadores. Esa historia discontinuada, ausente en la memoria y los medios masivos, fue escrita por importantes teóricos como Suzy Castor, Alain Rouquié, Tulio Halperín Donghi. La joven “generación de la ocupación”, escritores haitianos desterrados como Jean Price Mars, precursor del movimiento de la negritud; Jacques Stéphen Alexis, Jacques Roumain, escribieron sobre la migración, el exilio, el racismo, aunque son desconocidos en el campo de estudios de las migraciones. Haití es presentado en los mass media como el país más pobre de América, sin razones ni responsables, sin contexto ni historia.

El terremoto del 2010 fue una tragedia que azuzó su presencia en la agenda pública internacional en ese rol subordinado. Hoy se expulsa a haitianos desde Estados Unidos y México, quiénes atravesaron una odisea para llegar a esos destinos y gastaron ahorros familiares en viajes peligrosos. Trabajadores, mujeres, profesionales toman ese riesgo para acceder a un futuro. Porque Haití es neo colonizada permanentemente: españoles, franceses, norteamericanos, capitales salvajes, organizaciones internacionales y ONGs humanitarias deciden sobre ese territorio que araña soberanía a cuentagotas. El relato de un médico recién recibido que vendió su auto nuevo para pagar ese viaje: Argentina, Chile, Bolivia, Colombia por tierra; vuelo a Norteamérica, rechazo en frontera y expulsión a Haití. Irse a buscar un futuro para volver y correr riesgo de vida; la paradoja que atravesó J.S. Alexis, el escritor militante que, al retornar del exilio, es desaparecido.

Jacques Stéphen Alexis, militante y escritor, uno de los muchos exiliados que contribuyeron a la historia y al arte haitiano y antiimperialista, desaparecido al retornar a Haití.

Jean Rabel, ciudad de emigración, de campo, vacas y cabritos. Fue un lugar muy rico, hasta que la crisis y la sequía pasados los 2000 expulsaron a muchos hacia otras zonas del país o hacia el exterior, como Bahamas y Estados Unidos. Muchas haciendas están abandonadas hoy.

 

Elogio de lo individual como micro racismo

En estos días se difundió en la prensa la obtención del título de politólogo de un joven de nacionalidad haitiana en la Universidad Nacional de Rosario. Las notas enfatizan su superación, su origen y exhiben su color. Presentar un caso de un migrante haitiano que, como fruto de la lógica del esfuerzo personal, cargado de valor real pero puesto fuera del contexto personal, familiar, social e histórico, es un micro racismo. Es valorar lo individual, escindido de lo colectivo. Olvida la realidad de esa lógica de simultaneidad de la migración transnacional; dos o más espacios en interacción, que pueden ser Haití, -el campo y la ciudad-, Estados Unidos, Francia, Canadá, Argentina, Rosario y todos lo que ocultan esos pliegues como circunstancias constructoras de los trayectos migratorios.

La soledad del estudiante durante la carrera, el racismo, forman parte del trayecto migrante: “durante años, nadie me hablaba en la facultad”, relata el graduado mostrando la debilidad de políticas migratorias en la educación. Pero ese no es el único migrante haitiano profesional en Argentina o en el mundo. Hay un conjunto de más de veinte médicos y enfermeros graduados y en proceso de graduación, no solo en la UNR, sino en varias universidades de Argentina; muchos fueron personal esencial durante la pandemia. Resaltar la migración como excepción y la titulación como logro meritorio individual contiene una carga discriminatoria. La migración es un evento más en el curso de vida de las personas, si bien es el mayor acto de socialización política, existe desde que somos especie humana. La migración es la reproducción cotidiana de existencia, simplemente en otro espacio diferente al que se venía habitando.

Caribe en Rosario

Rosario es la ciudad que cobija la mayor cantidad de haitianos en Argentina, entre 3000 a 3500 personas; fruto quizá de la existencia de una red migratoria desplegada por la solidaridad entre estudiantes haitianos y argentinos en la coyuntura del terremoto del 2010. Muchos se empobrecieron en pandemia, otros se fueron, probando suerte en destinos más prósperos. En ese período hubo varias muertes, algunas por accidentes. Hay fracasos en las carreras universitarias, como todos los estudiantes, y hay éxitos en los negocios. La universidad arroja estadísticas de 241 estudiantes de origen haitiano al año 2020, de un total de 6.999 estudiantes migrantes entre sus más de 100.000 alumnos. La ciudad tiene pocas políticas de migración, una Fiesta Nacional de Colectividades, que resulta identitaria y, que, no ausente de conflictos, invita a los nuevos colectivos migrantes, como la Asociación Civil Haitiana, a ser parte desde hace varios años. La demora en los trámites, la discriminación, la falta de trabajo y el idioma son algunos de sus obstáculos, pero se puede decir que es una colectividad más entre las recientes construyendo la sociedad de Rosario.

Migración estructural, racismo y colonia

Los trayectos migratorios personales cargan con el valor acumulado de las generaciones que se fueron a Bahamas, República Dominicana, Jamaica, Panamá, Estados Unidos y Cuba; de los que fueron traídos de África; y de los cimarrones que huían de sus amos hacia el monte. La diáspora de un millón de personas incide sobre Haití y otros lugares simultáneamente. El valor de las biografías migrantes está en los que son maltratados en Brasil, Chile, o Argentina, en los rechazados en el Norte, cuando el capitalismo sigue expoliando el territorio de la vieja Saint Dominique. Vidas migrantes y contextos interactúan y se perfilan mutuamente. El valor de los estudios de un graduado universitario está también en haber trabajado su tesis sobre las dificultades de integración del colectivo haitiano en Rosario con una metodología holística y en haber sido capaz de objetivarse en su propio trayecto migratorio para constituirse sujeto migrante.

El racismo está presente como una barrera migratoria. Ser négre/neg (francés/creole), es una condición intrínseca para ser haitiano: nègre/nèg/, quiere decir varón, hombre y négresse/ nègès, mujer, dice R., otro estudiante haitiano. Portar el bilingüismo, con una lengua que ha sido negada y desvalorada como el creole, encierra una visión del mundo que hay que contemplar.

La migración es un acto humano que contiene derechos inalienables: educación, salud, vivienda, derecho a la cultura propia y a la integración, pero también, y en primera instancia, derecho al desarrollo vital en el lugar donde se ha nacido, donde se decide libremente vivir. Por esa razón el factor colonial, imperialista o neocolonial ha quedado totalmente ignorado y descastado de la agenda mediática, internacional y del mainstream académico. La razón principal de la migración forzada es el colonialismo antiguo que repartió el mundo en ganadores y perdedores, el neocolonialismo con sus formas tecnológicas, culturales, “humanitarias” y el imperialismo financiero internacional, que esclaviza con las deudas externas, forzando a migrar y perder territorios, viviendas, historia y vidas.

Argentina, la universidad y las políticas migratorias

Argentina ha tenido una histórica tensión entre políticas migratorias abiertas y de rechazo al migrante, desde su surgimiento como país. Plasmadas en la Constitución Nacional, la ley Sáenz Peña, las leyes de Residencia y Defensa Social, saltando al bando represivo de la dictadura cívico militar; se llegó a la sanción de la ley 25.871/2004, conocida como Ley de Migraciones y Derechos Humanos. La tradición universalista en las políticas públicas de educación, salud, entre otras, sumadas a las luchas colectivas, garantizan que la universidad sea pública y gratuita, situación muy valorada por los colectivos migrantes. Argentina es uno de los principales países de recepción del Cono Sur y tiene políticas que no podrían calificarse de rechazo, si bien el 2015 implicó un giro restrictivo que tuvo como consecuencia el fin del acuerdo de liberalización de visas para la población haitiana, sumado al decreto 70/2017 que criminalizaba a la población migrante. El racismo es una variable transversal en la sociedad argentina que liga color a clase social.

Cimarrones de futuro

En la novela de Alejo Carpentier “El reino de este mundo” (1967), Mackandal es un mandinga escuchado con maravilla en sus relatos de migración por el resto de los esclavos, ya que dibujaba con detalle la magia y el color de Guinea y otros lugares de África. Por un accidente, queda manco, se escapa, se hace cimarrón y es hallado escondido en una cueva con estalactitas y guano de murciélago por uno de sus seguidores, Ti Noel, otro esclavo más joven. Cuando se fuga, luego de estudiar y experimentar con flora y fauna los misterios de la alquimia, organiza con detalle contable la intoxicación con venenos naturales en las haciendas de los amos.

El migrante cuando se va, ayudado por familia, otros migrantes de otras generaciones, es elegido tácitamente para migrar y, en su partida, encierra una respuesta, como manera de resistir, de sobrevivir, para no morir o ahogarse en la ausencia de futuro. Quienes lo siguen forman una cadena que hace de la movilidad humana un hecho estructural en las regiones colonizadas y empobrecidas. No huye, se resguarda, es un cimarrón del futuro.

Port de Paix, ciudad del Departamento de Nord Ouest, receptora de migración campo, ciudad, antesala de la migración internacional.

Mariana García Quiroga

Directora del Grupo de Estudios sobre Migraciones, Instituto de Investigaciones, Facultad de Ciencia Política y Relaciones Internacionales de la Universidad Nacional de Rosario.

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