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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

01/10/2021

La pelotita neoliberal

José Luis Lanao apunta que en 1983 “en plena borrasca neoliberal de Margaret Thatcher” el Thottenham Hostpur se convertía en el primer club de fútbol del mundo en ser privatizado y cotizar en bolsa, una práctica que continúa hasta hoy en todo el mundo con epicentro en Europa. “Una historia desapacible de fondos de inversión, capital riesgo, ‘equipe private’, jerarcas, jeques, magnates, intermediarios, brokers, aseguradoras, fondos soberanos, operadores televisivos, todos juntos, agarrando la dicha aquí y ahora, con las manos llenas”, afirma. La Argentina, por el momento, resiste al “zarpazo del fútbol privatizador”.

Vivimos en un momento distópico y utópico a la vez. Entre el miedo y la esperanza, como diría Spinoza. Ese interregno del que hablaba Gramsci cuando lo viejo no acaba de morir y lo nuevo está todavía por nacer. Somos el tiempo que nos toca vivir.
Instalados en un neoliberalismo desbocado que cabe en una servilleta de papel -la famosa curva de Laffer- y un decálogo de principios globales que se resumen en desregulaciones, privatizaciones, y el poder magnético de mercados endiosados por encima de todas las cosas. Ya lo dijo Hayeck: “Hemos de afrontar el hecho de que el mantenimiento de la libertad individual es incompatible con la plena satisfacción de nuestra visión de la justicia distributiva”.

El capitalismo clásico explotaba a los asalariados; el neocapitalismo explota a los consumidores, es preciso que las mayorías acumulen cosas para que las minorías acumulen capital. Ingenioso. Ningún ámbito materializa la soberanía de la seducción con tanta fuerza como la economía consumista. Las lógicas de estimulación de deseos y las lógicas emocionales son las que organizan el universo “tecnocomercial”. Todo se hace para atraer al consumidor, cortejarlos, entretenerlos, tentar sus afectos, y comerciar con las obsesiones que el mercado les inyecta. El capitalismo de consumo no es más que un capitalismo de seducción. Y el fútbol se ha dejado seducir. Se ha convertido en un producto de consumo más. De consumo rápido. De usar y tirar. De partidos interminables -uno detrás de otro- en una caravana de difuntos que desfilan en un funeral de fe ciega en los operadores privados. Sin vida. Sin alma. Sin brillo entre las ruinas. Una historia desapacible de fondos de inversión, capital riesgo, “equipe private”, jerarcas, jeques, magnates, intermediarios, brokers, aseguradoras, fondos soberanos, operadores televisivos, todos juntos, agarrando la dicha aquí y ahora, con las manos llenas. Una orgía iconoclasta de dinero líquido cuyo universo se alimenta en ocasiones de capitales de origen inconfesables, necesitados de blanqueo rápido. Inversores crepusculares, recién avenidos, con la lección aprendida en la “gestión de futuros”. Una melodía conocida. El sonido ambiente de la Bolsa de Chicago. De los “contratos a futuro” de las materias primas, que año tras año, bailan ebrias al borde del acantilado por la inmoral avaricia de los especuladores. Algunos lo llaman capitalismo de “casino”, aunque no se conoce casino alguno en el que apostando, si ganas te llevas el dinero y si pierdes el contribuyente te lo devuelve.

La realidad nunca está acabada del todo. En plena borrasca neoliberal de Margaret Thatcher, el Thottenham Hostpur se convertía, en 1983, en el primer club de fútbol del mundo en ser privatizado y cotizar en bolsa. Treinta y ocho años después se mantiene en la cúspide de la montaña rusa de la inestabilidad bursátil. Hay un fútbol que cotiza. Que especula. Juega grandes finales que no se resuelven en noventa minutos, se  deciden en nueve segundos: el tiempo que tarda una acción en cambiar de manos. El fútbol europeo contó hasta ayer mismo con su propio índice bursátil: el Stoxx Europe Football Index. El 27 de agosto de 2020 suspendía su cotización por su extrema volatilidad. El selectivo acumulaba pérdidas del 53%. En 2010 el índice subía un 30%; en 2011 bajaba un 40%; y en el 2012 se dejaba otro 10%. La enorme fluctuación en su cotización lo convirtió en refugio de especuladores a “corto” -short selling-, operación que consiste en la venta de un activo comprado a préstamo a un tercero. Lo que algunos analistas consideran moralmente ilícito. “Es evidente que el Stoxx Europe Football Index no es un índice cualquiera. Podemos clasificarlo como un producto de alto riesgo”, puntualizaba hace unos años la auditora Sports KPMG. Manchester United, Juventus, Ajax, Borussia de Dortmund, Olimpique de Lyon, Thottenham Hostpur, AC Roma, FC Oporto, Lazio, Benfica, Galatasaray, Sporting de Lisboa, Celtic de Glasgow, Fenerbahçe, Beskitas. (AGF, Brondby ifB, Aalborg, Parken Sports) los cuatro daneses, Ruch Chorzow polaco, AIK Football sueco, dejaron un rosario de accionistas literalmente quebrados sobre el terreno de juego.

Ilustración de futbolfinanzas.com

Fuera de la cotización bursátil el fútbol neoliberal se fabricó un tejido de testosterona especulativa y privatizadora donde anidaron los ya conocidos  sospechosos habituales. Deloitte estimó en excelente negocio la compra del magnate californiano, Egon Durban, del 10% del City Football Group, dueño del Manchester City de Guardiola. La operación provocó que el mercado valorara al grupo en la friolera de 4.000 millones de dólares. Los beneficios del multimillonario alcanzaron los 200 millones de euros. Desde Texas, Dan Friedkin, desembolsó 800 millones de euros por la compra de la Roma. El fondo capital riesgo, Mafre AM Behavioral Fund, se adueñó de un importante paquete accionarial del Ajax y del Olympique de Lyon. El jeque de Catar, Sheilk Tamin Bin Hamad, adquirió el 70 por ciento del París Saint Germain, equipo que mantiene en la actualidad el tridente millonario del fútbol mundial: Messi, Neymar, y Mbappé. El siempre ilusionante Bayer de Munich se viste de Adidas, se mueve en Audi, y se asegura en Allianz. En Baviera esperan, con lenta agonía, el asalto final de las multinacionales.

El diario británico The Guardian, estima el negocio futbolístico, directa e indirectamente, en torno a los 45.000 millones de euros. El universo de las finanzas han mordido la pieza, y no la suelta. De momento Argentina resiste al zarpazo del fútbol privatizador. Los fuertes embistes de la “pelotita” neoliberal vernácula son recurrentes.

“Demasiados días es todo ya demasiado desde demasiado tiempo”, decía el poeta. Se puede vivir con las manos en alto sin necesidad de levantarlas y con los pantalones caídos sin necesidad de bajárselos. El fútbol lo hace. ¿Hasta cuándo? Un deseo sin fin; sin más fin que el puro placer de detener este tiempo que nos devora.

José Luis Lanao

Periodista y ex jugador de Vélez, clubes de España, y campeón Mundial Tokio 1979. Ex columnista del grupo multimedia español Vocento y Cadena radial COPE. Escribe en Página/12.

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