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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

31/08/2021

La Opinión, Timerman y la dictadura

Hace cincuenta años Jacobo Timerman cumplía su sueño: tener un diario. Luego de haber creado y dirigido dos semanarios -las revistas Primera Plana y Confirmado- fundaba el diario La Opinión. Testigo y protagonista de la década del setenta, repasamos algunos aspectos y momentos puntuales de aquella transformadora experiencia periodística que modificó la manera de observar, seleccionar, interpretar y escribir las noticias en nuestro país.

Tapa del primer ejemplar de La Opinión del 4 de mayo de 1971. Fuente: www.cultura.gob.ar

1. “El Le Monde argentino”

El 25 de mayo de 1977 se cerraba la audaz experiencia periodística iniciada seis años antes durante el gobierno de facto del general Lanusse.

La última dictadura cívico-militar -mediante la designación como interventor del general de Brigada José Ignacio Goyret- ponía fin al diario fundado y dirigido por Jacobo Timerman.

La Opinión, una de las más innovadoras propuestas del campo periodístico argentino, había nacido tomando explícitamente como modelo al diario francés Le Monde [1].

Las semejanzas eran tanto formales como conceptuales.

En lo formal, las similitudes iban desde el tamaño y el formato tabloide, pasando por la diagramación austera, sin recurrir a titulares catástrofe hasta la ausencia del uso de fotografías y de información/sección deportiva. Además, ninguno de los dos diarios salía los lunes, criterio que implicaba evitar competir con el desarrollo de las noticias y coberturas de las actividades deportivas y futbolísticas de los domingos. En lo conceptual supuso tomar de su referente francés la jerarquización del lector, de la información y la apuesta a un periodismo de interpretación en todas las páginas y secciones del diario[2].

El propio Jacobo Timerman afirmaba claramente cuál sería la base de lanzamiento de su diario: “en el periodismo mundial se ha inaugurado una nueva etapa: la del diario selectivo, de información y análisis, que no intenta ocuparse de todos los temas superficialmente sino de los fundamentales en profundidad"[3].

En efecto apostar al modelo de periodismo interpretativo implicó transformar e instalar un nuevo criterio de noticiabilidad en el campo de la prensa escrita: lo noticiable ya no residía tanto en el hecho sino en el proceso en el cual ese hecho estaba inserto, dando cuenta de los antecedentes, el contexto y las consecuencias del mismo[4].

Como expresara Miguel Bonasso (quien formó parte del proyecto desde el comienzo):“El diario quiere poner el acento en algo que no exist[ía] en el periodismo argentino: información jerarquizada y contextualizada, con alto nivel de interpretación a cargo de primeras espadas”[5].

Lo nodal ya no se caracterizaría por el hecho central sino por el modo de narrarlo.

Incluso la decisión de prescindir del registro fotográfico en aras de privilegiar las ilustraciones (en los primeros dos años realizadas por Hermenegildo Sábat) se sostenía en esa búsqueda hermenéutica: “se prefirió recurrir a la caricatura política como una manera de suplantar la fotografía de los hechos por la interpretación de los hechos, en consonancia con todo el estilo del diario”[6].

Estos criterios de noticiabilidad aplicados a todas las secciones[7] implicaban una clara diferenciación de los diarios tradicionales La Prensa y La Nación en los que había una casi total ausencia de periodismo interpretativo en sus columnas[8].

Para encarar y plasmar esta innovadora experiencia se recurrió a la convocatoria de buena parte de los mejores profesionales del medio. La conformación de la redacción inicial fue definida por Jacobo Timerman y Horacio Verbitsky, quien estaría a cargo de la sección Política[9]. Julio Algañaraz, por su parte, sería el subdirector.

Además, estarían Juan Carlos Algañaraz (sección Internacionales), Juan Gelman (sección Cultura) y Miguel Bonasso (Información general).

Asimismo, formarían parte del staff: Francisco “Paco” Urondo, Enrique Raab, Carlos Ulanovsky, Tomás Eloy Martínez, Osvaldo Soriano, Ricardo Halac, José Ignacio López, Osiris Troiani, Juan José Castiñeira de Dios, Hugo Gambini, Eduardo Belgrano Rawson, Felisa Pinto, Aída Bortnik, Tununa Mercado, Mabel Itzcovich, José María Pasquini Durán, Luis Guagnini, Rodolfo Terragno, entre otros.

2. La Opinión y la última dictadura

“Timerman siempre intentó moverse con la seguridad de su acceso al poder de turno”, afirma Mochkofsky en su notable biografía.

“Basó su ascenso social y profesional en asociaciones pragmáticas con el poder político y militar dominante en la Argentina de los años ’50, ’60 y ’70”[10].

Asumiendo el poder real que ejercían los militares, “Timerman buscaba hacer equilibrio en esa interna para encontrar márgenes para sus publicaciones”[11].

Jacobo Timerman fundador de La Opinión. Fuente: S/R

A través de dos de sus creaciones -las revistas Primera Plana y Confirmado- fue parte activa del clima de desgaste y desestabilización del gobierno radical de Arturo Illia que culminaría con el golpe de Estado del general Onganía.

Su sueño de fundar un diario se concretó cuando el gobierno militar encabezado por el general Alejandro Agustín Lanusse planeaba la apertura que culminaría con las elecciones de 1973[12].

Tiempo después, habiendo sido La Opinión (con el respaldo total de los militares) un factor fundamental en el desgaste y en la posterior renuncia y huida de López Rega, Timerman y el diario ampliaron su prestigio e influencia políticas[13]. Poco tiempo más tarde sería derrocada Isabel.

El propio Timerman reconocería el papel que jugó el diario y cuál había sido su expectativa con el sector castrense:

“La revolución contra la presidencia de Isabel Perón encontró en ‘La Opinión’ a su principal abanderado, ya que el diario insistía en la necesidad de cubrir el vacío en que vivía el país. Los militares estaban dispuestos (…) a terminar con la violencia de izquierda y derecha, sancionar a los corruptos, que la represión fuera ejercida por los organismos legalmente constituidos, que fuera superado el peligro de la hiperinflación. Lograr la paz que, por otra parte, todo el país anhelaba”[14].

Con el derrocamiento de Isabel concretado a través del golpe de Estado de 1976 y con las Fuerzas Armadas conduciendo una vez más los destinos del país, Timerman creyó (como muchos) que la nueva dictadura se parecería a la de Lanusse: habría instancias de represión y autoritarismo, se prohibiría la actividad política, se impondría el estilo militar de gobernar… “Los gobiernos militares pasan, los periodistas quedan” le dijo Timerman a uno de sus editores[15].

Tapa de La Opinión sobre el golpe de Estado de marzo de 1976.

Desde esa perspectiva, y al igual que en épocas de Azules y Colorados, “Timerman creyó ver en las Fuerzas Armadas un sector más democrático (representado en Jorge Videla y Roberto Viola) frente a otro autoritario (liderado por Luciano Benjamín Menéndez y Guillermo Suárez Mason) y trató de sobrevivir en esa brecha, pero esta vez casi le costó la vida”[16].

Sobre su estrategia Timerman afirmó: “Los moderados constituían la minoría en las Fuerzas Armadas, y sólo su habilidad política les permitía permanecer dentro del proceso que se vivía. Los partidos políticos, casi todas las instituciones civiles, la Iglesia Católica, los gobiernos occidentales que mayores relaciones tenían con la Argentina, estimaron que la mejor estrategia era la paciencia, esperar que el transcurso del tiempo deteriorara a los duros, y mientras tanto no plantear demasiadas exigencias a los moderados”. (…) “Creí que el apoyo a los moderados tenía que ser un ejercicio de presión pública más que un ejercicio de paciencia” (…) “Quedó establecido que la impunidad era cuestionada, al menos por alguien”[17].

Esta estrategia de identificar “amigos y enemigos” dentro del gobierno militar tendría sus cuestionamientos[18].

La Opinión (como la mayoría de los medios gráficos) también había hecho su aporte, no sólo en desgastar y desacreditar al de por sí desprestigiado gobierno de Isabel, sino fundamentalmente en prestigiar y relegitimar el rol de las Fuerzas Armadas preparando y promoviendo su retorno al poder.

Tras el golpe la línea editorial del diario se mantuvo siendo favorable a la Junta militar mientras, al mismo tiempo, demandaba que la instrumentación de la represión se encauzara dentro del marco legal[19].

Reclamo que suponía una mirada sesgada sobre el dispositivo represivo del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional, “una aspiración ingenua puesto que la clandestinidad no era accesoria sino intrínseca al terrorismo de Estado”[20].

Al principio Timerman no supo ver lo que venía. En su lógica, habiendo decidido tomar partido por los sectores “moderados”, La Opinión suponía/interpretaba que los militares también se oponían al “extremismo de derecha” y escribía:

“Los dos proyectos violentos, el de ultraderecha y el de ultraizquierda se complementan en un objetivo concurrente, cual es la desarticulación del programa elaborado por la junta militar”[21].

Como expresa Ruiz: “por estrategia o por convicción, había en La Opinión cierta negación de las verdaderas intenciones del sector blando. Las diferencias entre videlistas y los duros no eran tan fuertes como el diario sugería”[22].

Para dar cuenta de las denuncias e insistir en disputar e instalar su propia agenda, La Opinión fue recurriendo de manera progresiva a diferentes estrategias[23].

Una de ellas (publicar un artículo de otro medio de comunicación) provocó la reacción de la Junta militar: en enero de 1977 una edición de La Opinión fue secuestrada y el diario estuvo clausurado dos días[24].

Progresivamente La Opinión y Timerman fueron quedando cada vez más en la zona de fuego de la interna militar[25].

Varios le advirtieron a Timerman del peligro cercano, inminente.

José Ignacio López fue uno de ellos. A través de sus fuentes castrenses tenía conocimiento sobre la posibilidad concreta de que se lo llevaran.

Es conocida la respuesta de Timerman: “Tengo el cepillo de dientes preparado. Yo entro y salgo”[26].

El 14 de abril de 1977 fue secuestrado por miembros del “ala dura” del Ejército[27].

Pasará más de dos años en manos de la dictadura: primero en situación de detenido-desaparecido y luego (producto de la presión internacional), “blanqueado”, en condición de detenido con prisión domiciliaria hasta su expulsión del país el 25 de septiembre de 1979 con pérdida de la ciudadanía argentina incluida. Se exiliará en Israel y en los EE.UU[28].

Jacobo Timerman rumbo a su departamento, donde cumplirá arresto domiciliario. 17 de abril de 1978.  
Fuente: Noticias Argentinas.

A partir de 1980 comenzaría a denunciar en el exterior a la dictadura por las torturas y violaciones sistemáticas a los derechos humanos.

Dejará testimonio en su influyente libro Prisioner without a name, cell without a number (Preso sin nombre, celda sin número) publicado primero en EE.UU[29].

La Opinión, intervenida y expropiada por los militares, seguirá saliendo hasta 1981.

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Notas

[1] Como expresa Ruiz en su trabajo, abrevar en el extranjero para buscar inspiración o “copiar” un formato y/o estilo ha formado parte de una tradición en el campo periodístico argentino. “La Nación se inspiró en el New York Times, el diario vespertino Crítica en el Chicago Daily News y el diario El Mundo en el Daily Mirror. Así como la revista Primera Plana se basó en Time, el diario La Opinión se basó en Le Monde”. En Ruiz, Fernando: Las palabras son acciones: historia política y profesional del diario La Opinión de Jacobo Timerman: 1971-1977. Buenos Aires. Perfil Libros. 2001.

[2] Véase Schindel, Estela: La desaparición a diario. Sociedad, prensa y dictadura (1975-1978). Villa María. Eduvim. 2012.

[3] “El diario de Timerman”. En revista Panorama, abril de 1971. El primer ejemplar de La Opinión estuvo en la calle el martes 4/5/1971.

[4] En Ruiz, Fernando: op. cit.

[5] “El Le Monde de Timerman”. En Bonasso, Miguel: Diario de un clandestino. Buenos Aires. Planeta. 2000.

[6] “A nuestros lectores”, diario La Opinión, 10/05/1972, citado en Ruiz, Fernando: idem.

[7] Las tres secciones más relevantes del diario eran: Internacionales, Política y Cultura y Espectáculos. Para un análisis detallado de cada Sección véase Ruiz, Fernando: op. cit. Primera parte: El cambio y sus límites, La Opinión (1971-1973).

[8] Véase Ruiz, Fernando: “El choque de paradigmas y la muerte del diario La Opinión de Jacobo Timerman. Una historia que continúa”. En Saborido, Jorge-Borrelli, Marcelo (Coordinadores): Voces y silencios. La prensa argentina y la dictadura militar (1976-1983). Buenos Aires. EUDEBA. 2011.

[9] “La derecha no producía periodistas que pudieran generar un producto que renovara el periodismo argentino. No tenían capacidad innovativa, eran justamente conservadores en todo. Para renovar el periodismo argentino hacía falta gente distinta, y yo llené la redacción con la que conocía de la militancia política, de los pasquines partidarios. Llené la redacción de esa gente. No fue una política de infiltración. Era lo que salía naturalmente, eran los que yo quería, respetaba, valoraba, conocía, los que me inspiraban confianza profesional y humana”. Horacio Verbitsky citado en Ruiz, Fernando: op. cit.

[10] Véase Mochkofsky, Graciela: Timerman. El periodista que quiso ser parte del poder (1923-1999). Buenos Aires. Sudamericana. 2003.

[11] Véase Bruschtein, Luis: “Timerman, un hombre de las dos argentinas”. Página 12, 12/11/1999.

[12] “La Opinión fue preparada durante el gobierno del general Levingston y apareció durante el gobierno del general Lanusse. Levingston quería continuar la ‘revolución argentina’ bajo conducción militar con un contenido más nacionalista. Algo similar a lo que Timerman pretendía. Por el contrario, Lanusse creía agotada la ‘revolución argentina’ y deseaba iniciar un gobierno de cooperación cívica-militar”. En Ruiz, Fernando: Las palabras son acciones: historia política y profesional del diario La Opinión de Jacobo Timerman: 1971-1977. Buenos Aires. Perfil Libros. 2001.

[13] Véase Mochkofsky, Graciela: op. cit. Cap. 4.

[14]Timerman, Jacobo: Preso sin nombre, celda sin número. Nueva York. Random editores. 1981/Buenos Aires. El Cid Editor. 1982.

[15] Véase Mochkofsky, Graciela: op. cit. Cap. 5.

[16] Bruschtein Luis: op. cit. De acuerdo al análisis de Canelo “La interna política del Proceso se articuló en torno a tres fracciones, de límites difusos, pero relativamente estables en el tiempo” (…). La fracción ‘dura’, la fracción ‘politicista’ del Ejército y la fracción ‘moderada’ del Proceso”. Véase Canelo, Paula: La política secreta de la última dictadura argentina (1976-1983). A 40 años del golpe de Estado. Buenos Aires. Edhasa. 2016.

[17] Timerman, Jacobo: op. cit.

[18] Ruiz afirma que R. Walsh tenía una carta personal sin terminar dirigida a Timerman en la que cuestionaba su estrategia, a la que acusaba de complaciente con la dictadura. En Ruiz, Fernando: op. cit. En el mismo sentido Graciela Esquivada comenta que “Lucila Pagliai encontró en los papeles de Rodolfo Walsh una carta inconclusa a Timerman, en la que se lee: ‘He leído con náusea, pero sin sorpresa, la forma en que su diario La Opinión publicó la muerte de cinco guerrilleros entre los que se contaba mi hija María Victoria Walsh’. El matutino había informado sobre un operativo contra ‘delincuentes subversivos’ a finales de septiembre de 1976, en la calle Corro. ‘Que no encuentre otras palabras para acordarse de ella reitera la bajeza con que usted ha silenciado la desaparición de quienes han sido sus colaboradores o sus asalariados’”. En Esquivada, Gabriela: “El diario para la inmensa minoría: la trágica historia de La Opinión, a 50 años de su revolución en la prensa argentina”. Infobae. 16/5/2021. Según Walsh, María Victoria Walsh (Vicky) había trabajado en La Opinión y siendo delegada sindical se había enfrentado a J. Timerman. En Walsh, Rodolfo: “Carta a mis amigos”. 29/12/1976. Otro cuestionamiento fue el de Pedro Orgambide (creador del eslogan “El diario para la inmensa minoría”) en 1977: “El periódico de mi ex amigo J. Timerman ha dejado de simular un centro-izquierdismo a gusto de las capas medias, para transformarse en un puntual órgano de la reacción (…)”. Citado en Ruiz, Fernando: op. cit.

[19] Los únicos diarios que destinaron espacio a denunciar las violaciones a los derechos humanos fueron el Buenos Aires Herald (diario de la comunidad inglesa), dirigido por Robert Cox y La Opinión (hasta el secuestro de Timerman y la posterior intervención militar). “Estos periódicos no se consideraban opositores y daban su apoyo global al régimen, pero pedían que la represión contra el terrorismo se hiciera dentro de marcos legales y reproducían denuncias de desapariciones, lo cual en el contexto dictatorial marcaba una diferencia crucial con el resto de los medios”. La autora destaca también el caso de La Prensa, el primer diario en publicar una solicitada reclamando por la situación de los desaparecidos. Se titulaba “Sólo pedimos la verdad”. Fue realizada por Madres y Esposas de desaparecidos. Publicada en la edición del 05/10/1977. Véase Schindel, Estela: Op. cit.

[20] Idem. Op. cit.

[21] La Opinión. 04/06/1976. Citado en Schindel, Estela: op. cit.

[22] Ruiz, Fernando: Op. cit. Tercera parte: La Opinión y la dictadura (1976-1977).

[23] Por ejemplo: adjudicaba al gobierno sus propios posicionamientos -con el objetivo de comprometerlo públicamente con la postura del diario y, de ese modo, respaldar sus opiniones en la supuesta postura oficial-; “contrabandeaba” información disimulándola entre otros contenidos y bajo un título general que abordara otro tema; o reproducía artículos de otros medios (por ejemplo, del Buenos Aires Herald) que de esa forma lograban mayor repercusión. Véase Schindel, Estela: op. cit.

[24] La clausura fue motivada por la publicación de un artículo del sacerdote jesuita Vicente Pellegrini que denunciaba la tortura por parte del Estado. El texto había pasado desapercibido en su publicación original en la revista del Centro de Investigación y Acción Social de la Compañía de Jesús. La sugerencia de publicarlo en La Opinión fue de José Ignacio López. En un pasaje el sacerdote afirmaba: “Cuando en un país hay terrorismo y los terroristas actúan tan desaprensivamente, se dice que no hay otro medio que luchar con las mismas armas. Ya el Papa nos ha dicho que ni siquiera con este pretexto son admisibles. (…) se degrada quien tortura, se degrada la Justicia y la autoridad, y se corrompe el orden social mismo. (…) Convertir a un militar de honor, cuyo ideal es luchar por la justicia, en un vulgar torturador, sería la mayor victoria del terrorismo (…). Pero ¿es la violación de los derechos humanos el camino para la victoria? La experiencia de las últimas contiendas parece demostrar lo contrario”. Véase Schindel, Estela: op. cit. y Mochkofsky, Graciela: op. cit. Cap. 5.

[25] La “Triple A” había asesinado a dos de sus periodistas: Pedro Barraza (el 13 de octubre de 1974) y Jorge Money (el 19 de mayo de 1975). Ya en dictadura, en 1976 fueron asesinados Zelmar Michelini (el 20 de mayo) y Francisco “Paco” Urondo (el 17 de junio), y María Victoria Walsh murió en un enfrentamiento con fuerzas del Ejército. En 1977 desaparecieron Edgardo Sajón (el 1 de abril) y Enrique Raab (el 16 de abril) entre otros periodistas/trabajadores y/o militantes que pasaron por la redacción de La Opinión.

[26] Otro de los que intentó prevenir y proteger a Timerman fue Abrasha Rotenberg (amigo de la infancia, quien acompañó a Timerman en algunas de sus empresas económico-periodísticas). Cuando estalló el "Caso Graiver" le sugirió que también se exiliara (Rotenberg estaba en España). Timerman respondió: "¿Sabés cuánto duro yo detenido? ¡Por las presiones internacionales no me podrían tener más de 48 horas!". En Kahan, Emmanuel: Recuerdos que mienten un poco. Vida y memoria de la experiencia judía durante la última dictadura militar. Buenos Aires. Prometeo. 2014.

[27] La muerte de David Graiver en un accidente aéreo cerca de Acapulco (México) en agosto de 1976 y el posterior descubrimiento de que el empresario era accionista de La Opinión permitió a los militares vincular a Timerman con la organización Montoneros. Según afirma Ruiz “La causa formal para detener a Timerman era su vinculación con David Graiver, pero la causa real era que estaban convencidos de que La Opinión era un diario ideológicamente subversivo”. En Ruiz, Fernando: op. cit. Timerman fue secuestrado y torturado por un grupo paramilitar dependiente del entonces coronel Ramón Camps, Jefe de la Policía de la Provincia de Buenos Aires. Para Camps “desde sus comienzos La Opinión se convirtió en la empresa de disolución cultural más nociva con que cuenta el marxismo en nuestro país”. En el Prólogo del mismo libro afirma: “Somos testigos de un verdadero fraude semántico, que en forma persistente y cada vez más alarmante, conduce al pensamiento humano hacia la desolación y el abandono. En la Argentina, Jacobo Timerman fue el principal impulsor de semejante fraude. Trató desde La Opinión, de orquestar una empresa de concientización revolucionaria -que aún no ha cesado-, de reformular, o si se quiere, de vaciar las tradiciones nacionales en provecho del marxismo, del cual se proclamó defensor”. (…) “Si alguien tuviese que ser sindicado como uno de los principales responsables de la subversión cultural, que armó las conciencias de la guerrilla, ese sería Jacobo Timerman”. Ramón Camps, en Caso Timerman, punto final. Buenos Aires. Tribuna abierta. 1982.

[28]  La reacción de los diarios ante el secuestro fue el silencio: no hubo repudio ni condena. Como expresa Mochkofsky, además de la censura, la autocensura o el aval a la dictadura por parte de los medios, en el caso  de Timerman pesaban además cuestiones personales: era tan admirado como envidiado y despreciado. La excepción, una vez más, fue el diario Buenos Aires Herald. Robert Cox, indignado por la actitud de sus colegas, expresó en su editorial: “Si nadie, entre la mucha gente a la que ayudó en el curso de los años, nadie entre los numerosos socios con que contó, ni nadie de entre los miembros de su personal se siente movido a decir algo en su favor, me siento entonces moralmente obligado a hacerlo”. (…) “Jacobo Timerman ha hecho una gran contribución al periodismo de este país. Cometió errores. Su personalidad tiene fallas. Es humano, como todos nosotros. Y sea lo que sea que haya hecho, no hay excusa por patear a un hombre caído. (…) Debería ser tratado decentemente, y la prensa debería dar el ejemplo, en lugar de liderar a los que le arrojan barro. Afortunadamente, tiene un gran sentido del humor. Es posible incluso que disfrute del asqueante espectáculo de los muchos que lo halagaron y ahora se han vuelto en su contra”. 30/04/1977. En Mochkofsky, Graciela: op. cit. Cap.7. Cabe destacar que R. Cox había sido detenido ilegalmente por la Policía Federal en ese mismo abril de 1977. Estuvo en Coordinación Federal.

[29] El libro tuvo repercusión y reconocimiento en EE.UU. convirtiéndose en la mayor denuncia en el plano internacional contra el terrorismo de Estado/la dictadura. Está dedicado al rabino Marshall Meyer (quien fue miembro de la Asamblea Permanente por los Derechos Humanos y cofundador junto al periodista Herman Schiller del Movimiento Judío por los Derechos Humanos -MJDH-).

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