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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

23/03/2021

Día Nacional de la Memoria por la Verdad y la Justicia

Taty Almeida, una maestra de la vida

A 45 años del último golpe cívico militar, Taty Almeida, Madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora, referente indiscutible de las luchas por los Derechos Humanos en Argentina, nos cuenta su historia de vida.

Taty Almeida en la movilización contra el fallo de la Corte Suprema que habilitó el 2x1 a genocidas. 10 de mayo, 2017. Foto: Paula Lobariñas

Taty comienza la entrevista con ese tono de voz tan característico de ella que contagia energía, contándonos todo lo que tuvo que aprender en los últimos tiempos para poder seguir comunicándose con el mundo: “Primero aprendí a usar Facebook, luego whatsapp y ahora aprendí a manejar el Zoom, ¡no me para nadie!”. Es justamente a través del Zoom que entrevistamos a esta luchadora de toda la vida, que desde hace más de 40 años integra Madres de Plaza de Mayo Línea Fundadora. Desde Revista Haroldo, este 24 de marzo tan singular, queremos rendir homenaje a las Madres y Abuelas y por eso le pedimos a Taty que nos cuente su historia de vida.

Taty Almeida marchando con la pancarta de su hijo detenido desaparecido Alejandro Almeida. Foto: Julián Athos Caggiano

¿Cómo fue tu niñez y adolescencia?

Yo soy Taty Almeida, madre de Plaza de Mayo Línea Fundadora pero mi nombre, el de mi DNI, es Lidia Stella Mercedes Miy Uranga, un nombre como antes, por la madrina, por la abuela…  Miy, por parte de padre y Uranga por parte de madre, vascos, ese el origen del apellido de los Uranga. Yo tuve una historia maravillosa, éramos tres mujeres y un varón, lamentablemente quedamos dos nada más.
Mi padre era militar, un oficial del ejército, de caballería, y mi madre hizo muchas cosas cuando era soltera, cuando vivía en Paraná, siempre inclinada a la beneficencia. Se conocen, se casan y nos tienen a nosotros cuatro. Yo nací, como mis hermanos (salvo la mayor que nació en Paraná), en Buenos Aires, en el barrio de Belgrano, y no sé por qué, porque no vivíamos en el campo, mi padre, en lugar de anotarme el 28 de junio, me anotó el 4 de julio (qué fecha, ¿no?). Nací en el año 1930, efectivamente tengo 90 años, y este año, cumplo 91. 
Tuve una infancia divina, porque a raíz de los pases de mi padre, en Mendoza, en Campo de los Andes, andábamos a caballo, en pelo, saltábamos, jugábamos en la nieve, pero siendo mi padre una persona adelantada para la época, créase o no, nos decía que anduviéramos a caballo, pero que no saltáramos, porque eso no era bueno, porque podíamos perder la virginidad… ¡Te imaginás! Ellos dormían la siesta y nosotros a caballo como si nada, así que yo amo los caballos, de chica anduve muchísimo a caballo y me encantaba. Tuve una infancia divina, no sólo una infancia, una niñez, una adolescencia, una juventud, maravillosas, un hogar estupendo. Porque mi padre dejaba las botas en la puerta y adentro era un padre común, divino. Hemos heredado de él tantas cosas maravillosas. Por ejemplo, cuando él fue el jefe del Regimiento 7° de Caballería en San Rafael, Mendoza, al jefe le daban una casa hermosa, entonces a los dos o tres días de haber llegado, va un electricista del regimiento, y le dice: 

-Buenos días, mi Teniente Coronel
- ¿Qué tal, cómo le va?
- Vengo a ver si hago lo que he hecho siempre con los jefes anteriores.
- ¿De qué está hablando?
- Y…  lo conecto como para que usted no pague nada de luz.
Mi papá, como buen salteño, le dice:
-Mire mi amigo -cuando decía mi amigo, agarrate Catalina-, no lo saco a patadas en el culo porque usted no tiene la culpa.
Nosotros jamás anduvimos en el auto oficial, nunca, íbamos en colectivo, al colegio público, desde ya. Así que nosotros hemos heredado tantas cosas hermosas de nuestros padres…

Pasó el tiempo, fui creciendo, y nos instalamos definitivamente en Buenos Aires, en el año 1945. Como se usaba antes, festejé mis 15 años de largo en Federico Lacroze y Cabildo, un departamento muy grande, la casa paterna. Recuerdo que nuestro padre decía: “He comprado ahí porque me han asegurado que llega el subte”. Cuando llegó efectivamente el subte, con mis hermanas (ya había muerto mi padre, murió en el año 1961), bajamos a la estación Olleros y brindamos por el viejo. Así que bueno, ahí festejé mis 15 años y también se los festejé a Fabiana.

Taty Almeida, junto a Lita Boitano y Vera Jarach, en la marcha n° 2000 a Plaza de Mayo, 11 de agosto, 2016. Foto: Paula Lobariñas

¿Cómo siguió tu vida luego?

Me casé con Jorge Almeida, buena persona. Tuve tres hijos, Jorge, Alejandro y María Fabiana. Yo me separé en el año 1970 a los 40 años (reconozco que fui pionera) pero con el apoyo de mi suegra, con todo el cariño de mi familia política. Nosotros vivíamos en Flores, y volvimos a vivir a Lacroze y Cabildo, ya mi padre había fallecido, estuvimos ahí con mi madre, hasta el año 1972, cuando lamentablemente murió, mis hermanos me decían “Quedate Taty, te ayudamos”, pero no, vendimos el departamento de Belgrano y me compré, hace ya 48 años, el departamento donde aún vivo, en Palermo. 
Me recibí de maestra, porque yo también caí en la escuela pública, en el año 1950, no me voy a olvidar porque era el año del Libertador Gral. San Martín, era el aniversario, se cumplían 100 años de su muerte. En todo lo escribíamos, teníamos que poner arriba “Año del Libertador Gral. San Martín”. Me recibí y trabajé unos cuatro años, después me casé, en el 53, enseguida nació Jorge, el mayor, seguí trabajando… Más adelante quedé embarazada de Alejandro, así que dejé, porque imagínate que me dediqué a mis chicos. Pero te soy sincera, después de años, de jubilada, en fin… Nunca pensé que iba a seguir ejerciendo como maestra, maestra de la vida, con un pañuelo blanco en la cabeza. 

¿Cuál era tu relación con la política antes de la desaparición de Alejandro?

Siempre digo que atrás de cada Madre hay una historia de vida, y es importantísimo que se conozcan. Porque si no hubiera sido por la desaparición de nuestros hijos, yo estoy segura de que no nos hubiéramos conocido. Cada una tenía su familia, sus amistades, en fin… Y yo tengo mi historia de vida. Toda mi familia militar: mi padre, oficial de Caballería; mi hermano, coronel, ingeniero; los dos maridos de mis hermanas, oficiales de Aeronáutica, los dos hermanos de mi ex marido, oficiales del Ejército. Yo me crie en ese ambiente, o sea, antiperonista. Era una gorila de aquellas, me salían los pelos por todos lados, ¡dios mío! Y bueno, esa había sido mi crianza. 
Alejandro, el segundo de mis chicos, vivía conmigo y con Fabiana. Con sus 20 años, a mí me cuidaba, me preservaba, no me decía nada de su militancia. Él militaba en el ERP, pero de eso me entero mucho después. Tantas veces Alejandro, con su metro ochenta, me abrazaba fuerte y me decía “Esta gorilita de mierda y sin embargo, la quiero” y yo me reía, no entendía un pito de nada, de nada. El 17 de junio de 1975 desaparece Alejandro, porque ya antes del golpe cívico militar clerical, en los años 74 y 75 (Isabel Perón, un títere, López Rega, la  triple A) había detenidos desaparecidos y presos políticos. Entre ellos, justamente, Alejandro. Él estaba cursando primer año de Medicina y trabajaba en el actual Instituto Geográfico Nacional. Entonces llegó de la calle y me dice: “Mirá mamá, mañana no voy a trabajar porque tengo un parcial. Esperá que ya vengo”. Fue lo último que escuché de Alejandro. Al otro día me levanto y veo que no estaba. Cuando él no venía a dormir me decía “No vengo”, qué se yo, no encontré nada pero sí encontré en un mueble una agenda de teléfonos y en las últimas 24 hojas, 24 poesías. Yo tampoco sabía que Alejandro escribía poesía. Las leí no sé cuántas veces, una sobre todo, que me dejó a mí, por si algo le pasaba… Vaya si le pasó. Es una despedida, sabe que lo van a matar, en muchas poesías lo dice. Empecé a conocer otra faceta de Alejandro a través de su poesía, el repudio por la injusticia, en fin. Una maravilla, 20 años tenía… Si ustedes leyeran la poesía que hizo a raíz de la masacre de Trelew, ¡tenía 17 años! Con decirles que esa poesía, cuando se inauguró el Museo en el aeropuerto de Trelew, Eduardo Luis Duhalde, que era el Secretario de Derechos Humanos y ya sabía de esa poesía, entonces me dijo: “Taty, antes de cortar la cinta y entrar, por favor lee la poesía de Alejandro” ¿Se imaginan lo que fue leer ahí, en ese lugar? La poesía de Ale está adentro, en una pared, ampliada, con la foto de él y se explica quién fue. Así que ya les digo, a través de las poesías empecé a conocerlo a Alejandro. Era 1975, yo tenía 45 años, 45 años que viví en una burbuja. Así que empecé por mi cuenta a averiguar. Me acuerdo que alguien me dijo que fuera a la Liga, que ahí me podían decir algo. Y yo (les juro chicos, parecía Susana Giménez): “¿La Liga de las Amas de Casa?“ No tenía idea de la Liga por los Derechos del Hombre, así que a ponchazos empecé a averiguar. Lo fui a ver a Harguindeguy, que en ese entonces era el jefe de policía, que había conocido a mi padre, y fui con uno de mis cuñados, Almeida, teniente coronel de Caballería (quien había sido oficial de Harguindeguy) y era el padrino de Alejandro. Le dije: “Mire Harguindeguy, no sé si Ud. podrá hacer algo, pero hace días, uno de mis hijos, Alejandro… No sé, no sé, no tengo idea qué pasó con él” Me dijo: “Señora, no podemos hacer nada, los peronistas son los culpables”. Y yo (gorila): “Claro, por supuesto que son los culpables”. Yo no podía pensar que esos tipos que yo conocía socialmente fueran los culpables. Agosti, compañero del marido de una de mis hermanas, padrino de uno de mis sobrinos… Lo re conocía, de siempre; Galtieri fue jefe de mi hermano, lo conocía, a él y a su mujer; Camps, de Paraná, mi familia es de Paraná, íbamos a pasar los veranos, lo conocía de jovencita. Con esto les quiero decir que en mi cabeza no entraba que esos conocidos eran los culpables. Recuerdo que después de muchos, muchos años, se acercaba el 24 de marzo y un periodista me dijo: “Taty, ¿qué sentiste vos ese 24 de marzo?” Le dije: “Mirá, yo te voy a contestar con la mente de la Taty de antes, de la Taty Almeida antes de ser parida por Alejandro -porque así me siento, así como yo estoy feliz de haber parido a mis tres hijos, Alejandro me parió- ese 24 de marzo pensé que al fin se iban esos negros de mierda, venían mis conocidos, y yo lo iba a recuperar a Alejandro”. Eso es lo que yo creía, por eso a mí me costó aterrizar.

Taty esperando la sentencia del juicio ESMA, noviembre, 2017. Foto: Julián Athos Caggiano

¿Cómo fue tu acercamiento a Madres de Plaza de Mayo?

Me costó acercarme a Madres porque me preguntaba quiénes serían esas mujeres. Recién a fines de 1980 me decidí, fui con Fabiana a la casa de las Madres, y recuerdo que la frené al entrar, vimos fotos, fotos, fotos y dije “Ay dios mío, no soy la única”. Me atendió “La Madre” (con mayúsculas), la dama digna, María Adela Gard de Antokoletz, buscaba a su hijo, hasta hoy desparecido, Daniel Antokoletz. Me acuerdo que María Adela, una señora alta, canosa, que imponía, lo único que me preguntó (que es lo único que se preguntaba a una madre cuando se acercaba por primera vez) fue “¿Quién te falta a vos?”. No importaba la política, la religión, nada. Y ahí por fin yo hice mi catarsis: lloré, conté, hablé y en un momento le dije “Ay María Adela, que estúpida que he sido” y ella respondió “No mi hijita, no digas eso, cada madre se acercó cuando fue su momento, este es el tuyo Taty”. Y así fue, desde entonces acá estoy, y hasta que el de arriba no diga lo contrario, voy a seguir, firme en mi lucha por la memoria, por la verdad, por la justicia. Justicia legal exigimos, jamás justicia por mano propia.

¿Qué ocurrió luego con el advenimiento de la democracia?

Cuando llegó el Dr. Alfonsín fue como respirar otro aire, llenar los pulmones de oxígeno y de esperanza, porque fue el primer presidente que juzgó y condenó a la Primera Junta Militar, o sea, civiles condenaron a militares y a perpetua, así que todos creíamos que al fin… Pero, lamentablemente, no supo aprovechar ese apoyo que tenía (no sólo en Argentina, también internacional) y, presionado, dictó las leyes de impunidad: Punto Final y Obediencia debida.  Nos mató, pero seguimos exigiendo justicia, justicia, justicia. Y llegó el innombrable que hace poco murió, ¿y qué hizo este iluminado?: dejó en libertad, absolvió a los pocos que estaban condenados, quiso tirar abajo la ex Esma para hacer el gran parque de la reconciliación… ¡Qué reconciliación! Cárcel común y perpetua, para todos, y para sus cómplices. Así que tampoco logramos la justicia, pero seguimos, por supuesto, exigiéndola. Y llegamos al 2003, y esto no es partidismo, es una realidad histórica (por supuesto, cada uno tiene su corazoncito, demás está decir), nos encontramos con nuestro otro hijo, como él mismo lo sentía, Néstor Kirchner. El primer presidente que nos escuchó y que tomó a los derechos humanos como política de Estado, no de un gobierno, sino de un Estado presente. Entre otras cosas, anuló las leyes de impunidad, y así pudimos seguir juzgando a lo largo y a lo ancho del país a los genocidas y sus cómplices, la misma política de Estado que continuó Cristina, y ahora por supuesto nuestro querido presidente Alberto. Pero esos 12 años de kirchnerismo fueron años de tranquilidad, nada ni nadie faltó el respeto a nuestros hijos, nadie puso trabas para los juicios, nadie dudó que eran 30.000. Pero luego vino el macrismo y bien lo dijo Tristán Bauer, dejaron al país como tierra arrasada. Y acuérdense, en uno de sus primeros discursos, Macri dijo “Ahora se les termina el curro a los organismos de derechos humanos” ¡Caradura! Cada vez más se descubren ahora los curros que él se ha mandado. Así que fueron cuatro años de terror, pero nunca imaginaron Macri y compañía la muralla de resistencia que iban a encontrar: la marcha federal, la marcha del 2x1, los 24 de marzo, que eran apoteóticos. Ahí se demostró en la calle lo que es que ‘un pueblo unido, que jamás será vencido’. A pesar de todo, los juicios continuaron y siguen hasta hoy, con muchas trabas, por este Poder Judicial que tenemos que reformar. Es imperdonable esta Corte Suprema que encajona los juicios, se mueren los genocidas y nos estamos muriendo nosotras también, así que no puede ser, se trata de justicia, no injusticia… Los presos políticos, ¡por favor! Es decir, son muchas cosas que aún faltan.
Lamentablemente quedamos muy pocas Madres y Abuelas, pero estamos tranquilas porque hay una juventud maravillosa y militante. Militancia y compromiso, compañerismo, ocuparse del otro, como lo hicieron nuestros hijos; porque por ahí todavía algún trasnochado dice “Por algo será que los desparecieron…” Pero por supuesto, con mucho orgullo, claro que fue por algo, no fue ni por estúpidos ni por perejiles. Eran militantes políticos. Esa es la tranquilidad, porque a ustedes, chicos, a quienes les vamos pasando de a poco la posta, ya la han tomado, ya la están practicando, pero ¡ojo! A pesar de los bastones, de las sillas de ruedas, las locas seguimos de pie.

Taty Almeida junto a Sergio Maldonado en el festival Arte Urgente celebrado en la exESMA, 30 de septiembre, 2017. Foto: Paula Lobariñas

¿Cómo será el 24 de marzo este año tan particular?

Todos los años recordamos el 24 de marzo, desde ya, pero este es muy especial, son 45 años del golpe genocida, el más sangriento que se recuerde de toda nuestra historia. Pero como nosotros, los trece organismos que integramos la Mesa de organismos de DDHH, trabajamos institucionalmente y priorizamos la vida, no estamos llamando ni a marchar ni a concentrarnos. Como el año pasado, por la pandemia, no podemos salir, pero sí vamos a hacer muchas cosas: primero, como el año pasado, pañuelos por todas partes, balcones, árboles… Recién me contaron los trabajadorxs del subte que van a poner en las boleterías y en los coches de subterráneo, pañuelos que digan “Son 30.000”. También vamos a plantar árboles, porque plantamos la memoria, no plantamos el odio. Así que hay cantidad de cosas que se están preparando, la TV pública está preparando un video con muchas imágenes que aparecerán mientras leemos el documento.

Por último Taty: ¿Qué significa hacer memoria para vos?

Es no olvidar. No olvidar a nuestros hijos, sin odio, sin rencor, pero sí exigiendo justicia, siempre legal. De ahí la importancia de las baldosas, que se ponen en los lugares donde vivieron o trabajaron los desaparecidos. Todo es memoria… Y yo siempre termino cuando puedo una charla diciéndoles a todes que sigan luchando por lo que crean que es justo, y cuando estén caídos, o cansados, repitan y digan bien fuerte: “Si las madres pudieron, por qué no, nosotros”.

Taty junto a Lita Boitano, de Familiares de Detenidos Desaparecidos; Estela Carlotto, presidenta de Abuelas de Plaza de Mayo y Nora Cortiñas, Marcha de la resistencia, Plaza de Mayo. Foto: Julián Athos Caggiano

Matías Cerezo y Valeria Moris

Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti / Centro de Estudios de Memoria e Historia del Tiempo Presente-UNTREF

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