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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

11/11/2020

Pino Solanas: “En mis películas hice memoria contra el olvido”

Recordamos a Fernando "Pino" Solanas compartiendo fragmentos de una entrevista publicada en septiembre de 2007 en la Revista Debate.  Ese año estrenaba “La Argentina latente”, el tercero de su serie de documentales sobre la realidad nacional que había realizado luego de la crisis de 2001. Y anunciaba el retorno a la política electoral con su candidatura presidencial por Proyecto Sur.

Fernando "Pino" Solanas.
Foto: Roberto Azcárate

Septiembre de 2007. Una casa de un tono rosado intenso, a muy pocas cuadras de la Quinta de Olivos. El equipo de colaboradores corre de un lado a otro: del estreno del documental “La Argentina latente” pasaron en pocos días a los preparativos para una campaña presidencial. “Hay mucho trabajo, pero con Pino nunca nos podemos oxidar”, dicen.

Cuando Fernando Solanas ingresa en la habitación, su figura se mixtura con los afiches, los videos y las carpetas que atesoran desde guiones y críticas de prensa hasta contratos y resúmenes de cuentas bancarias de su productora Cinesur y se atiborran en las paredes. Pino está con ganas de hablar y la entrevista se extiende por un par de horas. Repasa con locuacidad su extensa filmografía, sus charlas con Perón, los años del exilio, la fundación del Frente Grande y sus últimos proyectos cinematográficos.

Solanas se convirtió de forma temprana en uno de los directores fundamentales del cine argentino. Nacido en Olivos en 1936, ya en su primer largometraje, la mítica “La hora de los hornos (1968)”, encontró una voz potente para denunciar el neocolonialismo y narrar las luchas de resistencia popular. Con el Grupo Cine Liberación, filmó luego una serie de entrevistas al ex presidente Juan Domingo Perón que se proyectaban de forma clandestina en villas y barrios populares. En 1975, realizó la celebrada “Los hijos de fierro” —sobre los versos de José Hernández—, pero no pudo estrenarla y debió exiliarse en Europa, por las amenazas de la Triple A. Con el retorno de la democracia a la Argentina, su cine adquirió un mayor lirismo a partir de “El exilio de Gardel” (1985). En 1988, “Sur” le brindó el premio al mejor director en el Festival de Cannes. Con la llegada de Carlos Menem a la presidencia, Solanas se transformó en uno de las principales opositores a las privatizaciones de los bienes públicos y en 1993 fue electo diputado nacional por el Frente Grande, que cofundó junto a Chacho Alvarez. Al año siguiente, fue convencional constituyente, pero luego de la fractura con Chacho, se retiró de la política partidaria. Con la crisis de 2001, se volcó nuevamente a las calles, para retratar las revueltas sociales y criticar la corrupción política y económica en una serie de películas, integrada hasta el momento por “Memoria del saqueo” (2004), “La dignidad de los nadies” (2005) y “La Argentina latente” (2007). En 2004 recibió el Oso de Oro en Berlín por su carrera cinematográfica. En ese 2007 también anunciaba la vuelta a la lucha electoral, con su candidatura presidencial por Proyecto Sur.

 

¿Cuándo y cómo comenzó a pensar el país en términos políticos?

Me recibí de bachiller a los 16 años y enseguida comencé con lecturas de historia, de filosofía y de política. Además, lo trataba mucho a Raúl Scalabrini Ortiz, porque vivía cerca de su casa y estudiaba abogacía con el hijo. Leíamos “Petróleo y política”, de Arturo Frondizi. Así que a los 21, 22 años ya participaba en debates políticos. Eran las épocas de la Libertadora, y yo era un joven muy activo y creía, como Scalabrini Ortiz, que Frondizi venía con un proyecto de defensa de los intereses de la Nación. Pero después, a Raúl lo engañaron con los contratos petroleros, le dijeron que eran contratos de obras y servicios y eran concesiones. Él los había corregido muchísimas veces, pero no eran los contratos verdaderos. Fueron concesiones a perpetuidad, una verdadera canallada, que aún hoy se siguen prorrogando, como el yacimiento de Cerro Dragón. Así que yo frecuentaba desde aquel entonces los ámbitos políticos, era un pibe inquieto, escribía en algunas revistas universitarias, seguía las charlas del filósofo Carlos Astrada sobre Nietzsche, escuchaba a Arturo Jauretche, tenía trato personal con Fermín Chávez y con Juan José Hernández Arregui. Y era primo tercero de Rodolfo Ortega Peña, quien tenía una capacidad de lectura asombrosa y hablaba y leía ocho o nueve idiomas. Era monstruosa su capacidad de trabajo, era capaz de venirse caminando desde Palermo hasta Olivos, donde yo siempre viví.

¿Venía de una familia peronista?

No, pero en 1958 comencé a trabajar con el ingeniero Julio Canessa, el primer presidente que tuvo Gas del Estado cuando se fundó en 1947. Cuando asumió Frondizi, él volvió como director a Gas del Estado y me nombró como secretario privado. Era gente muy rigurosa, con gran amor por la patria. Pero con Canessa duramos poco, porque en marzo de 1959 ya se sabía que Álvaro Alsogaray iba a asumir como ministro de Economía, y le pidieron la renuncia. Yo me empecé a ganar la vida como músico, y era crítico musical de la revista Qué. De ahí mi relación con Jauretche y con Scalabrini. Además, escribía historietas y daba lecciones de piano. Después tuve la suerte de que algunos parientes y amigos me empezaron a encargar jingles comerciales, y me gané la vida así. Con el tiempo formé mi propia productora, para venderles cortos publicitarios. Produje cientos de películas de publicidad, que me permitieron un ejercicio técnico muy grande y el rigor de la organización, porque el cine requiere mucha planificación y atraviesa todas las etapas industriales.

 

Pino Solanas: “En mis películas hice memoria contra el olvido”- Revista Haroldo | 1
Pino filmando "La próxima estación", documental sobre el deterioro del sistema ferroviario, estrenado en septiembre de 2008
Foto: Prensa de Pino Solanas.

¿Cuándo se dio el salto al cine?

En 1964 decidí liquidar mi productora, que era una de las que más filmaba publicidad en la Argentina. Sentía que había quedado prisionero de la fortaleza que había construido. Entonces, me fui al exterior, en un largo viaje coincidiendo con un grupo de amigos que tenía en Europa. Logré destruir esa gran fortaleza y sentí una enorme libertad cuando abrí la puerta. Tenía la libertad para decidir sobre mi destino, porque había quedado atrapado en el consumo. 

¿En ese viaje surge “La Hora de los Hornos”?

Sí, la película es la culminación de toda esa etapa de reflexión y de investigación sobre el país. Eran los tiempos de la Libertadora, y todos los movimientos populares estaban prohibidos. Nosotros, con Octavio Gettino, tratamos de hacer memoria contra el olvido, porque era una época donde todas las imágenes de Perón estaban prohibidas. Yo empecé a juntar muchas imágenes, de amigos, de canales de televisión, de archivos de “Sucesos Argentinos”. La idea era hacer una película, pero no sabíamos muy bien qué forma iba a tener. En el proceso de filmación y montaje la propia película fue buscando su propio estilo.

¿El relato fragmentado que se impone en la película viene del lenguaje publicitario?

En realidad, vienen del cine mudo y del cine soviético. En esa película, hay una fuerte influencia del arte gráfico ruso, de sus carteles. Aunque por supuesto mi experiencia en el campo de la publicidad me permitía un dominio técnico y formal. Yo también me había formado en teatro en el Conservatorio de Arte Dramático, aunque curiosamente mi primera película terminó siendo un ensayo. Creo que la fragmentación en capítulos proviene del modelo referencial del libro ensayístico, e incluso la película tenía citas cinematográficas. Pero creo que lo importante de “La hora de los hornos” es que expresa la voluntad de la rebelión de una generación. ¿Vamos a hacer los que nos dice el imbécil de turno que está al frente del Instituto Nacional de Cinematografía o vamos a aprovechar los 25, 30 años que tenemos?, nos planteábamos. Toda esa enorme investigación me llevó a la revalorización del peronismo, porque soy de una generación que se había formado con mucha desinformación. Así que “La hora de los hornos” es una enorme búsqueda de la identidad. La película hizo una gran explosión en todo el mundo, e impulsó el surgimiento de movimientos en toda América Latina. Además, en el plano internacional también provocaba un redescubrimiento del peronismo, porque en Europa era sinónimo de fascismo. Perón, Evita, Fidel, el Che, Fanon, Sastre, todo estaba metido en la película, no se entendía nada (se ríe).

¿Cómo nació la relación con Perón?

El impacto de “La hora de los hornos” fue tan grande, que Perón me pidió que lo visitara. Yo estaba en Roma y me fui a Madrid, le mostré algunos fragmentos de la película y el Viejo estaba muy entusiasmado. Fue muy afectuoso conmigo. Entonces yo le dije: “General, tendríamos que hacer alguna película con usted, porque ya pasó el tiempo de la cinta grabada. Piense que hay una generación que nunca lo oyó hablar”. Al Viejo le interesó la idea, pero el proyecto recién se concretó tres años después, en 1971. Pasamos seis meses entre Madrid y Roma, porque nunca se sabía cuándo se podía filmar, siempre llegaba gente desde la Argentina. Era la época de negociación entre Lanusse y Perón, así que todo el mundo viajaba a Madrid para hablar con Perón. Por las noches, los bares de la Gran Vía que quedaban abiertos estaban llenos de argentinos, porque siempre había un grupo de 30, 40 personas que estaba aguardando el turno para dialogar con él. Y ahí salieron esas dos películas, “La revolución justicialista” y la “Actualización política y doctrinaria”.

¿Se proyectaban de forma clandestina?

Con el Grupo Cine Liberación conformamos un circuito de distribución de cine militante. Proyectábamos cortos sobre Vietnam, sobre Cuba, en los barrios y luego se armaban debates sobre lo que pasaba, no sobre Cuba o Vietnam, sino sobre lo que ellos vivían. Nosotros les facilitábamos negativos a todos los grupos militantes, fueran del signo que fueran, para que ellos hicieran las copias. Ese circuito comenzó de forma clandestina, hubo mucha represión durante las proyecciones, pero para 1972 las proyecciones eran masivas. Eran fiestas políticas.

¿Cómo analiza a la distancia la figura de Perón?

Nosotros teníamos cierta actitud crítica, pero con un enorme respeto por su figura, porque era el líder de un movimiento de masas. En “La hora de los hornos” hay críticas fuertes contra la burocratización del movimiento durante el segundo gobierno de Perón, porque no había forma de entender el golpe de 1955, con cuatro monos que salieron. En 1968, un compañero le hizo una entrevista, que está en “La hora de los hornos”, donde Perón asumió el error de no haber reprimido los intentos previos del golpe de Estado. Entonces, se equivocó. De ninguna manera uno puede aprobar que él tuviese a su lado a un personaje tan siniestro como López Rega, y no a un compañero, como Julio Troxler, que le envió un mensaje diciéndole que estaba a su servicio para custodiarlo. Pero a Perón no lo explica sólo la historia, lo tiene que explicar también un gran dramaturgo. Ojalá hubiese un Shakeaspeare cerca para poder comprender a los grandes personajes contemporáneos. ¡Qué soledad debe haber tenido Perón para tener a un personaje como Isabelita de compañera! El Viejo era un personaje fantástico, muy afectivo, con una gran cultura, aunque era muy pudoroso sobre sus lecturas. Compartí muchos momentos con él, entre una entrevista y otra. Me llevaba al garage y encendía un Volkswagen coupé a dos colores, y le daba arranque, “para que no se le empasten las bujías”, decía. Caminaba por el parque, estudiaba los árboles, eran un gran buscador de hormigas. En una de esas caminatas, le pregunté si iba a volver. Y él me dijo una frase terrible: “La tragedia nuestra es que es muy tarde para mí, pero es temprano para ustedes”. Era verdad, no nos habíamos formado en democracia, vivíamos en una sucesión de golpes de Estado.

¿Cómo evalúa el éxito de sus películas en los 80?

Con el regreso del exilio, pude armar una coproducción con Francia, donde recibí mucho apoyo, incluso de forma directa del ministro de Cultura, Jack Lang. Ahí salieron “El exilio de Gardel” y “Sur”, que eran sobre el exilio de afuera y el exilio de adentro. Era un modelo que buscaba un gran cine nacional y popular, que no le diera la espalda a la historia. Tuvieron mucho público acá, con más de un millón de espectadores cada una. Y la prensa que me trajeron ambas películas me dieron espacio para que pudiera expresarme, y así fue que ataqué duramente al gobierno de Menem. Fui uno de los primeros que salí con los tapones de punta contra Menem. En 1989 organicé dos jornadas, de cara a la privatización de los canales y las radios.

Pino Solanas: “En mis películas hice memoria contra el olvido” - Revista Haroldo | 2
Afiche de la película "Memoria del saqueo" de Pino Solanas estrenada en marzo 2004

¿Usted lo había votado?

Sí, yo había votado por Menem. Entreveía algo, pero era el mal menor frente a Eduardo Angeloz. Aunque de ninguna manera me imaginaba lo que luego pasó. Creía que iba a ser un gobierno light, pero nunca pensé que iba a entregar todo el patrimonio público, que se iban a robar todo el patrimonio ferroviario. También fui de los primeros que critiqué duramente el remate de YPF y de Gas del Estado. Dije que Menem estaba al frente de una banda de delincuentes que estaba saqueando el Estado. Y él me hizo un juicio por calumnias e injurias. Ratifiqué las denuncias ante el juez, pero al día siguiente me balearon. Eso cambió mucho el signo de mi vida, porque ya no estaba para pensar en películas. Querían que yo me vaya del país, pero yo no quería irme porque hacía poco que había regresado y tampoco estaba dispuesto a callarme. Y ahí me impulsaron a construir una alternativa de oposición, que fue el germen del Frente del Sur y el Frente Grande.

¿Le costó mucho dar el salto a la política electoral?

No, ya se venía dando de modo natural, y era necesario reconstruir la oposición. Así que vino la formación del Frente Grande, que terminó con el corrimiento y la traición de la otra dirección del Frente. Los medios habían convertido a Chacho Alvarez y a la Fernández Meijide en sus candidatos, eran las Elisas Carrió del momento. Enfrentaban a Matilde Menéndez en el programa de Grondona, pero no hablaban del saqueo del petróleo y del gas. Yo resultaba el escupidor de asados, el que quería revisar las privatizaciones y la deuda externa, así que me expulsaron del Frente Grande. Pero en la Cámara me di algunos gustos, y logramos impedir la privatización de Yaciretá, de Salto Grande y de las centrales nucleares, que fueron los únicos bienes que Menem no pudo privatizar. Tampoco los Astilleros Río Santiago, cuya resistencia la encabezó Ángel Cardelli, mi actual compañero de fórmula. También impulsé la ley de cine, de teatro, proyectos ambientales.

¿Por qué decidió volver ahora a la política?

Una vez más estamos sentando las bases para la gestación de un gran movimiento social, cultural y político. El movimiento social en la Argentina tuvo un gran desarrollo en los 90, y sobre todo a partir de 2001/2002, pero nunca pudo conformar una expresión política. Entonces, siempre se terminó votando más de lo mismo. Era una gran asignatura pendiente y al deteriorarse el marco argentino durante este año, decidimos dar un paso al frente junto a la CTA y los socialistas auténticos. Nosotros creamos, en 2002, el MORENO, un movimiento para la recuperación de la energía, y logramos recolocar el tema en la agenda. También generamos Proyecto Sur, que reúne a profesionales y especialistas, para repensar un proyecto argentino con márgenes de autonomía y recuperación de la soberanía, sin recurrir al endeudamiento externo. Queremos impulsar un polo industrial del Estado, que también produzca ciencia y tecnología y reconstruya el tejido productivo nacional. También queremos avanzar en la democratización de las instituciones y la remoción de los jueces federales y planteamos una convocatoria a todas las organizaciones y movimientos sociales a un gran debate sobre el país que queremos. Tenemos que ir hacia una democracia social y participativa, con formas de democracia directa y revocatoria de mandatos. 

¿Una vez más el cine lo empuja a la política?

Sí, las películas que hice a partir de 2003 trataron de repensar el país. Son una crítica del pasado y encierran una propuesta para el futuro.

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