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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

04/10/2020

A 14 años de la sanción de la ley de Educación Sexual Integral

ESI en las escuelas: Hicimos mucho. Tenemos mucho por hacer

Lucía Schiariti era docente de inglés de una escuela pública de Lugano cuando, en 2007, comenzaron a trabajar con otrxs profesorxs para incorporar los contenidos de la Ley de Educación Sexual Integral a las materias. En ese momento, se preguntaba cómo haría para trabajarlos si no tenían “nada que ver” con la asignatura. Ahora, como capacitadora, cuenta que cada vez más maestrxs se anotan para formarse en ESI. Experiencias de primera mano de docentes y alumnxs sobre cómo lxs influyó en su tarea cotidiana y en su vida personal conocer los contenidos de la ESI. “Las escuelas no deben pedir permiso para trabajar ESI”, afirma Schiariti.

Lámina para trabajo en el aula para educación Primaria, Programa Nacional ESI del Ministerio de Educación de la Nación

Allá lejos, en 2007, cuando la Ley de Educación Sexual Integral era incipiente, recuerdo haber participado en una Reunión de personal (no se llamaban EMI todavía) en la que comenzamos a trabajar sobre la ESI. Y a analizar el pre-diseño curricular que tenía la Ciudad de Buenos Aires. Como profesora de inglés de un secundario vespertino en Lugano, me quedé con un montón de preguntas ¿Cómo iba a hacer yo para trabajar todo eso? Si no tenía “nada que ver” con mi materia.

Unos años después, capacitaciones mediante, me “cayó la ficha”. Un día dije “Ah!, claro puedo…” y empecé a ver diferentes maneras de empezar a trabajar con esos contenidos, pero también, y fundamentalmente, con ese enfoque.

Para la mayor parte de la población docente, al principio era todo nuevo, desconocido. Para algunxs, desafiante, interesante. Para otrxs, un problema, una responsabilidad que no pensaban asumir.

En la última década, desde mi rol de capacitadora docente en ESI fui encontrando maestras, profesores, que sostienen posicionamientos bien diversos. Pero hay algo que es innegable: La cantidad de docentes de todos los niveles que se anotan todos los años en las especializaciones de ESi que se han ido creando supera, sistemáticamente, las vacantes disponibles. Los miles de docentes de todo el país que se anotan cada cuatrimestre en los cursos que el Programa Nacional de ESI ofrece entre la oferta del INFoD se sostiene año tras año, e incluso, cuando la propuesta se amplía, vuelve a crecer (la inscripción suele agotares en los primeros días). Esta demanda sistemática y sostenida de formación, de actualización da cuenta de la preocupación, el interés, la responsabilidad de docentes que, como suelen decir “buscan nuevas herramientas para sus clases”.

Es probable que parte de la motivación que acerca a lxs docentes tenga que ver con que, en la formación inicial, lo que se trabaja resulta poco. Y porque es necesario revisarlo, ajustarlo, actualizarlo.

En la cotidianeidad de las instituciones que transitamos, frecuentemente, irrumpen situaciones ligadas a la sexualidad integral que sorprenden, preocupan y se nos vuelven conflictivas dado que no siempre sabemos cómo abordarlas y dar una respuesta acorde con la perspectiva de la ESI. Cada una de esas situaciones, acontecimiento necesita ser pensado, analizado, teniendo en cuenta en sus diferentes dimensiones, para reflejar la perspectiva integral que la Ley ha introducido, y que cambió el paradigma de abordaje de tantos contenidos y cuestiones de las que asumimos en las instituciones educativas.

Para encarar esta tarea, resulta fundamental no descuidar la reflexión sobre nuestro propio posicionamiento, dado que la sexualidad, la educación sexual nos interpelan como docentes. Estar atentxs a nuestros propios prejuicios, miradas personales, posiciones ideológicas en relación a cada una de estas cuestiones, es importante y necesario para que nuestras intervenciones no se vean guiadas por estos supuestos, si no que puedan basarse en el reconocimiento de derechos y el enfoque de la educación sexual integral.

 

 

 

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Campaña lanzada por Amnistía Internacional para exigir la implementación de la ley de Educación Sexual Integral (ESI) en todas las escuelas del país, 2019.

Qué habilita la ESI

En una jornada de capacitación, una docente de primaria relató una situación que había sucedido en los últimos días en su escuela: estaban ingresando sus estudiantes al aula, pero venían con 'demasiada' energía. Les pidió que se detuvieran, y estuvo a punto de decirles “entren primero las nenas”. Pero se acordó lo que veníamos trabajando en encuentros anteriores y entonces dijo: “Entren primero quienes tienen algo rojo… Ahora quienes tienen zapatillas con cordones..” y así siguió. El que se haya podido dar cuenta de que la primera manera en que iba a organizar el ingreso al aula implica una forma binaria habilitó la posibilidad de empezar a desarmar prácticas que suelen repetirse en las escuelas sin cuestionamientos, y que refuerzan modelos cisnormativos y sexistas. Y eso fue posible porque esta maestra pudo revisar su propio accionar, e introducir en su práctica lo que veníamos trabajando conceptualmente.

En otro encuentro, un maestro de Taller de una escuela técnica comentó que una alumna, a quien él quería “ayudar” a mover un motor, le dijo “gracias profe, pero yo puedo”. A partir de ese comentario, el docente se dio cuenta de cómo solía hacer diferencias entre chicas y chicos en sus clases, y reconoció que estaba haciendo un esfuerzo por modificarlo. Cuántos grandes cambios son posibles, a partir de pequeños momentos de reflexionar, cuestionarse, y animarse a ensayar otras aproximaciones. Y esto lo promueva la ESI.

En una escuela secundaria, un alumno de 17 años, que había recibido varios talleres de Educación Sexual Integral (ESI) le contó a su mamá todo lo que había escuchado en el colegio sobre violencia de género y la convenció de irse de la casa, para escaparse de su marido violento. Las estadísticas actuales sobre niñxs víctimas de abusos intrafamiliar dan cuenta de que, entre quienes pueden contarlo, más del 80% tuvieron actividades de ESI en sus escuelas.

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#PuedoDecidir campaña por la semana de la prevención del embarazo no planificado en la adolescencia.
Fundación para Estudio e Investigación de la Mujer (FEIM), 2019

Cuando las familias cuestionan…

Durante 2019, el padre de un chico de 12 años le exigió al colegio que no diera clases de educación sexual, y amenazó con “ir a la justicia”. No fue el único, claro, que manifestó públicamente su rechazo a la implementación de la ESI. Movimiento de familias, a nivel regional, encolumnados detrás del “Con mis hijos no te metás” militan ese posicionamiento, que desconoce derechos, que limita, asusta y condiciona, en la vida cotidiana, a docentes que quieren, pero finalmente “no se animan”. En muchísimas instancias de capacitación sigue apareciendo ese temor: “qué va a decir la familia si”… “vendrán a quejarse”… “qué les digo cuando…”  

Pero ¿a alguna familia se le ocurriría ir a la escuela a exigir que a su hijx no le enseñen la regla de tres? ¿Algún padre iría a solicitar que a su hija no le impartan clases de ortografía o no se trabaje con las conjugaciones verbales? ¿Alguna madre pensaría en reclamar porque a su hijo le están enseñando sobre la conquista de América o la alimentación saludable? Creeríamos que no.

¿Qué familia expresaría su oposición si un docente dice que van a trabajar la resolución de conflictos o sobre la autonomía para la toma de decisiones? ¿Quién se enojaría si una docente asegura que van a trabajar con factores protectores para prevenir situaciones de abuso sexual contra niñxs y adolescentes? ¿Y si nos dicen que van a debatir sobre las maneras de hacer un uso más cuidadoso de las redes sociales? ¿Si la propuesta está focalizada en favorecer y valorar la expresión de sentimientos y emociones? Trabajar sobre el cuidado del cuerpo, cómo construir vínculos entre las personas, sobre la construcción de la identidad y de un proyecto de vida. Pero también, sobre la igualdad de oportunidades para niñas y niños en juegos y trabajos, evitando estereotipos de género, el derecho de las personas a vivir su sexualidad de acuerdo a sus convicciones y preferencias en el marco del respeto por lxs otrxs y la posibilidad de conocer los derechos que niños, niñas y adolescentes tienen (y qué hacer si no se cumplen…) son algunos de esos contenidos que en las escuelas tenemos que abordar.

Más allá de los contenidos, sería muy importante que todos supiéramos que una escuela no sólo trabaja la ESI cuando hace un taller o invita a alguien a dar una charla con estudiantes. En las escuelas, siempre enseñamos sobre sexualidad. Por acción o por omisión. Al hacer algunas cosas, al decir otras. Pero también si nos callamos, si ocultamos. Lo más importante es pensar si estamos trabajando para que esa educación en sexualidad esté planteada desde la perspectiva de la integralidad (es decir, considerando los diferentes aspectos que la caracterizan, biológicos, psicológicos, sociales, afectivos y éticos, según la propia ley).

Lo que sucede es que, todavía, hay muchas familias (e incluso muchxs docentxs) que siguen teniendo una idea de sexualidad asociada a sexo, a relaciones sexuales, a “aparatos reproductores”. Sigue habiendo confusión, y si no trabajás temas de salud sexual y/o género (sean estereotipos o violencia) entonces no parece ESI. Trabajar vínculos, la afectividad en general, no termina de asociarse con la sexualidad. Y no se visibiliza una buena parte de lo que ya se viene haciendo.

Tenemos pendiente además el seguir trabajando para desarmar la idea de que ESI es un taller, una jornada, la ‘clase’ de ESI. Con docentes, lo que trabajamos es que la ESI es una mirada, una perspectiva que se asume, y sirve para encarar todas las prácticas educativas.

Volviendo a las quejas de las familias, es importante recordar que las escuelas no deben pedir permiso para trabajar ESI. De ninguna manera. Las escuelas deberían invitar a las familias para compartir diversas actividades, compartir las propuestas que se piensan como parte del proyecto de trabajo. Además, al comentar qué temas se abordarán en el año, se podrían incluir cuáles de los contenidos que los diseños curriculares prescriben para la ESI y se irán incorporando.

En este sentido, la resolución 340/18 del Consejo Federal de Educación, que estipula cuáles son los contenidos mínimos que todas las escuelas y en todos los niveles deben trabajar con sus estudiantes, se constituyó en una potente estrategia para traccionar la implementación de la ESI. No sólo al fijar esos Núcleos de Aprendizaje Prioritario (NAP), sino al crear los equipos de referentes de ESI en cada escuela, que ayudan a visibilizar y motorizar, sistematizar todo lo que ya se viene haciendo.

* Lucía Schiariti es docente capacitadora en Educación Sexual Integral.

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