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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

05 de septiembre de 2020

Día Internacional de la Mujer Indígena

Reivindicar la Madre Tierra como la primer mujer indígena

La autora, Curaca de la Comunidad Indígena TULIÁN, Pueblo Nación Comechingón, recorre historias de resistencias protagonizadas por mujeres indígenas y afirma que el patriarcado es una herencia de la colonización cultural que alteró los modos de relacionarse entre las personas y con la naturaleza. 

Ilustración de autor desconocido de la lidereza indígena aymará Bartolina Sisa

Cada 5 de septiembre celebramos el Día Internacional de la Mujer Indígena, en conmemoración al asesinato de Bartolina Sisa, lidereza de la rebelión anticolonialista del Alto Perú. La fecha fue instituida por decisión del "2° Encuentro de Organizaciones y Movimientos Indígenas de América" celebrado en Tiwanaku, Bolivia, en el año 1983, con el objetivo de recordar la memoria de todas aquellas mujeres, luchadoras y artífices de gestas históricas en defensa de los Derechos Indígenas; así como también de aquellas que murieron en la lucha contra la discriminación y los abusos cometidos a este género.

Bartolina Sisa, de origen Quechua, nació el 25 de agosto de 1750 en la provincia Loayza del departamento de La Paz, Bolivia. Estaba casada con Julián Apaza, el líder conocido como Túpac Katari, con quién, luego de haber tenido 5 hijos, 4 varones y 1 niña, lideraron una feroz resistencia al colonialismo, la esclavitud y al saqueo de los territorios sufridos en aquella época.

Como líderes y organizadores de esta resistencia, Sisa y Katari habían sido nombrados Virreina y Virrey del Pueblo Inca, a partir de lo cual comenzaron a organizar los campamentos militares para la sublevación. Para ese momento corría el mes de marzo del año 1781 y la joven contaba con la edad de 30 años.

La inteligencia y habilidades de Bartolina la llevaron a liderar su propio ejército en Pampahasi, mientras Tupac Katari lideraba en El Alto. Aunque también las historias de lucha de esta heroína se cuentan en la ciudad de La Paz, en El Alto; en Chacaltaya; en Killi Killi; en el Calvario; en el valle de Potopoto,y en Sorata.

Luego de cuatro meses de una tremenda lucha, Bartolina Sisa es tomada prisionera por el ejército español. Durante casi un año fue torturada y humillada por el brigadier Sebastián Segurola para obtener información, aunque jamás fue quebrada. Estando prisionera, Katari intentó liberar a Bartolina en varias ocasiones, los intentos bélicos fallaron, tanto como los pacíficos. Buscó intercambiar a Bartolina por el cura Vicente Rojas, incluso ofreció entregarse en su lugar, nada fue aceptado. El 10 de noviembre del mismo año, Tupac Katari fue tomado prisionero y el 14 de noviembre, Bartolina Sisa fue obligada a presenciar su descuartizamiento público en la plaza de Peñas.

Demasiado tiempo después de ese día, el 5 de septiembre de 1782, Bartolina Sisa fue sentenciada a morir descuartizada. Su sentencia de muerte reza lo siguiente: “A Bartolina Sisa Mujer del Feroz Julián Apaza o Tupaj Catari, en pena ordinaria de Suplicio, que sea sacada del Cuartel a la Plaza mayor atada a la cola de un Caballo, con una soga al Cuello y plumas, un aspa afianzada sobre un bastón de palo en la mano y conducida por la voz del pregonero a la Horca hasta que muera, y después se clave su cabeza y manos en Picotas con el rótulo correspondiente, para el escarmiento público en los lugares de Cruzpata, Alto de San Pedro, y Pampajasi donde estaba acampada y presidía sus juntas sediciosas; y después de días se conduzca la cabeza a los pueblos de Ayo-ayo y Sapahagui en la Provincia de Sica-sica, con orden para que se quemen después de un tiempo y se arrojen las cenizas al aire, donde estime convenir”.

“Reivindicar la Madre Tierra como la primer mujer indígena” - Revista Haroldo | 1
De derecha a izquierda:
la princesa Muishka, de Colombia; Katia Gibaja, quechua de Perú;
la abuela Evelia Padilla, Lakota de México y Mariela Tulián, comechingón
en el Re-encuentro 11:11, Capilla del Monte, 2018

Complementariedad para el buen vivir

Vivimos en un campo de polaridades separadas donde todo se halla cifrado en un lenguaje de complementariedad. En la Madre Tierra, ningún ser es completo sin su otra mitad, reflejo opuesto de sí mismo: el día sigue a la noche, como la cosecha sigue a la siembra y el ser femenino, al ser masculino. Como es afuera, es adentro; como es arriba, es abajo. En el complejo entramado de la vida, nada es aislado, ni puede existir sin su energía complementaria.

Desde este lenguaje, el dar para recibir representa la sabiduría de la reciprocidad energética. Así por ejemplo, encontramos que en huertas naturales de hierbas medicinales donde el territorio es masculino, las hierbas brindan medicina para las mujeres; y en territorio femenino, las hierbas medicinales que cosechamos, elaboran medicina para los hombres. La complementariedad innata, es una sabiduría más que nos regala el territorio.

Si de simbolismos hablamos, nuestro símbolo por excelencia es el Inti Puka, el Sol Rojo del Pueblo Comechingón. Para la gran mayoría de los pueblos indígenas y ancestrales, el sol representa la fuerza masculina y la luna representa a las mujeres. Sin embargo, para nosotros, tanto hombres como mujeres provenimos del mismo sol; los hombres son hijos del sol, mientras que las mujeres provenimos de la luz, de ese mismo sol. Porque nuestro sol es rojo, rojo de arcilla, arcilla de nuestra Madre Tierra. Así, nuestro padre posee forma a partir de nuestra Madre, no podría existir sin ella, no poseería cuerpo. Así, el Inti Puka, se transforma en el primer símbolo de complementariedad absoluta.

Y esto, estas historias narradas por las abuelas y abuelos, como parte de la sabiduría de un pueblo indígena que ancestralmente ejercía la poligamia, dentro de una concepción comunitaria matriarcal. Esto quedó registrado en detalle en los horrorosos expedientes de los juicios que la Inquisición llevó adelante en contra de nuestras mujeres. Los expedientes muestran mediante interrogatorios de torturas que tanto hombres como mujeres comechingón, podían mantener paralelamente matrimonios hasta con 4 parejas, siendo el hombre el responsable de quedarse en la casa al cuidado de los hijos. Muestran y relatan una realidad de aquel entonces, en la cual algunas mujeres eran reconocidas como caciques de más de una población o comunidad incluso.

Los expedientes dan cuenta de la gran repugnancia que estas prácticas culturales provocaba en los conquistadores. Para el Pueblo Nación Comechingón, el amor es la energía, la fuerza y el sentimiento más importante y determinante de cualquier ser. Tal fue la tarea de la conquista, que perdimos total conexión con esa forma pura de entender el amor.

A la llegada del español a América, eran muchas las líderes mujeres que encontraron. Se negaban a reconocer sus cargos y a tratarlas como iguales; esto entre otros abusos, saqueos y vejaciones, fue provocando los levantamientos que dieron registros probos de cada situación.

Uno de esos ejemplos fue el caso de la líder Yalcón conocida como la Gaitana de los Andes Colombianos, quien no sólo lideró numerosos ejércitos contra los invasores, junto a otras caciques como Ague y Ayunga, sino que su capacidad para generar nuevas estrategias bélicas y lograr unificar a los pueblos vecinos desde su capacidad de oratoria política, le dio trascendencia y la inscribió en la historia como el más claro ejemplo de aquella luchadora por necesidad, por dolor y despojo.

Esta mujer, cuyo verdadero nombre era Guatepan, era la hija de los líderes espirituales de su pueblo, y por lo tanto, heredera de estas sabidurías y no de las artes de la guerra, se volvió aguerrida en defensa propia y en defensa de sus hijos. Toda su historia la convirtió en la contraparte de Malinche, la india traidora de América.

Cada una de estas historias, contadas en el contexto de saqueo y genocidio de América. "Consta en el Archivo de Indias, papel sobre papel, recibo sobre recibo y firma sobre firma, que solamente entre el año 1503 y 1660 llegaron a San Lucas de Barrameda 185 mil kilos de oro y 16 millones de kilos de plata provenientes de América." Y esto, en un solo puerto y en ese período de tiempo. Es incalculable la cantidad de oro, plata, esmeraldas, perlas y otros metales y piedras preciosas que se llevaron. Todas estas historias de resistencias, en medio de un contexto de genocidio, porque América estaba habitada por entre 50 y 100 millones de personas, antes de la llegada del español. Durante los primeros veinte años de conquista, se registró la muerte del 90 % de la población por enfermedades traídas en los barcos, enfermedades como viruela, sarampión, tosferina, paperas, lepra, gripe, difteria, fiebre amarilla, fiebre tifoidea, cólera, conjuntivitis, sífilis y gonorrea.

La historia de la Gaitana comienza cuando en el año 1538, Pedro de Añasco cita a los jefes indígenas de la región de Timaná para imponerles tributo, encomienda y otras obligaciones de la Corona. Al encontrar una mujer como autoridad comunal y negando su liderazgo, el español cita en su lugar al hijo mayor de la Cacique, quien no se presenta a la reunión. Ante esta insurrección de una pequeña Comunidad, Añasco planifica ejecutar un castigo con la idea de que sirviese de escarmiento a todos los demás, para que se sometieran sin contradecir sus órdenes; enviando a sus soldados a media noche a casa de la Gaitana, llevándolo a su hijo cautivo. Sin consideración a los lamentos y desesperación de su madre, lo mandó quemar vivo en presencia de ésta.

La cruel ejecución provoca el levantamiento en armas de La Gaitana, quien logra congregar más de seis mil indios, en una primera ocasión. Al ser capturado con vida, este capitán es entregado a la Gaitana, quien lo tortura en una venganza más cruel todavía que la vivida por su hijo. A partir de ese momento y hasta su muerte, esta lidereza emprende una resistencia que queda escrita en la historia y en la memoria de los pueblos de Colombia y Venezuela, quienes hasta hoy erigen monumentos por su hazaña. Por su calidad de políglota, por su herencia espiritual y su capacidad política, recorrió ambos países, liderando el levantamiento de varios pueblos y logrando organizar bajo sus órdenes a miles de guerreros.

Algo de esta herencia de tristezas y despojos es relatado por nuestro pueblo comechingón en la leyenda de Arabela. Aquella joven guerrera que olvida que la esencia de nuestro pueblo es el amor, que el guerrero debe ir a la batalla guiado por el amor y no por el odio o la venganza, y así erra su camino el guerrero y extravía su misión de vida.

Con el correr de los siglos en América llegamos a integrar una sociedad donde prácticamente no se podía concebir la existencia de una lidereza social, política o económica. El machismo resultó ser una herencia más de la colonización cultural. Colonizadores y vencidos vivimos sumidos en un patriarcado que duele. Patriarcado que transformó nuestra Madre Tierra en propiedad privada, en recursos y bienes comerciables. Incluso con la incorporación del principio mercantil de la competencia en todos los ámbitos sociales, como herramienta para justificar la inequidad en el acceso a espacios de poder.

Si ni siquiera el nombre de este Continente respetaron, la designación de América data de 1507, derivado de Américo Vespucio, quien fuera el primer cartógrafo que hizo un mapa de las nuevas tierras. Preferimos llamarla Abya Yala, término que se compone de “Abe”, que quiere decir “sangre”, y “Ala”, que es como un espacio, un territorio, que viene de la Madre Grande. Abya Yala significa “tierra madura” o “tierra viva”, según la lengua del pueblo Kuna.

Mucho ha cambiado, de a poco vamos logrando la emancipación del ser femenino que somos, pero la lucha sigue siendo desigual. Los saqueos y la colonia tomaron otras formas, se camuflaron en empresas, en sistemas de Estados autistas a los reclamos de emancipación que todavía no pueden cesar mientras continúen saqueando nuestros recursos. La megaminería, los incendios forestales intencionales, fumigaciones, megafactorías porcinas que importamos sin tomar conciencia la gran cantidad de alimento sano que tenemos el potencial de exportar, si nos lo proponemos de verdad.

Le pedimos a nuestra Madre Tierra que se estremezca y tome venganza, pero la Madre Tierra no toma partido, ella nos ama y cobija a todos por igual. Simplemente no conoce los sentimientos viles del ser inferior. En este contexto, donde el ser femenino por excelencia se halla en un proceso de cambios tan rotundos, reivindicar el rol de la mujer indígena es recordar que para nuestra gran Madre, la búsqueda constante del equilibrio energético es el camino del Buen Vivir.

Las mujeres indígenas del Abya Yala reivindicamos su derecho a la vida, levantamos la voz fuerte y alto y decimos que de a poco nos vamos sanando el patriarcado y emancipando nuestros espíritus.

 

 

     * Mariela Tulián, Casqui Curaca Comunidad Indígena TULIÁN, Pueblo Nación Comechingón.

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