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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

05 de agosto de 2020

Las ocasiones #5 - Juana Bignozzi

A 5 años de su fallecimiento, Revista Haroldo publica una selección de poemas de Juana Bignozzi elegidos por el área de Literatura del Conti y prologados por Damián Lamanna Guiñazú.

Foto: Archivo Juana Bignozzi

Juana Bignozzi nació en Buenos Aires en septiembre de 1937. Fue poeta, traductora, periodista y militante política. Entre las décadas del 50 y el 60 integró junto a Juan Gelman y José Luis Mangieri, entre otrxs poetas y militantes del partido comunista, el grupo Pan Duro. En 1974 partió al exilio y recién volvió a la Argentina treinta años después. Falleció el 5 de agosto de 2015. 

 


“¿Quién es el tercero que siempre va a tu lado caminando?” se pregunta en pleno ascenso por la montaña la voz de “Lo que dijo el trueno”, poema V de la Tierra Baldía de T.S. Eliot. La pregunta pone en relieve una metafísica del sujeto moderno, su multiplicidad: el otro de Rimbaud, los heterónimos de Pessoa, los fantasmas que ya no habitan la Spoon River de Edgar Lee Masters. El poema se revela en este pasaje como la conciencia del desdoblamiento, como una dualidad que es también una falta, lo incompleto. Se escribe, y por ende se vive, junto y para esos otros: rumores que se asoman por detrás del hombro para que no podamos olvidar lo que no fue, para que notemos que la herida en nuestra espalda está a la vista de todxs. Casi noventa años después Juana Bignozzi definirá esta condición del yo con gran claridad: “siempre se escribe para un fantasma/para una cuenta pendiente y oculta/para un fantasma íntimo y secreto/su presencia hace a los poetas”. El poema (y el poeta) es una ofrenda a aquello que lo hace posible, a la forma del vacío que anida en su origen.

Juana Bignozzi nació en Buenos Aires en septiembre de 1937. Fue poeta, traductora, periodista y militante política. Entre las décadas del 50 y el 60 integró junto a Juan Gelman y José Luis Mangieri, entre otrxs poetas y militantes del partido comunista, el grupo Pan Duro. En 1974 partió al exilio y recién volvió a la Argentina treinta años después. Fue parte de una generación (es decir, de una juventud) que creyó en la Revolución socialista. Quizá el fantasma para el que escribió haya tenido la forma del más famoso de los espectros. El espectro que vio morir.

Leer a Bignozzi es transitar con dureza y dignidad la memoria y la derrota de una generación. Una derrota que es a la vez la educación sentimental de su comunidad, el símbolo de lo más imperecedero de los vínculos: el haber estado ahí, juntos. La existencia de un espacio íntimo y festivo que se refuerza con la evocación de lo/s que ya no está/n. Para Bignozzi el poema es un territorio en permanente desplazamiento, es el lugar del otro -lxs compañerxs, los amores, la madre, lxs jóvenes- que es también un yo en permanente disolución frente a la última palabra, siempre potestad del tiempo. Mientras tanto, se permite nombrar lo que ya no es con simpleza, humor e ironía; ironía que jamás se transforma en cinismo, en distancia superada, en el gesto de patear en el suelo a los que fallaron, sino en nostalgia, en la tristeza de umbral por la tarde que se hace presente mientras unas manos acomodan los objetos y los rostros del pasado.

Con la intención de ofrecer un panorama amplio sobre una obra que atraviesa 60 años, incluimos para esta selección poemas de la mitad de sus libros: Mujer de cierto orden (1967), Regreso a la patria (1989), Interior con poeta (1993), si alguien tiene que ser después (2010) y Novísimos (2019), su libro póstumo. Estamos frente a una obra que se expande, que multiplica su vigencia y genera nuevos lazos. De la comunidad perdida como motivo, a la poesía -y la ausencia- como centro de una nueva comunidad. Un concepto más para definir la obra de Juana Bignozzi: la reivindicación de la amistad.

“Las ocasiones #5 - Juana Bignozzi” - Revista Haroldo | 1
Foto: Soledad Lavagna Pérez

Desde sus cuatro clavos las fotos de la pared me dicen
del otro lado del mar nuestros huesos se deshacen,
del otro lado del mar hay flores rojas sobre ciertas tumbas
y silencio, rabioso silencio sobre otras
de este lado del mar,
en este hermoso mitológico país y casi nuestro
los rebeldes oficiales contemplan
sus balazos en la espalda,
sus fotos autorizadas;
las mejores vidas que me rodean pierden la forma,
a los rebeldes oficiales no les gustan ni las rabias ni las tristezas,
los muertos que no olvidamos los irritan en particular,
pero qué se le va a hacer,
dando pruebas de falta de respeto
nuestros huesos se mueven amparados por su furia,
suelen decirse no estamos muertos.

 

de Mujer de cierto orden, 1967.

 

***

Luz de gas

Todos pudimos apagar y encender las hogueras
digamos, las luces
los más inconscientes lo hicimos
pero yo pregunto
quién tuvo la valentía de verlas agonizar
y siguió hablando moviéndose
pensando en las celebraciones
sonriendo ante las consecuencias del cambio de estación
la luz que agoniza era una obra que amaba mi madre
en su fantasía del teatro
pero aquí no habrá salvadores
lúcidos detectives jóvenes enamorados
sólo héroes que miran cómo agonizan
y simulan vivir una vida
¿quién la llamó vida?
sin revolución

de Regreso a la patria, 1989.

 

“Las ocasiones #5 - Juana Bignozzi” - Revista Haroldo | 2
Foto: Soledad Lavagna Pérez

Aristocracia obrera

 

Las casas que vimos construir tienen años

las amplias labias son sólo discursos de mitómanos

charlas de magisters

cátedra de confusión

no hay olvido ni paz sólo alguna entrevista pendiente

una carta por escribir

la distancia siempre llegó demasiado temprano a mis fiestas

mucho más de lo que amé ha caído en el vértigo de lo ridículo

la poesía es una señorita esquizofrénica que delira al après-midi

los que ostentaban la escoba de la historia

cuidan la limpieza de sus legajos

yo sonrío aunque no haya laúdes con qué

acompaño a la gente hasta el ascensor

abandonada, perro de umbral en las tardes

viejo pecador converso jamás en silencio

a ver

líneas de las manos

de venus destrozada de apolo inmejorable

alegrías que no le quitan profundidad a mi pensamiento

pero sí lo aligeran

recuerdo algún cementerio sentimental

cierta felicidad de un viaje nocturno

enloquezco con estilo

mientras los dueños de esta luz de domingo a la mañana

con un sentido de la realidad muy argentino

jugados a la precariedad y a la historia

sobreviven en tensa vigilancia

ignoran la tranquilidad de las siglas

no se tranquilizan con ajenjos marchitos

ahora que todo empieza a terminar

confiemos en la diferencia de nuestras muertes

nada las cambiará

menos estas alianzas pasajeras

las maravillosas delicadezas y sus culitos pateados

cada vez que muevo esta mano

cambio de lugar un objeto

aparto algún rostro

como en un triunfo de mis peleas y de mis muertes

o una felicidad de mi final

sé que mis hermanos desconocidos no me olvidarán

 

de Regreso a la patria, 1989.


***

después de tanto símbolo mal entendido
el peor cartón piedra de artes menores
después de tantos años dominados por la ceguera
de que volverían a buscarme
he soñado la solución
ahora postergada de por muerte
de mi sueño recurrente:
en el infinito andén de nuestro reencuentro
rodeados de gente para siempre joven
somos los únicos que hemos entrado en la vejez

de Interior con poeta, 1993.

***

 

aunque sé que a veces me escuchan pensando que soy
el mausoleo de una generación
cuyas reivindicaciones ahogó la dureza de estas décadas
y se asombran de que aún emprenda animosa el viaje
hacia corazones y lenguajes jóvenes
siga hablando del color con que vi el mundo
y lea con más gusto a unos desconocidos que a viejos compañeros
debo decirles
aprendí hace mucho
que no hay nada más patético
que la canción del verano la canción del momento
pasado ese verano pasado ese momento.

 

de Si alguien tiene que ser después, 2010.

 

“Las ocasiones #5 - Juana Bignozzi” - Revista Haroldo | 3
Foto: Soledad Lavagna Pérez

para un poeta
el instrumento de su poder
el escaparate de su ideología
son sus poemas
después está la explicación
el cartesianismo que tanto seduce en los reportajes
el proyecto estético que apabulla a las buenas almas

alguien lee a un desconocido
recuerda para siempre unas palabras
detrás de ellas hay una biografía
a lo mejor también un luchador
y a veces hasta la corte de una reina
y ese lector feliz
para gloria de la poesía
lo ignorará

de Si alguien tiene que ser después, 2010.

 

***

 

En medio de mi furia y mi tristeza
vuelven para decirme
hasta cuándo resistirás
con esta poesía dura y guerrera
que mantiene el desconcierto aún en la vejez
ya nadie sabe de qué hablás
todo es una historia ignorada e indescifrable
y ya sólo enamora para siempre a ese fantasma

siempre se escribe para un fantasma
para una cuenta pendiente y oculta
para un fantasma íntimo y secreto
su presencia hace a los poetas

sola con él cruzaré esa última plaza vacía.

 

de Si alguien tiene que ser después, 2010.

 

***

recordar no es no olvidar recordar tiene escenarios
   fechas vergüenzas
y oprobios de la edad
nunca olvidé aquella plaza
siempre creo recordaré esas espantosas sandalias rojas
que ya sé cómo me quedaban
yo creía que con ellas sería querida admirada
por aquello a lo que no estaba destinada
una decente casita de barrio
los bailes de la sociedad de fomento
a dos cuadras de casa
me hubieran querido acompañado
me hubieran hundido y desesperado
escapé con la ayuda de mi madre y el juicio de mi padre
aún en sueños me acecha el horror doméstico y barrial
tengo el sentimiento de los que escapan
siempre detrás hay alguien mirándome

 

de Novisimos, 2019.

 

“Las ocasiones #5 - Juana Bignozzi” - Revista Haroldo | 4

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