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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

21/11/2023

Las ocasiones #20

Fiona Benson

Depredación sexual y violencia metamórfica para actualizar a Zeus. Selección de poemas de Fiona Benson, traducidos y prologados por Daniel Lipara.

Las cosas antiguas son cosas nuevas, decía el artista plástico Cy Twombly. Su obra está llena de pinturas frenéticamente raspadas con nombres de dioses griegos y versos de la Ilíada. Fiona Benson parece haber tomado el espíritu de esa frase, y le volcó un bidón de nafta encima. Nació en 1978 en Wroughton, Wiltshire, y pertenece a una generación intermedia de la poesía inglesa. Se doctoró investigando la influencia de Ofelia en los primeros años del teatro moderno. Benson es autora de cuatro libros de poesía incluyendo Vértigo y fantasma (2019). Vive en Devon con su esposo y sus dos hijas.

Al igual que Anne Carson, Louis Glück y Alice Oswald, la poesía de Benson actualiza la antigüedad griega al siglo XXI. Todas ellas comparten, me parece, algo nuevo en el modo de actualizar. Su mirada no descansa en el peso de una referencia clásica. Quiero decir, no alcanza con poner a Telémaco de telemarketer para sacar chispazos. La fuerza inédita de su poesía está en el énfasis del verbo por sobre el sustantivo. Los mitos revelan una corriente de fuerzas, tensiones y procesos vitales; una zona de excavación donde raspar violencias estructurales que continúan siendo, como diría Twombly, antiguas cosas nuevas. Vértigo y fantasma abre con un poema sobre la aparición del deseo en la pubertad. Después salta al vacío con Zeus, una sección feroz y visceral que revisita las “aventuras amorosas” del dios trueno. Benson extrae referencias de los mitos –las diosas y ninfas que fueron “raptadas”– pero lo importante no es tanto el nombre propio sino la depredación sexual como genética cultural y como violencia metamórfica y omnipresente.

En los mitos griegos encontramos palabras como rapto, estupro, posesión y amor. Ese es el léxico con el que fueron traducidos y conservados como parte de una tradición. Benson despedaza ese velo lingüístico y expone todo lo que pueden esconder los eufemismos. Como resultado, el mito clásico de secuestros sexuales y la cultura de la violación contemporánea se vuelven mucho más familiares de lo que parecían. El Zeus de Vértigo y fantasma es un violador serial. El misógino, el chongo acosador, el seductor pasivo agresivo, el marido violento, el machito burlón, el pederasta. Además del bestiario tradicional –el toro, la lluvia dorada– Benson va al hueso metamórfico de Zeus para encontrar otras transformaciones y avatares. Un votante de Trump, un personal trainer abusador, un ex convicto por delitos sexuales con tobillera y perimetral, entre otros. En vez de túnica, tiene una zunga apretada. No empuña un rayo en el Monte Olimpo; anda armado por todos lados. Es inteligente, manipulador y un psicópata sexual. Su voz suena en mayúsculas. 

La vergüenza no ayuda; los tabúes no ayudan. Deberíamos tratar de ser tan valientes como nuestros poemas, dice Benson. Vértigo y fantasma descubre en los mitos griegos un nuevo y antiquísimo espejo para una herencia patriarcal –y literaria– tan arcaica como actual. Y nos hace mirarnos al espejo. 

 

Ilustración:  Martín Eito

ACE OF BASS

Fue ese verano,
rebalsaba de hormonas
como un cóctel químico espectacular 
en un vaso largo con hielo; mi corazón adolescente
una cereza al marrasquino 
que asomaba brillante mientras ese arcoíris 
me atravesaba, iluminándome
como a un pez, y yo estaba borracha, 
obsesionada, ansiosa por que me tocasen,
mi cuerpo iridiscente derramaba color 

mientras la noche larga del verano abría sus puertas 
y nos llamaba al atardecer a sentarnos en el sofá 
y hablar de chicos, aunque en ese momento
habríamos cogido con cualquiera (entre nosotras, de habernos animado,
ahí mismo, en las canchas de tenis) todas las chicas sin padres
eximidas del internado para entrenar el revés,
con el deseo como un vicio en común, 
la cuchara torcida, las ganas y el quedarse con las ganas,
reprimirse

mientras escuchábamos los mismos tres cedés o los 40 principales
hasta agotar las pilas, hasta que el asfalto
nos estampaba su arabesco en la piel irritada de los muslos
y nos contábamos quién había hecho qué con quién,
qué había sentido, todas aceleradas,
y el sexo no había llegado todavía, pero estaba en camino,
y hacia él corríamos, 
a su hermosa y eufórica neblina,
hurgándonos de noche el cuerpo hambriento, 
buscando una descarga, como si el alivio después pudiera durar algo,
como si del otro lado hubiera un pozo de amor.

ZEUS

[Zeus]
los días que hablaba con Zeus
sólo comía hielo
sentía la sangre revuelta y me quemaba
debajo de la piel

aparecían ampollas
en las partes blandas
de mi cuerpo 

vidrio blindado
y un teléfono entre nosotros
y ni así estaba a salvo 

me retumbaba un trueno en el cerebro
los surcos arrugados
hemorragia

dejé el dictáfono encendido
y lo único que quedó en el cassette 
fue mi voz 
gritándole vulcanizada
de esta no te salvás

*

[archivos]

Zeus en libertad condicional:

NO ES DIVERTIDO
ESTA TOBILLERA
ME PEGA UNA PATADA 
CADA VEZ
QUE PASO DEL PERÍMETRO
Y SIN EMBARGO
ES DIGAMOS
¿ERÓTICO?
LA SÚBITA CONDENA
EL SUBIDÓN

*

[vigilancia: toro arrodillado]


no está    el crepúsculo como un moretón    su aire amarillo
todavía no está    problemas    de señal
los árboles cercanos que se azotan    su espesarse,
cómo se aviva    al límite del campo    las vacas lecheras agolpadas
contra el último cerco    estampan las pezuñas
como epilépticas    percuten con las patas    contra el suelo              
echan espuma las narices    el blanco olor quemado    de la mirra;
aún no está    una niebla carbón    se manifiesta
como una tormenta en altamar    un toro de rodillas    ¿eran 
acaso moscas?    se yergue tambaleante    un toro blanco y sucio
dos rayos en los cuernos    falo violáceo    erecto
un trueno que crepita    en su gamuza    mientras brama
y la tierra se abre    al inframundo    y todos los muertos
chillan    la chica que camina    por la orilla del río
deja caer las flores y el teléfono    da media vuelta    corre

*

[Zeus]


ME GUSTAN LAS REVISTAS
QUE COMPRÁS HERA
SÍ     ME GUSTAN


MIRALA A ÉSTA 
LAS CLAVÍCULAS DELICADAS DE PAJARITO
LA CINTURA DE AVISPA
LA CARITA DE BEBÉ 


TENÉS LA PANZA 
HINCHADA ÚLTIMAMENTE 
PODRÍAS HACER ALGO DE EJERCICIO
TE LA PASÁS TIRADA 

LEYENDO TUS REVISTAS
MIRÁ CÓMO TENÉS LAS ALAS


AUNQUE CREO QUE VOS
NUNCA FUISTE MUY LINDA QUE DIGAMOS
NUNCA FUE
LO TUYO

*

[personal: zunga]

Paramos 
antes de la playa
a tomar algo. 
Zeus se desviste
hasta quedarse en un minúsculo
speedo rojo 
que le marca obscenamente el bulto.
Bajo la guardia
y me río 
mientras él se reclina
en la silla de plástico
con las patas plegables.
Es un error.
Él se para de golpe.
Yo revuelvo los hielos 
de mi trago
y aguanto la respiración
y escucho
la electricidad 
que le chisporrotea por la piel
hasta detenerse.
Entonces le agradezco
el jugo de naranja.
Está recién exprimido, digo,
es el más rico que probé en la vida. 
Zeus vuelve a recostarse
en su sillita endeble 
y mira
a las ninfas 
que pasean hermosas
en bikinis neón
y mueven los omóplatos 
señalándose cosas
entre sí.
Qué ganas de escaparme
y conspirar
con ellas.

*

[Zeus: Sémele]

¿YA HABLÉ DE
SÉMELE? MURIÓ
CARBONIZADA,
NO PUDO SOPORTAR MI
VERDADERA FORMA INMORTAL
LO MEJOR ES DISFRAZARSE
DE PAVO REAL DE
TORO DE CIERVO DE CISNE
CUANDO ESTÁS
ENTRE PERSONAS
SOBRE TODO SI
QUERÉS 
CONSEGUIRTE A UNA CHICA

*

[Zeus: Dánae]
 
ME ENCANTA ESTE PRESIDENTE.
EL BRILLO DE SU TORRE DE ORO.
HACE PENSAR EN DÁNAE
ME LE TIRÉ
COMO UNA LLUVIA DE ORO
LE DECIMOS DIVISA
LA DIVISÉ Y FUI UNA CORRIENTE
QUE LA CUBRÍA TODA
DE UNA COSA DURA
Y ACUÑADA. AHÍ ESTÁ
EL FALO DE ORO
DE SU TORRE
CUÁNTOS HUEVOS
TENDRÍA QUE DESTRUIRLO
PERO ES TAN DIVERTIDO
MIRAR CÓMO A SU ESPOSA
SE LE CAE LA SONRISA
CUANDO ÉL MIRA A OTRO LADO
ES UN MEME
DE INTERNET
A LOS HUMANOS
TAMBIÉN LOS ENTRETIENE 
EL ATISBO 
DE ABUSO
EL LLANTO DE UNA ESPOSA MILLONARIA
ES UN INCIENSO 
MUY PARTICULAR 
COCAINA, PACHULI
EL MUNDO
ES VIOLENTO Y
RIDÍCULO Y DULCE

QUERIDA COMPAÑERA DE INTERNADO

Este es el poema donde tu jeep no choca;
no hay tantos baches en la ruta, una cabra 
no se atraviesa en tu camino, tu esposo no se asusta
ni gira bruscamente sino que la atropella, mata a la cabra
llena de garrapatas, con las ubres raquíticas, o mejor aún,
la cabra se escabulle entre las matas; en todo caso,
tu jeep no vuelca, o si vuelca
está bien equipado con bolsas de aire y cinturones de seguridad
de manera que no sales lastimada, y si sales lastimada
este poema es el hospital donde te recuperas
uno muy bien provisto de sangre y medicamentos y agujas esterilizadas,
no el hospital de pueblo con los suministros agotados
y su larga hilera de camas donde duermen pacientes con malaria, el único doctor
sobrepasado, con cara de susto; y tú no sabes que vas a morir,
así que no le dices a tu esposo que esperas que, a los veinticinco, tu muerte
acerque a tus amigos a Dios, evangelista hasta el final;
y bueno, aquí estoy yo, rezando como puedo para pedir un poema 
en el que no te escabulles para verme cada noches quince años,
aquí de nuevo pero transformada, desfigurada o con el pelo al ras,
secuestrada o violada, un poco más ingenua, 
incapaz de contarme las atrocidades que sufriste
del otro lado; y sostengo tu cuerpo destrozado 
entre los brazos una fracción de segundo antes de despertar
en este mundo sin resurrección y en el que sigues siendo,
querida compañera, prácticamente una estudiante, 
y en que siempre estás muerta.

CANCIÓN DEL BOSQUE

Hijas, cuando ellos vengan
nos vamos a esconder entre los árboles,
pasando la pradera
y el huerto,

de lugar en lugar,
hasta que seamos ciervos en el bosque
(una hembra de patas rápidas
junto a las crías)

vamos a escabullirnos entre matorrales
o ir por el curso del agua que no tiene olor,
seguir el liquen 
que se aclara al norte,

las mantendré calientes
cuando anidemos
bajo el techo enredado
de las ramas,

y al despertar temprano
nos tocará seguir, seguir, seguir,
bajo la oscura mano amiga
de las nubes,

dejando a nuestro paso 
un rastro ínfimo,
y cuando nuestras patas caigan
ellos caerán como lluvia,

y no seremos presa,
y el daño no vendrá,
así que no se alejen, hijas,
del bosque en que corremos,

porque nosotras somos huellas en el rocío
disipándose al amanecer,
somos niebla, somos lluvia,
nos fuimos.

 





 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Daniel Lipara

Nació en Buenos Aires en 1987. En poesía tradujo Aprender a dormir, de John Burnside, y Memorial, de Alices Oswald, junto a Mirta Rosenberg. Publicó Otra vida (Bajolaluna 2018), editado en Estados Unidos con traducción de Robin Myers. Como la noche adentro de los ojos es su segundo libro. 

Martín Eito
Dibujante. Estudió Dibujo con Óswal y Sábat. Obtuvo importantes premios en distintas bienales de arte joven. Trabaja para
editoriales y medios gráficos argentinos y extranjeros. Publicó dos libros de su autoría y numerosos más como ilustrador. Realizó animaciones para internet y tv.

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