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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

23 de junio de 2020

Homenaje a Carlos Bosch

El huevo de la serpiente

Fotos

Ayer murió el gran fotógrafo Carlos Bosch. En Haroldo lo homenajeamos con la publicación de su ensayo El huevo de la serpiente, inaugurado en el Conti en 2014. Durante 1977 y 1979 Bosch se infiltró entre los fascistas de Madrid y logró capturar imágenes de los distintos actos organizados por la Falange. Entre ellos, un homenaje a Francisco Franco y la visita de Georgio Almirante al Valle de los Caídos. 
Lo recuerda Cristina Fraire, excoordinadora de Fotografía del Conti y curadora de la muestra. 

 



Murió Carlos Bosch, gran persona, gran maestro, gran fotógrafo.

Carlos se va en estos tiempos de pandemia y de dolor por tanta muerte.

Y en medio del horror por tanto odio, racismo, fanatismo de la derecha en el mundo. Fascistas que destilan violencia contra los que no piensan como ellos.

Entre 1977 y 1979 Carlos Bosch realizó su investigación de la persistencia del franquismo después de su caída en 1975.

Mientras crecía en España la Comisión de la Verdad, y resurgía la extrema derecha también en Grecia, Francia, Italia, Portugal, con Carlos decidimos mostrar en el Conti aquel trabajo.

Siempre tan generoso, y tan comprometido con la realidad política y social, me dio su material para editar la muestra que llamamos “El huevo de la serpiente”.

Esas fotos no fueron para nosotros evocación de un pasado lejano. Fueron -como su título- un presente y a la vez un adelanto, un alerta de lo que podría llegar a sucedernos.

Se inauguró en el Conti en octubre de 2014, con un prólogo de su director, Eduardo Jozami y de su amigo Mempo Giardinelli.

Pensamos que la pesadilla había terminado, pero parece que en 2020 el mensaje, la voz de Carlos en "El huevo de la serpiente" sigue viva.

Cristina Fraire 
Excoordinadora del Área de Fotografía del Centro Cultural Haroldo Conti y curadora de la muestra El huevo de la serpiente de Carlos Bosch

 

* Las fotografías fueron tomadas el 20 de noviembre de 1977 en la concentración neofascista en la Plaza de Oriente de Madrid, España, en conmemoración del segundo aniversario del fallecimiento del dictador Francisco Franco; el 7 de noviembre, cuando se recuerda el fusilamiento de entre 2000 y 3000 personas por el ejército republicano en la localidad de Paracuellos del Jarama y con ocasión de la visita del líder fascista italiano Giorgio Almirante, presidente del partido de ultraderecha MSI a Madrid en febrero de 1978 por invitación del fascista Blas Piñar, presidente del partido de ultraderecha español Frente Nacional.


 

 

¿Acaso es hoy el fascismo un peligro? Podría preguntarse con cierta ironía algún observador amparado en su reacción de extrañeza ante la liturgia que estas imágenes reflejan. Las paradas de la falange española, los saludos fascistas, esta proliferación de escenas signadas por la cruz y las banderas franquistas que retrata Carlos Bosch, en los últimos años, ya no nos parecen tan inactuales. Las tradiciones y los valores del franquismo tienen hoy su lugar en el gobernante Partido Popular en una España que parece haber renegado de los anhelos que se suscitaron a la muerte de Franco.

En muchos otros lugares de Europa, los grupos de extrema derecha, neonazis u otros, ganan fuerza al amparo de un discurso oficial que cada vez habla menos de la democracia y la solidaridad mientras exalta el “sálvese quien pueda” del capitalismo salvaje, y redobla las políticas de expulsión de extranjeros. Probablemente, no sean estos grupos con mucho de esotéricos los que comandan la ofensiva de la banca y la derecha europea contra los restos del Estado de Bienestar. Pero ellos están listos para constituirse en la fuerza de choque de toda política que ataque a los sectores más pobres y estigmatice al diferente.

El fotógrafo ha captado con mucha sensibilidad la gestualidad de ciertos personajes que en su afán de mostrarse duros terminan pareciéndonos ridículos. También lo mal se aviene el rostro angelical de las adolescentes con la regimentación militar y el discurso del odio a que se las somete. Pero, antes que sonreír ante tanto esperpento, el artista se muestra preocupado. Bosch, que conoce lo que ocurrió en España y debió huir de la dictadura Argentina, quiere provocar, entre las muchas reacciones que pueden suscitar estas fotografías, una sensación de alarma. En un país que conoció más de una vez la devastación provocada por la alianza de la cruz y la espada, haríamos mal en no aceptar la reflexión que esta muestra nos propone.

Eduardo Jozami
Exdirector del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti


Texto de sala de la muestra El huevo de la serpiente que se exhibió en octubre del 2014 en la fotogalería del CCMH Conti

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

 

Éstas son algunas de las muchísimas fotos que Carlos Bosch tomó en las paradas y manifestaciones de los fascistas españoles cuando se infiltró en sus filas en los años 70, antes y después de la muerte de Francisco Franco.

Apenas se había exiliado él en la península, y con esa agudeza aventurera que lo caracterizó siempre, Carlos no tuvo mejor idea que introducirse en el nido mismo del último fascismo clásico que gobernó en el Siglo XX, y convivir allí con ellos.

Cuatro décadas después, la idea de esta exposición surge a la par de las noticias que a diario vienen de España y refieren al hoy gobernante Partido Popular -hijo y continuador del franquismo- maniobrando en medio de la durísima crisis socioeconómica y moral que viven hoy la sociedad española, su desprestigiada monarquía y su zarandeado sistema político.

Para Carlos Bosch toda amenaza fascista, siempre en marcha, es alegoría válida para cualquier Nación. De ahí el rigor estético con que mira -y juzga- toda tara autoritaria.

Resulta imposible mirar las fotografías de Carlos sin sentir un sacudón. Quizás por aquello que ya tengo escrito: que sus obras perfectamente pueden inscribirse en el Art-Brut, tradición que inauguraron Dubuffet y Breton y en la que el grotesco y la violencia resultan siempre tan armónicos como relevantes y ominosos.

La fuerza expresiva de las fotografías en blanco y negro de Carlos Bosch es siempre conmovedora porque su obsesión es mostrarle al mundo las barbaridades del mundo. A veces con ironía, parodia o desazón, aquí el artista organiza un expresionismo delirante en el que el humor es parido, como a la fuerza, por su mirada inconformista, rebelde y anticomplaciente. Ésa que a mí, cada vez que me detengo ante sus fotos, me sorprende y me fascina.

Mempo Giardinelli
Resistencia, agosto de 2014

Texto de sala de la muestra El huevo de la serpiente
que se exhibió en octubre del 2014 en la fotogalería del Conti

 

Descargar catálogo de la muestra 


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