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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

24 de abril de 2020

A 105 años del genocidio armenio: memoria y reparación

El 24 de abril de 1915 comenzó lo que muchos años después se reconoció como el genocidio armenio. Este trabajo señala la potencia de los nacionalismos en la constitución de los Estados modernos. Además da cuenta del proceso de reconocimiento del carácter genocida del asesinato de un millón y medio de armenios que tuvo un hito en la Argentina, donde un tribunal validó el "Derecho a la Verdad" de los descendientes de los masacrados por el Estado turco.

Armenian children 
El fotógrafo Leopold Kashchik recorrió orfanatos y campos de refugiados armenios en la región de Alepo (Siria) en la década del '20.

Este artículo trabaja sobre dos aspectos importantes dentro de la historia en tanto disciplina que estudia situaciones del pasado. Por un lado, generar reflexiones presentes sobre eventos traumáticos del pasado. Por otro lado, ponderar el trabajo interdisciplinario en la búsqueda de Justicia desde Argentina.

 

Turquía-24 de abril-Armenia

Las efemérides tienen la capacidad de hacer visible procesos y luchas que generan un caudal de información que pronto vuelven a las sombras de la “normalidad”. Lo cierto es que la normalidad ha cesado, por lo cual deseamos que esta efeméride que conmemora a las víctimas del genocidio armenio pueda ser pensada para tantas otras víctimas de tantos otros crímenes de genocidio y lesa humanidad.

El dolor no se compara, pero si se puede comparar (para prevenir) el accionar de gobiernos nacionalistas, xenófobos, racistas y fascistas.

Imaginamos a quien lee esta nota comprometido con los Derechos Humanos pero, tal vez, desconocedor del proceso genocida llevado adelante en Turquía. Una breve síntesis para quien nos lee sin conocernos: entre 1915 y 1923, en diferentes etapas y con diferentes modus operandi, más de un millón y medio de armenias y armenios fueron masacrados de forma sistemática y planificada por el partido de gobierno dentro del Imperio Otomano devenido luego en República de Turquía. Este proceso estuvo inserto en un contexto mayor, el de la Primera Guerra Mundial, donde Turquía participó aliada a Alemania y al Imperio Austro-Húngaro. El abogado Raphael Lemkin afirmó que

La experiencia alemana es la más impresionante y la más deliberada y completa, pero la historia nos ha proporcionado otros ejemplos de la destrucción de naciones enteras, así como de grupos étnicos y religiosos. Así, por ejemplo, la destrucción de Cartago; la de los grupos religiosos en las guerras islámicas y las Cruzadas; las masacres de los albaneses y los waldenses; y más recientemente, la masacre de los armenios (1946).

Las palabras de Lemkin, jurista propulsor del concepto de genocidio, colocan a las masacres de armenios como integrantes de un proceso histórico que marca un parte-aguas en la forma de comprender la modernidad en su fase excluyente y homogenizadora.

Lemkin se permite comparar, saliendo de las miradas “exclusivistas” que victimizan a la víctima y aíslan el hecho del proceso histórico.

El genocidio armenio, desde una óptica contemporánea, fue uno de los eventos traumáticos del siglo XX más potentes para pensar el crimen de genocidio. Analizar este crimen permite reflexionar sobre la potencia de los nacionalismos de corte occidental en la creación de los Estados modernos.

Ahora bien, ¿qué tipo de sociedad era la que habitaba el Imperio Otomano? En primer lugar, cabe mencionar que dentro del Imperio habitaban múltiples identidades marcadas por su pertenencia religiosa. Otro dato:  durante más de 300 años parte de los armenios estuvieron marcados como súbditos de “segunda categoría”, es decir padecían ciertas prohibiciones y cargas que la mayoría turca y otras minorías no tenía. A modo de ejemplo, los armenios no podían portar armas, pagaban una tasa de impuestos mayor o, en casos de pleitos judiciales, su testimonio tenía una menor valía que el testimonio de un súbdito otomano.

La figura político-religiosa central era la del Sultán, quien gobernaba desde Constantinopla (actual Estambul) con representación oficial en cada una de las provincias imperiales. El Imperio Otomano era, entonces, un imperio multiétnico y multireligioso. La religión, el idioma, la vestimenta y el alfabeto eran diferencias culturales y materiales que indicaban la pertenencia a la identidad armenia dentro del Imperio. Serán estas marcas las que permitirán una identificación relativamente simple del armenio como una “amenaza”, situación que se dio durante el Genocidio pero que no resultó nueva en el contexto del Imperio desde fines del siglo XIX. Las tensiones previas no determinan el genocidio, sino que lo vehiculizan y potencian ante el posterior accionar genocida. A nivel internacional, la Conferencia de Berlín (1878) colocará la “cuestión armenia” bajo el ojo europeo. Si bien los pedidos armenios estuvieron centrados en una mayor igualdad dentro del Imperio, desde las potencias europeas la cuestión armenia permitió presiones sobre el Sultán, que generaron reacciones contrarias a los deseos armenios. La última década del siglo XIX será testigo de las matanzas de armenios en las regiones orientales.

En los años subsiguientes, el “moderno” partido de los Jóvenes Turcos (denominado Comité Unión y Progreso) comenzará a influir en los destinos del Imperio, siempre con una fuerte mirada integrista en términos territoriales. Esto no impidió ciertas alianzas con partidos políticos armenios en pos de rehabilitar la Constitución de 1876. En las elecciones Parlamentarias de 1908 el CUP obtuvo, en alianza con el partido armenio Dashnak, la mayoría en la cámara baja. Su participación política estuvo centrada en controlar y supervisar el rol del Sultán. El CUP no proclamaba cambios sociales de corte revolucionario, sino reformas de tipo modernizadoras ligadas a una elite “ilustrada” más que una ciudadanización de la población.

Entre 1909 y 1913 los Jóvenes Turcos cristalizaron su foco hacia una forma particular de nacionalismo turco de corte excluyente, en estos años el panturquismo y el panturanismo comenzarán a tener difusión a través de consensos internos del CUP. Ziya Gökalp, poeta y letrado fundador, miembro del CUP y director de un periódico literario panturquista de corte nacionalista, escribió Turan un poema fundador de la identidad turca.

Es importante observar que la cúpula de los Jóvenes Turcos estuvo formada en Europa bajo ideas y proyectos liberales-nacionalistas, dado que el proceso del cual deviene la República de Turquía no está vinculado de forma central con políticas religiosas excluyentes, sino como parte de un proceso modernizador que implicó la práctica genocida como medio para constituir un Estado con una matriz homogénea en términos territoriales y culturales.

A partir de 1913, la Guerra de los Balcanes y la pérdida de territorios otomanos en casi toda Europa provocó el éxodo de turcos-otomanos nacidos en Europa hacia la península de Anatolia. El historiador turco Taner Akcam menciona el rol de estos emigrados recientes durante el genocidio, siendo en buena medida ellos mismos los encargados de la “limpieza étnica” de los elementos no-turcos dentro de Anatolia. Nos encontramos en un cambio de dirección, del proceso de unificación en la diferencia, al proceso de turquificación homogénea.

La Primera Guerra Mundial debe ser comprendida como “facilitadora” del Genocidio, pero no causa o consecuencia del mismo. El plan genocida es visto como tal a partir de la velocidad y totalidad del mismo. El 24 de abril de 1915 es la fecha simbólica de inicio del genocidio (fecha en la que se dieron arrestos y asesinatos de sectores de la elite armenia en Estambul). Ya en 1916, documentos producidos por alemanes y por funcionarios del Vaticano calculaban en un millón las víctimas armenias del genocidio. La cantidad de pueblos y ciudades devastadas por el accionar turco nos permiten observar la sistematicidad. Recalcamos este punto, dado que la planificación sistemática es uno de los elementos centrales para comprender las prácticas de eliminación de un grupo delimitado por el propio  Estado.

Los principales responsables del genocidio fueron los ministros del interior (Talaat); de Guerra (Enver) y de Marina (Djemal) que conformaron la cúpula que organizó las medidas de exterminio. Tras el descabezamiento de la elite armenia (a nivel local), comenzaron las caravanas de la muerte: mujeres, hombres mayores, niños y niñas que fueron sometidos a expulsiones masivas en las llamadas caravanas de la muerte o eran expulsados y masacrados en los caminos del Imperio. Ante las quejas de diferentes consulados y embajadas, el gobierno otomano respondía que esta “reubicación” estaba relacionada con medidas de seguridad interna ante el contexto de la Primera Guerra. Las deportaciones masivas son, dentro de las memorias del genocidio armenio, una de las particularidades y marcas que continúan resaltadas en la actualidad a través de las memorias institucionalizadas de la diáspora. El desierto de Der Zor no sólo representa un lugar físico, es también un espacio simbólicamente cargado por la muerte y los campos de refugiados armenios que perecieron de hambre, enfermedades y por el ataque de “tropas irregulares” fomentadas por el Estado turco.

Nos parece vital comprender que, aún en situaciones de desigualdad de fuerza, existen resquicios para la resistencia. Las más conocidas, en el ámbito armenio, han sido los levantamientos de Van y Musa Dagh; en esos casos, los armenios lograron escapar de su destino, y fueron rescatados por tropas rusas y francesas, respectivamente. Ahora bien, existieron otras formas de resistencia, como las de aquellos que optaron por “simular” la pertenencia a otros grupos, “cambiar” estratégicamente su fe o sus nombres. En este punto hay que comprender que no toda práctica de resistencia se manifiesta abiertamente como una práctica armada y/o violenta. Resistencia, fue también, la de aquellos que, sobreviviendo al genocidio, lograron articular espacios “armenios” en los países a los que arribaron.

“A 105 años del genocidio armenio: memoria y reparación” - Revista Haroldo | 1
Escribano Gregorio Hairabedian, arquitecto del Juicio por el Derecho a Verdad del Genocidio Armenio
Día de la lectura pública del fallo.
6 de abril de 2011 

Negacionismo y Justicia

Probablemente, y a modo provocativo de mi parte, un primer reconocimiento del Genocidio Armenio en tanto crimen de guerra, haya sido llevado adelante por los propios turcos. Tras el fin de la Primera Guerra Mundial y el armisticio de Mudros, en 1919, el sultán Mehmed IV instruyó la creación de un tribunal militar auspiciado por las potencias vencedoras. Este tribunal juzgó a altos funcionarios de los Jóvenes Turcos, resultando del mismo unas 130 condenas que, en muchos casos, no pudieron llevarse adelante por estar “ausentes” (fugados) de los juzgados. Entre los condenados, estuvieron Djemal, Enver y Talaat Pasha, el triunvirato gobernante del Imperio en el período del Genocidio. Por otro lado, el naciente Ejército Nacional turco, entre 1920 y 1923 continuó generando matanzas y avances en zonas pobladas por armenios y griegos, acción que marca una continuidad genocida bajo el proceso de constitución de la actual República de Turquía (Akcam 2010).

Dicho esto, Turquía continúa negando su responsabilidad en el genocidio armenio y tras el tratado de Laussana, el “problema armenio” quedó fuera de la agenda internacional de las potencias europeas y de Estados Unidos. Daniel Feierstein analiza como parte de las dinámicas genocidas (2007) la realización simbólica, que niega, tergiversa o manipula la propia historia generando falsos debates que permiten evadir las responsabilidades estatales al interior de su propia población y ante instancias internacionales. Pensemos en la simple pregunta ¿fueron 30.000? y analicemos la cantidad de veneno negacionista que encierra este falaz interrogante. Los eufemismos negacionistas para explicar “lo que pasó” con los armenios pueden resumirse en reubicación, amenaza, protección, excesos, tragedia, todos sufrimos.

El negacionismo turco tiene una potencia cualitativamente diferente dado que quien enuncia es el Estado. El poder del Estado (si bien cada vez más difuso) es cualitativamente distinto dado que es una meta-institución capaz de penetrar en otras instituciones, a la par que se reproduce en ámbitos internacionales con mayor fuerza y eficacia en torno a las relaciones diplomáticas entre pares.

Más allá del reconocimiento parcial generado por los Juicios de Estambul, el mayor aporte en el proceso de visibilización del genocidio fue y es motorizado por la diáspora armenia en todo el mundo. Todos los 24 de abril la colectividad armenia y el propio Estado de Armenia recuerdan y conmemoran el inicio del genocidio que implicó el asesinato de un millón y medio de armenios.

Me gustaría detenerme en tres formas de reconocimiento; por un lado las movilizaciones y actos públicos que comienzan a tener fuerza en 1965 al cumplirse medio siglo de este crimen y que se han incrementado siendo 2015 un año en el cual el Genocidio Armenio volvió a estar en la agenda pública local e internacional; por otro lado, los reconocimientos y reclamos estatales e internacionales; que se inician en el mismo período y que han tenido, en nuestro país una particularidad única, el de ser reconocido por los tres poderes de gobierno, sobre esto me referiré en el siguiente apartado, y por último la aparición de trabajos de investigación que dan sustento empírico y teórico a las formas de reclamos que anteceden (Chiodini y Papazian 2017).

Argentina tiene la particularidad de reconocer el Genocidio Armenio ya realizando actividades conmemorativas desde sus instituciones, ya produciendo material académico y educativo y, sobre todo, por el reconocimiento del Poder Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Es a partir de esta conjunción que la diáspora armenia en la Argentina ha generado reconocimientos del poder Ejecutivo, por medio de declaraciones de los Presidentes Raúl Alfonsín (1987) y Néstor Kirchner (2006); del poder Legislativo a través de la sanción de la Ley 26.199 que hace mención explícita al “genocidio sufrido por el pueblo Armenio” y que propugna la inclusión en los contenidos escolares de dicha temática (2006) y por el poder Judicial, a través de un fallo declarativo enmarcado en el Derecho a la Verdad en el cual se da cuenta de la existencia del Genocidio Armenio (2011). Me detendré en la vía judicial dado que es la única en el mundo que reconoce el Genocidio Armenio a través de una sentencia.

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Todo reconocimiento judicial implica un juicio. El juicio por el Derecho a la Verdad del genocidio armenio se enmarcó en el derecho que nos asiste como ciudadanos a saber el destino de nuestros familiares “desaparecidos”. Hacia fines del año 2000, el escribano Gregorio Hairabedian y la abogada Luisa Hairabedian presentaban ante la Justicia Federal un pedido de averiguación respecto a su familia desaparecida en el genocidio. Padre e hija encontraron en el Derecho a la Verdad un “pequeño salvavidas” en un marco jurídico que garantizaba la impunidad.

Tras la aceptación del pedido del escribano Hairabedian, el juicio entró en un lento proceso probatorio que comenzó a acelerarse a partir del año 2006, cuando la totalidad de las instituciones armenias del país acompañaron la denuncia y el juicio dejó de ser un pedido particular para convertirse en una demanda colectiva. El juzgado Federal N° 5 dio curso al pedido de Hairabedian y solicitó documentos e informes al Gobierno de Turquía (que no respondió dicho pedido), así como también a los gobiernos de Gran Bretaña, Estados Unidos, Alemania, Bélgica, Francia, España, Armenia y el Vaticano, que respondieron favorablemente.

Además, se comenzó a trabajar con testimonios de sobrevivientes y su descendencia. Se sumaron a la causa entrevistas e historias de vida. Esta labor permitió enriquecer la causa con nuevos datos y con una idea cabal de la organización y sistematicidad en la que el genocidio fue llevado adelante.

La causa judicial se extendió por más de diez años, hasta que el 1° de Abril de 2011 el Juez Federal del Norberto Oyarbide dicto sentencia firme bajo el título “Resolución Declarativa de los sucesos históricos conocidos como el Genocidio del pueblo Armenio. Años 1915/1923”.

Sostenemos que este tipo de reconocimiento es impensable en un país que no haya desarrollado y procesado la experiencia de la última dictadura como lo hizo y hace la Argentina. En otras palabras, la singularidad de la lucha de las organizaciones de Derechos Humanos por justicia en Argentina creó la posibilidad de la aplicación del Derecho a la Verdad para un crimen cometido hace más de un siglo en lugares muy distantes al de nuestro país. De ahí la importancia de comprender estos crímenes más allá de las víctimas directas, comprendiendo y actuando como lo que verdaderamente son, Crímenes contra la Humanidad.

 

 

 * Alexis Papazian es Profesor de Historia y Doctor en Antropología por la Universidad de Buenos Aires. Docente de la Cátedra Libre de Derechos Humanos (FFyL-UBA); responsable académico de la Fundación Luisa Hairabedian y miembro de la Red de Investigadorxs en Genocidio y Política Indígena. Contacto: investigacion@verdadyjusticia.org.ar

 

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Bibliografía recomendada

Ackam, T. (2016). El crimen de lesa humanidad de los jóvenes turcos. El genocidio armenio y la limpieza étnica en el Imperio Otomano. Bs. As. Eduntref-Prometeo.

Ackam, T. (2010). Un Acto Vergonzoso. El Genocidio Armenio y la cuestión de la responsabilidad turca. Bs. As. Colihue-Fundación Luisa Hairabedian.

Artzruní, A. (1965 [2010]). Historia del pueblo armenio. Buenos Aires. Sirar Ediciones.

Artinian, J. P. y Papazian, A. (2013). Educación en Derechos Humanos. El Genocidio Armenio. Bs. As. Edición de la Fundación Luisa Hairabedian.

Boulgourdjian, N. (2014). Deportación de la población armenia: herramienta de exterminio, desposesión de derechos y sufrimiento subjetivo. En: Prácticas genocidas y violencia estatal en perspectiva transdisciplinar. Bariloche. IIDyPCa-CONICET UNRN. 

Chitjian, H. (2014). Al filo de la muerte. Las memorias de Harpartzoum Mardiros Chitjian. México. AIP-PEN-KIM Ediciones.

Dadrian, V. (2008). Historia del Genocidio Armenio. Buenos Aires. Imago Mundi.

Feierstein, D. (2007). El Genocidio como práctica social. Entre el nazismo y la experiencia argentina. Bs. As. Fondo de Cultura Económica.    

Papazian, A. (2015). Derecho a la verdad y el uso de fuentes históricas. Documentos vaticanos sobre el Genocidio Armenio. En: Revista Conceptos. N° 90. Buenos Aires. Universidad del Museo Social Argentina. pp. 13-36

Papazian, A. y Chiodini, L. (2017) Prácticas historiográficas en torno al Genocidio Armenio. 1916-2016. En Actas X SEMINARIO INTERNACIONAL POLÍTICAS DE LA MEMORIA. Centro Cultural Haroldo Conti. CABA. Septiembre 2017. 

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