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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

25 de marzo de 2020

Entre memorias y feminismos

Las memorias de la cárcel resuenan en el silencio de la cuarentena de Soledad García Quiroga, Presidenta de la Asociación Civil de Ex Presos Políticos de Córdoba e Integrante de la Comisión Provincial de la Memoria. 
En estas líneas escritas para Haroldo, la militante social, política y feminista comparte poemas, recuerdos y sensaciones escritas a la luz de un 24 de marzo sin plaza, pero cargado de memoria.  

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Marcha docente UEPC

 Córdoba 1974

Las memorias y los feminismos me acompañan, atraviesan mi vida, militancia cotidiana, mi historia. Son pasado y presente y, actualmente, se imbrican en toda proyección de futuro. Se trata de algo vital, a veces molesto, pero definitivo.

El feminismo como concepción de vida, percepción del mundo, modo de abordar la realidad. Desde siempre estuvo impreso en mi cuerpo, casi naturalizado, que las mujeres debíamos romper con mandatos, pautas establecidas, estereotipos, roles fijos. La injusticia me rebeló desde chica y sentía que nadie podía ponernos barreras. Muros. Sentía que las mujeres teníamos potencialidades, aristas por descubrir, que era absurdo que tuviéramos que escondernos en la docilidad.

La libertad era casi mi paradigma y mi pensamiento permanente que las mujeres podíamos cambiar el mundo. Me percibía ligada al planeta, al universo. Sentía, vivenciaba que la vida cotidiana no podía frenarnos, que nos esperaban algo así como “misiones” donde nos proyectaríamos para borrar los desequilibrios del sistema, las inequidades que nos consideraban para un segundo lugar.

Nunca dudé de nuestras fortalezas y condiciones para afrontar los desafíos. Sentía y siento, el acompañamiento de una profunda convicción: que las mujeres marchábamos hacia un parto luminoso, parirnos dueñas de nosotras mismas, empoderarnos, diríamos actualmente. Libres de toda atadura, superadoras de prejuicios y frenos. Sentía que éramos volcán, las mujeres. Volcán que alguna vez entraría en erupción, que seríamos imparables, como el viento.

Mi memoria es de brumas, nubes arracimadas, una suerte de espuma que flota en el aire. No suele presentarse como borrascas, tempestades. No exactamente por una linealidad de las memorias. Estas memorias que conllevan poner el cuerpo, nunca son lineales. Fluyen como ríos, ríos subterráneos.

Evoco, casi sin querer, vienen a mí, instantes tensos de mi vida, presiones, golpes, tortura, locura de aullidos, espanto. Verdadero atropello a la condición humana, al género. A la condición vital. Mi cuerpo, nuestros cuerpos, las cuerpas tomadas como objetos de dominación y destrucción. La memoria del horror, la oquedad, la oscuridad, por momentos la no memoria.

Las brumas se quitan la modorra y surgen mis heridas lacerantes, los golpes, el repiqueteo, el ardor de los ojos por la venda, las patadas, los gritos descontrolados. La desasosegante certeza de estar...haber estado...en sus manos, bajo el poder que decidía sobre la vida y sobre la muerte.

Camino, avanzo entre esas brumas sombrías, buscando mi pulsión de vida. El vacío de la muerte, la brutalidad de la violencia, la amenaza, el horror, se imponen.

Es mi cuerpo atravesado por simbólicos puñales, no obstante, quien me dicta resistencias, rumores que me pueblan, rebeldías, mucha vibra para transformar nuestros gritos acallados, silenciados.

Todo lo afrontado surgirá un día como apuntalando otra vida, iluminando caminos de búsqueda y descubrimientos.

  

 

Lacerante dolor

 

Llanto silente

un puñal en estómago

garganta, pecho,

tormento inesperado

aturdimiento de mi condición de mujer

desgarrado asombro ante lo insólito.

 

Sol, 2020

 

Hoy, en esta pausa obligada de la vida en movimiento que nos propone e impone la realidad, siento una extraña necesidad: pensar en memorias concretas y memorias inmateriales. ¿Será que vivir un 24 de marzo adentro me inquieta? Memorias agitadas por estampidos, gritos, sonidos, olores nauseabundos, frío aún en medio de este calor.

Estoy quizás anclada en ciertas trampas de la memoria, que, a su vez, están dentro de la memoria como trama, como urdimbre, como tejido que suele construirse y pudo haber sido destruido, de golpe, por un brutal Golpe. Como memoria concreta, materializable veo, surge un caracol- memoria, una memoria- caracol. Como invisible, huyente, inmaterial, surgen recuerdos laberínticos, una memoria-laberíntica que remite a un tiempo casi detenido, fragmentado, el de la Cárcel, por momentos también el del Exilio. Es tan brutal su potencia que los recuerdos te asaltan, literalmente, te toman por asalto. Me pregunto ¿Qué de todo esto me constituye, nos constituye también como “sujetas”?

Esa obstinada, caprichosa, recortada y pertinaz memoria, resuena en el silencio de hoy, en cuarentena, no da tregua.

 

 

Homenaje

 

Desandar amor,

urdir las esperanzas

comprometer las ganas, la alegría.

Saber que dar

escuchar

consolidar espacios

es parte de una construcción.

Sentir que: amar

vivir

luchar

son eslabones

de ese cordel de libertades

que buscamos.

Estar segura

de que lo individual

es cuestión de todas y de todos,

que lo de cada una

es también social, político,

si lo sabemos incorporar

a ese proceso.

 

Desandar amor, destejer-tejer

la urdimbre -sin prisas-

en cada acto cotidiano (y mágico).


Sol, escrito un 8 de Marzo de 1990, Córdoba.

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"Hoy supe de vos
En una de esas tardes frías de la cárcel
Una tarde cualquiera sin mate y cigarrillo de la cárcel
Tarde que pasó a ser no tan cualquiera
porque la lluvia se me metió adentro
calándome los huesos."
Poema de Soledad escrito sobre papel higiénico en la Unidad Penitenciaria n° 1 (UP1)
Barrio San Martín de Córdoba, comienzos de Agosto 1976

Soledad García Quiroga vive cotidianamente la magia de trasponer la memoria del horror en actividades educativas con jóvenes, escuelas primarias, medias y universidades. Colabora con sus testimonios en instituciones de formación docente y asesora a tesistas que abordan la memoria reciente.

Trabajadora de la Educación, licenciada en Literaturas Modernas por la Universidad Nacional de Córdoba, investigadora en Derechos Humanos y Géneros. Activista y militante social y política, feminista.
Fue secuestrada un 9 de marzo de 1976, detenida desaparecida y luego prisionera política por varios años. Tuvo que acogerse al exilio en Madrid (España), donde participó en TYSAE (Trabajadores y Sindicalistas Argentinos en el Exilio). Hasta el día de su secuestro participaba en la Mesa de Gremios en Lucha, en Córdoba.

Antes de la dictadura y al regresar del exilio, ocupó diferentes cargos electivos en el Sindicato de Trabajadores de la Educación de Córdoba (UEPC), confederado en CTERA, entidad en cuya creación participara activamente.

Miembra de CTA, ocupó cargos en la Secretaría de Derechos Humanos, Género y otras áreas. Fue co-fundadora de FOCAI, Foro de Capacitación e Investigación para la Mujer Sindicalizada.
Actualmente es la Presidenta de la Asociación Civil de Ex Presos Políticos de Córdoba. Integrante de la Comisión Provincial de la Memoria.

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