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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

15 de agosto de 2019

Las manos que dan la vida

Hoy Rosa Tarlovsky de Roisinblit, la vicepresidenta de Abuelas de Plaza de Mayo, cumple cien años y Marcela Bublik, la autora de Abuela. La historia de Rosa Roisinblit, una Abuela de Plaza de Mayo la entrevista, para Revista Haroldo, en su casa. Dice Rosa: “Abuelas de Plaza de Mayo somos un grupo de mujeres que hemos luchado y lo seguimos haciendo por un país mejor, por un continente mejor.”

Las manos de Rosa  
Gaspar Galazzi

“Las manos de mi madre 
parecen pájaros en el aire 
historias de cocina 
entre sus alas heridas 
de hambre…” (Las manos de mi madre, de Peteco Carabajal)

 

Un rayo de sol llega desde la ventana del living e ilumina las manos de Rosa que acarician la superficie de su famoso arcón, el que atesora sus recuerdos. Cartas de amor, diarios de viajes, documentos, actas, constancias, denuncias, recortes periodísticos, fotos (familiares, románticas, institucionales. De ella junto a destacadas personalidades del mundo, de momentos históricos, de su hija, sus nietos, sus bisnietos), diplomas, distinciones…

Todos aquellos honores y regalos que ya no tienen espacio en las paredes y estantes de su departamento.

Esas manos.

Esas manos que aprendieron a tejer, bordar y cocinar en la infancia campesina en su Moisés Ville natal, en la provincia de Santa Fe, la primer colonia argentina de inmigrantes judíos escapados de los pogroms de la Rusia zarista de fines del siglo XIX. Manos que pasaban con avidez las páginas de los libros, que copiaban poemas en cuadernos secretos, que manejaban las riendas del sulky de casa a la escuela rural y a la casa de los abuelos, en el pueblo. Que recibieron el título de partera en la Universidad del Litoral (hoy Universidad de Rosario) y así empezaron a trabajar en el oficio bello y mágico de bienvenir la vida al mundo.

¿Algunos recuerdos de tu infancia y juventud?

 Mi familia llegó desde la ciudad rusa de Grodno a la Argentina en las postrimerías del siglo XIX, escapando de los pogroms de la Rusia zarista. Los Milstein, la familia de mi mamá, llegaron cuando ella tenía cuatro años. Pocos años antes habían llegado los Tarlovsky, la familia de mi papá, que también era un chico. Todos ellos se instalaron en la llamada Colonia de las 24 Casas, junto al pueblo de Moisés Ville (provincia de Santa Fe) que había sido fundado por el Barón Hirsch para recibir a los inmigrantes judíos que llegaban en esas condiciones. Tuvieron que aprender a trabajar la tierra y así se convirtieron en campesinos.

Cuando ellos se conocieron, mi papá tenía veinte años y mi mamá diez. Él le prometió que cuando fuera grande se casaría con ella ¡y cumplió! De los siete hijos que tuvieron, dos fallecieron siendo niños y quedamos cinco hermanas mujeres, de la cuales yo era la tercera. Hoy solo quedamos la menor de todas y yo.

Yo era una nena feliz, traviesa, curiosa, gran lectora, muy estimulada por mis padres que eran muy amorosos y preocupados por transmitirnos la cultura, la historia y las tradiciones del pueblo judío. Íbamos a la mañana a la escuela oficial y por la tarde a la escuela hebrea. Éramos una familia muy unida, una casa en la que reinaban el amor, la música, las ricas comidas y el humor.

Cuando terminé la escuela me mandaron a Rosario a estudiar obstetricia en la Universidad Nacional del Litoral (hoy Universidad Nacional de Rosario) y ahí estaba yo, muy jovencita y ya jefa del servicio del Hospital Escuela. Con la práctica de la profesión me fui dando cuenta de la emoción que me provocaba la tarea que estaba ejerciendo. La belleza de mi responsabilidad de traer vida al mundo. Trabajé un tiempo en un pueblo en Santiago del Estero y finalmente me vine a Buenos Aires, desde donde pude traer a toda mi familia a instalarse acá.

Trabajaba mucho en una clínica pero me hacía tiempo para hacer deportes en el club Hebraica. En un baile del club me reencontré con un muchacho, Benjamín Roisinblit, a quien ya había conocido antes. Yo tenía muchos “filitos” que me arrastraban el ala, pero ninguno me convencía. Empezamos a salir y nos enamoramos. Era muy romántico, muy inteligente y muy divertido. Nos casamos y un tiempo después nació Patricia Julia, nuestra única hija. Le dimos todo nuestro amor y la mejor educación. La mandamos a la Escuela Normal 8 y también a aprender inglés, pintura, danza, natación, patinaje. Ella era muy hermosa e inteligente, siempre tenía las notas más altas en el colegio y nos llenaba de satisfacciones.

 

 

 

 

“Las manos que dan la vida” - Revista Haroldo | 1
Rosa con compañeros de la escuela de obstetricia

Esas manos que, ya en Buenos Aires, siguieron haciendo nacer bebés, tomaron las del hombre que las invitó a bailar, las enamoró, las acarició, les puso un anillo, las llenó de besos y proyectos, las acompañó a cambiar pañales, preparar mamaderas y papillas, llevar a la niña a la escuela, a nadar, a danzar…

Esas manos que calmaron las dolencias del compañero hasta que tuvieron que enterrarlo.

Esas manos que siguieron cocinando, tejiendo, acompañando las tareas de la niña que fue creciendo hasta convertirse en una hermosa joven que ya tomaba sus decisiones, estudiaba medicina, militaba, se enamoraba, paría su propia niña, guardaba otra vida en su vientre…

Y entonces… el rayo maldito que partió la historia del país generoso que había recibido a los inmigrantes con la promesa de un futuro.

El monstruo de las mil cabezas, el terrorismo de estado, el 6 de octubre de 1978 arrebató a la niña-ya mujer, a su compañero y a la familia que habían empezado a construir. A la pequeña Mariana, de quince meses de edad, la devolvió a su familia unas horas después.[1]

Esas manos de Rosa tuvieron que secar sus lágrimas, golpear innumerables puertas, firmar hábeas corpus, atar un pañuelo blanco sobre su cabeza para marchar en círculos alrededor de la Pirámide de la Plaza de Mayo. Y buscar y encontrar otras manos encendidas del más tremendo dolor y del más inmenso amor. Dolor y amor infinitos, interminables.

Esas manos de Rosa, estrechadas en la ronda de manos que encontró en su camino, siguieron buscando, viajando, escribiendo manifiestos-carteles-ideas, acariciando al nieto nacido en cautiverio y recuperado veinte años después. Trabajando en la búsqueda de todos los que falta encontrar, siempre, hasta el fin.

En esas manos está inscripta la historia más terrible. Como un tatuaje, indeleble.

Esas manos nunca dejaron de vivir para la vida.

“Las manos que dan la vida - Revista Haroldo | 2
Cumpleaños de 15 de su hija Patricia Roisinblit

¿Una vez terminada la dictadura y desde el 83, ¿cuál fue la proyección internacional que tuvieron las Abuelas?

Inclusive durante la dictadura, no en América Latina sino en Europa, la primera vez que fuimos ya recibimos ayuda, colaboración de todo tipo. Poco a poco se fue difundiendo la actividad de las Abuelas. En Francia, en cada ciudad, había un grupo que tenía el padrinazgo de alguno de nuestros nietos desaparecidos. Cuando íbamos a París, se invitaba a los que tenían ese padrinazgo para que asistieran todos. Cada uno venía con su cuaderno y preguntaba si sabíamos algo de los nietos. Y no sabíamos nada. Ahora tenemos 130 casos, pero en aquella época teníamos uno o dos casos aislados. Teníamos apoyo. Me acuerdo de la primera vez que llegamos a París con Chicha (Mariani), vinieron dos mujeres de Amnesty International, se llevaron a su casa todos los documentos que teníamos en español y al día siguiente los trajeron totalmente traducidos al francés. Esa era una gran cosa porque así todo el público nos entendía. Era un congreso, había mucha gente de Ginebra y ahí conocimos gente que trabajaba en estos temas. De ahí fuimos a Italia y de ahí a Ginebra. Aprovechábamos el pasaje a Europa y desde Ginebra íbamos a muchos países. Íbamos a Italia porque ahí estaba el marido de Chicha. Así nos conectábamos con gente defensora de los DDHH. En Ginebra nos encontramos con la gente que habíamos conocido en Francia. Así se hizo la cadena. Me acuerdo de una persona que tenía una barba larga, le puse de nombre el Barbeta. Hasta el día de hoy somos amigos con él. A cada uno yo le ponía un sobrenombre porque no tenía capacidad de recordar todos los apellidos. A uno le puse el Rubicundo porque estaba en su propia casa, en su propia oficina y transpiraba mucho.

 

¿Para qué viajaban a Ginebra?

Íbamos cada año a Ginebra a la reunión de la Comisión de DDHH de la ONU, hasta el año 2006 en que dejó de funcionar ahí. Recibíamos ayuda solidaria de muchos países. Pero el viaje a Europa lo teníamos que costear nosotros. De cualquier país que quería que nosotras fuéramos nos invitaban y nos pagaban el viaje y la estadía. Pero para ir a Naciones Unidas nosotros teníamos que pagar el pasaje. Y lo poníamos. Valía la pena. Cuando llegábamos allá, ya estaban preparadas nuestras credenciales para ingresar el palacio de ONU, ¡gracias al Barbeta!

 

Contame sobre el aporte internacional de las Abuelas en la cuestión genética.

La cuestión del descubrimiento del índice de Abuelidad con el estudio del ADN fue un logro de Víctor Penchazade, genetista argentino que residía en Estados Unidos. Él es el “padre” del índice de Abuelidad. Nos ayudó en todo, mucho. En Estados Unidos, en Nueva York nos alojábamos en la casa de él. Siempre había gente alojándose ahí, chicos de Cuba que estudiaban genética. Vivía en un departamento enorme y había espacio.[2]

“Las manos que dan la vida” - Revista Haroldo | 3
Rosa Roisinblit, Estela Carlotto, Chicha Mariani y Raúl Alfonsin

¿Y en la cuestión jurídica internacional? Con la participación de ustedes se redactó el artículo referido a la identidad en la Declaración de los Derechos del Niño, ¿no es así?

Sí. Cuando se estaban elaborando en la ONU algunas modificaciones en la Convención de los Derechos del Niño, el doctor Leandro Despouy[3] nos convocó a colaborar en la redacción de tres artículos: el 7, el 8 y el 11.[4]

El artículo 8 fue llamado “el artículo argentino”. Y yo expresé mi disconformidad con una cláusula del artículo 7, porque se establecía que `todo niño tiene derecho a tener un nombre´ y para mí debería decir `tiene derecho a tener SU nombre´, el nombre que le corresponde porque es el que eligieron sus padres.

 

¿En cuanto al plan sistemático de robo de bebés?

Un día, hace muchos años, se acercó a nosotras un abogado que nos propuso encarar la demostración de un plan sistemático; hasta ese momento no se lo trataba en esos términos. Nos embarcamos en ese proyecto abuelas de diferentes líneas de acción. Nos hicimos cargo del caso con los abogados que teníamos nosotras, y ellos empezaron a trabajar. Cada abogado que viene a trabajar con nosotras y después se va a otro lado, tiene este antecedente en su currículum y esto es favorable para ellos. Salvo Alan (Iud), que estaba bien posicionado para un cargo en la Nación, y a quien combatieron desde este gobierno, por el signo ideológico de ellos (el gobierno actual).

Bueno, en aquel momento tomamos el proyecto como nuestro. En este caso el objetivo era demostrar que era un plan sistemático, que no habían sido situaciones aisladas. Lo conseguimos.

Logramos que la Justicia lo demuestre. Estuvimos luchando dieciséis años con ese juicio. Lo tengo tan presente, cuando salió la sentencia… Salimos a la calle a festejar con la gente que se había reunido y seguía el juicio desde afuera. Agarré el micrófono y me puse a hablar. Mi nieto se quedó boquiabierto. Ahí empezó a prestar atención a lo que dice su abuela. Y le dio éxito. Ahora ya sabe muy bien lo que tiene que decir. Como yo ya no puedo ir a muchos lugares, es muy bueno que él lo haga y lo hace muy bien.

¡Dieciséis años llevó ese juicio! Costaba, costaba pero lo conseguimos. En base a eso se pudo revisar cierta legislación.

Ahora conseguimos seguir encontrando los chicos. Siempre hay algo nuevo para encontrar. Siempre buscamos y conseguimos algo más.

 

Contame del juicio por el secuestro y desaparición de tu hija y tu yerno.

El juicio de la RIBA (Regional de Inteligencia de Buenos Aires, de la Fuerza Aérea, en Morón) lo inicié yo, treinta y ocho años antes de que se llevara a cabo en 2016. ¿Por qué demoró tanto en empezar? ¡Tantos juicios, y el mío no aparecía! La razón era que cuando se hizo el gran juicio a las juntas durante la época de Alfonsín, esa persona que fue denunciada como el responsable de quienes se llevaron a mis hijos, salió indemne. Por eso no había una razón para iniciar un juicio contra él. Cuando por fin se descubrió que no era inocente, que tenían detenidos en ese lugar – y no hace mucho que se descubrió-, demoraron dos años en reunir datos y pruebas. El juicio tuvo un desarrollo muy normal a nuestro favor porque mis dos nietos participaron. La titular del juicio soy yo y ellos son asociados. Cuando llegó mi nieta de Europa empezó a trabajar sobre el tema, con un muy buen abogado, (Pablo) Llonto.

Al principio del juicio, no correspondía que yo estuviera presente durante la declaración de Mariana. Estuve en otra habitación con unas mujeres que me iban a asistir psicológicamente. Yo no quería hablar con nadie sino concentrarme en lo que iba a decir. No llevé ningún papel ni nada.

¡Qué emoción que sentí cuando salió la sentencia! Al salir de la sala había un patio grande donde estaban todos haciendo un semicírculo. Se acercó Juampi Moyano (uno de los nietos con su identidad restituida por las Abuelas) y me dijo “yo soy el encargado de llevarte a casa”. Quiere decir que estaban organizados. Cuando vino él a decirme eso me quedé atónita de la emoción. Ahí hablé mucho, agradeciendo y contando cosas. Y estuve muy emocionada junto a mis dos nietos. Nos acompañaron muchos amigos y amigas.

 

Cuando hablabas del responsable que salió indemne, ¿te referías a Rubens Graffigna?

Sí, había salido indemne, sin culpa ni cargo. Ninguno de los comandantes de Aeronáutica había sido condenado hasta ese momento. Y a este lo juzgaron y condenaron por primera vez, después de tantos años…[5]

¿Cómo ves hoy a la sociedad posicionada frente a la lucha de los organismos de derechos humanos?

Todas las cosas tienen un antes y un después. En el antes teníamos el beneplácito no solamente del país, sino también del extranjero porque las Abuelas somos conocidas y reconocidas, inclusive me atrevo a decir admiradas en el país y fuera del país. Pero como dije, hay un antes y un después. En la actualidad tenemos un presidente que, antes de ser presidente, dijo “se acabó el curro de los derechos humanos” y parece que buena parte de la sociedad se inclinó a aceptar eso. Todo lo que él dice está bien y la prueba está en que cada vez que hay una elección ganan ellos. Si ellos ganan, ¿por qué tenemos que culparlo a él de nada? El partido de él gana, entonces tenemos que decir que hay una mayoría de la gente de acá, del país que, si lo vota, es porque está de acuerdo con eso[6].

Estamos viviendo en democracia, ¿no? Democracia entre comillas. Cuando yo doy una charla nunca hablo de democracia sino de gobiernos constitucionales. Porque para mí la palabra democracia es una cosa mucho más amplia. El primer día cuando cayó la dictadura ya se hablaba de democracia. Democracia es otra cosa. Democracia es algo que tenemos que construir vos, yo y todos nosotros en nuestra manera de conducirnos, en la manera de llevar nuestro sistema de vida. Y tenemos que hacerlo entre todos. Yo inclusive hablaría no solamente de Argentina. Aquellos países que sufrieron dictadura durante el tiempo que también la sufrimos nosotros, también debieran pensar en la era democrática y podríamos pensar en la democracia latinoamericana. Pero parece que todavía no estamos para eso. Falta todavía. Hay varios países que tienen gobiernos democráticos, otros que no tanto pero la esperanza mía es que algún día podamos decir que estamos investigando la identidad latinoamericana. Que vamos a conseguirla. Esa es mi ilusión, mi esperanza, mi deseo. Porque seguramente en todos los países latinoamericanos hay gente que piensa como yo. Y va a luchar como lo hice yo durante tantos años; ahora la fuerza no me da para tanto pero yo luché por la identidad latinoamericana. Porque lo que nosotros hemos hecho traspasó ya los límites de nuestro país. Lo dije y lo repito: Abuelas de Plaza de Mayo somos un grupo de mujeres que hemos luchado y lo seguimos haciendo por un país mejor, por un continente mejor. El continente latinoamericano tiene que luchar para salir a flote de todas las cosas inconvenientes que están pasando.

 

Eso tiene que ver con una política exterior. Como el Plan Cóndor.

Claro. Durante y después de la dictadura hemos podido encontrar algunos hijos de nuestros hijos que estaban viviendo acá en el país porque fueron objetivo del Plan Cóndor. Algunos fueron desaparecidos en nuestro país y los pasaban a otros países, como, por ejemplo, los primeros que fueron localizados, los niños Julien Grissonas. Desaparecieron acá y los encontramos en Chile. Otra chica que encontramos y que lamentablemente ya falleció, Carla Rutila Artés, la nieta de Sacha, nació en Bolivia y la pasaron a Argentina. La encontramos acá. La madre quedó en Bolivia.

Todo esto corrobora la articulación del Plan Cóndor.

Las Abuelas siempre tuvimos apoyo internacional. Aunque acá tuvimos momentos difíciles, con gobiernos constitucionales que nos dieron mucho apoyo  y otros que no.

Acá al principio nos costó mucho. La sociedad argentina, como de costumbre, estaba dividida. Cuando los argentinos vieron que en el extranjero las Abuelas de Plaza de Mayo teníamos tanto apoyo de genetistas, historiadores, y de toda clase de profesionales que se acercaron a ayudarnos, fueron cediendo poco a poco. Últimamente ya no, pero antes del ascenso del actual gobierno, sí. Nos dimos cuenta de que gran parte de la sociedad nos daba su apoyo afirmativo, aceptaron toda la lucha que tuvimos para lograrlo y aun hoy, cuando localizamos algún nieto/a hacemos conferencia de prensa y son tantos los periodistas y fotógrafos que vienen, aparte de los simpatizantes… Estoy segura de que muchos vienen para enterarse y ver lo que está pasando. Porque no sé si todos van a publicar; si viene uno de Clarín o La Nación, no creo que publiquen y si lo hacen es una cosita así, chiquita, de costado, como para justificar su presencia.

Pero sale, no pueden evitarlo ni obviarlo.

 

“Las manos que dan la vida” - Revista Haroldo | 4
Rosa con Rigoberta Menchú

¿Cómo ves en este momento las instituciones de la comunidad judía respecto de los derechos humanos?

Ellos (la dirigencia de las instituciones) acatan todo lo que dice Macri al 100 %.

Hoy en día, la comunidad judía está muy dividida. Algunos tienen cosas para reprochar a la AMIA y los que no se sienten representados armaron un movimiento. Como yo no me integré tanto, no puedo decir nada.

Cuando hacen alguna recordación de los desaparecidos judíos, me invita la Amia. Nunca integré nada de la Daia. Esos me dieron la espalda durante la dictadura.

Al grupo de familiares (de desaparecidos judíos) en la época de la dictadura los encaminó y los ayudó (el periodista) Hermán Schiller. Yo no estaba relacionada con él. Yo siempre milité en Abuelas. A mucha honra luché y lo sigo haciendo ahí. Salgo a la calle y la gente me reconoce y me saluda. Cada vez que salgo alguien se acerca a saludarme. Y después de tanto tiempo sigue sucediendo, aunque ya no voy casi a ninguna parte. A veces, cuando encontramos a un nieto, sale una fotografía en la que estoy con Estela. Esa foto es de cuando Estela encontró a su nieto, no de este momento. Sacan fotos de archivos. Para mí es bueno porque ya no voy casi a ninguna parte y no me van a sacar fotos. Ya no puedo, tengo casi cien años y qué voy a hacer, si la chica que me acompaña me tiene que empujar la silla de ruedas.

 

¿Y cómo están las Abuelas frente a la gestión en derechos humanos del gobierno actual?

Cuando se tienen que reunir los organismos, se hace en casa de las Abuelas. Últimamente vienen de algunos organismos que no venían antes. Sobre todo de izquierda. Gente muy mayor, como los de la Liga Argentina de los Derechos del Hombre. Muchos de estos son anteriores a mí. Vienen a reunirse y ver qué nos responden desde el gobierno y desde el poder Judicial. Y ellos están conminados por el poder ejecutivo. ¡Ellos mismos lo dicen! Él mismo (el presidente) se expresa así, que tienen que hacer lo que ellos (los del Poder Ejecutivo) dicen, que si no les gusta lo que hacen, van a venir y los van a sacar y van a poner los que hagan lo que ellos dicen.

 

Cuando la corte aceptó el 2 x 1 para uno de los genocidas, el gran movimiento popular hizo que tuvieran que retroceder con esa ley, porque esa iba a ser una ley.

¡Y ganamos!

Hay algunas personas, algunos grupos que tratan de combatir a las Abuelas, a Estela. Todos los organismos han hecho una reunión de desagravio a Estela, y estaba lleno de gente. Eso demuestra que por más que puedan hablar mal y tratar de desacreditarnos, ya no pueden hacerlo. La prueba está en el número de nietos encontrados.

A propósito de número, quiero decir algo: no pongan un número a cada chico. Cada uno tiene un nombre y un apellido. No me gusta que los llamen por números. Cada uno tiene un nombre y un apellido y así hay que nombrarlos. Quería decir esto.

 

Lo que pasa es que el número da una dimensión de lo que se va logrando. Un dato certero.

No me gustan los números. Cada persona tiene su nombre y apellido. Le damos su verdadero nombre a cada uno. Y ellos saben que antes vivieron una mentira. Ya todos nuestros nietos tienen cuarenta años. Los que no conocen su identidad ya llevan cuarenta años de mentira. Hace tiempo uno de los chicos me contó que tenía un problema: tenía tres o cuatro hijitos y uno de ellos le dijo “Papá, no entiendo algo. ¿Hasta ahora la abuela era buena y ya no es más buena?” Se refería a la apropiadora de su papá. Antes de conocer la verdad, para el nene esa era la abuela. Ahora no es más. Pero cómo le explica a la criatura; ellos ya son la cuarta generación. Su hijo le hace esa pregunta. Cuánto tuve que luchar, en mi caso, yo también por esa situación.

Rosa Roisinblit y Estela Carlotto con Néstor Kirchner 

¿Cómo es tu relación con tus bisnietos?

Son cinco. Mariana tiene un varón y una nena, y Guillermo (su nieto nacido en cautiverio y con su identidad restituida gracias a Abuelas) tiene dos nenas y un varón. Son todos hermosos y los adoro. No los veo tanto como quisiera. Yo ya no puedo ir y ellos no vienen tanto como me gustaría porque sus padres están muy ocupados. Pero cuando pueden nos vemos y hablamos por teléfono. Todos ellos me dicen “baba”, igual que sus padres. En este momento Mariana y su familia están en Alemania porque ella está defendiendo su tesis y va a estar un tiempo haciendo un nuevo trabajo de investigación allá.

Me gusta jugar con ellos y enseñarles las mismas canciones que le enseñé a mi hermana menor, después a mi hija y después a mi nieta, que estuvo cerca de mí mientras crecía. Les enseño las canciones a sus chiquitos y ella se las acuerda todas. Me sorprendió esto porque yo pensaba que ella no se las acordaba…

 

Si querés agregar algo de este momento.

Estamos pasando por un momento muy difícil. Seguimos adelante. A tropezones pero seguimos adelante. Hay que luchar, somos luchadoras de entrada y seguimos. Eso es lo que hacemos. Y cada vez que encontramos un nieto hay un montón de gente que viene a saludarnos. Cada vez se llena toda la casa.

En la gente eso despierta que le gusta que encontremos a nuestros chicos, ya hombres grandes, muchos casados, con hijos. Ellos tienen alrededor de cuarenta años o un poco más. Igual que nosotras. Este año vamos a cumplir cuarenta y dos.

Un mensaje a la sociedad: nosotras estamos buscando la identidad de nuestros nietos. Pero sería interesante buscar la identidad argentina y, por qué no, latinoamericana. Porque en cada país de Latinoamérica hubo dictaduras simultáneas con la nuestra.

 

Rosita. Cien años honrando la vida.

Notas

  • Nota al pie 1: La reconstrucción posterior de los hechos ubicó con certeza la Casa RIBA (Regional de Inteligencia de Buenos Aires), en la zona Oeste del Gran Buenos Aires como el CCDET (centro de detención, exterminio y tortura) en el que Patricia Julia Roisinblit, embarazada de ocho meses, y su compañero José Manuel Pérez Rojo estuvieron secuestrados, hasta que a ella la trasladaron a la ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada) donde funcionaba una de las maternidades clandestinas del régimen dictatorial. Gracias a los testimonios de sobrevivientes de aquel campo del horror que compartieron cautiverio con ella, se pudieron constatar la fecha del parto (15 de noviembre de 1978), el sexo del bebé y el nombre que ella quería darle: Rodolfo Fernando. Luego fue nuevamente “trasladada” sin conocerse hasta hoy su destino.

    A partir del momento del secuestro Rosa comenzó su búsqueda desesperada en soledad hasta que, confluyendo en el doloroso derrotero de tantos familiares, llegó al grupo de mujeres que buscaban tanto a sus hijos e hijas como a sus niños secuestrados junto a ellos y ellas, o nacidos en cautiverio.

    Ante los portazos, negativas y hasta persecuciones que recibieron de la mayoría de las instituciones civiles, militares, religiosas y periodísticas – salvo honradas y escasas excepciones – estos grupos fueron organizándose y conformando Organismos de Derechos Humanos. Además de las acciones que todos ellos fueron desarrollando en su búsqueda, en el caso de las Abuelas de Plaza de Mayo (en un principio denominadas Abuelas Argentinas con Nietitos Desaparecidos), entendieron que también debían frecuentar casas cuna, hospitales y maternidades, juzgados de Menores, y todo lugar donde se les ocurriera que podían encontrar respuestas, pistas y datos referidos a niños desaparecidos y ubicados en otras familias.

    Así llegó Rosa a las Abuelas. Tenía cincuenta y nueve años. Hoy, cuarenta y un años después y a casi veinte de haber encontrado a su nieto nacido en cautiverio en el ex CCDTyE (Campo Clandestino de Detención, Tortura y Exterminio) ESMA (Escuela de Mecánica de la Armada), sigue siendo parte de ellas. Y desde hace varios años, es Vicepresidenta de la institución.

  • Nota al pie 2: En 1979, después de dos años de participar en las rondas de Plaza de Mayo y recibir denuncias anónimas acerca de casos posibles, las Abuelas leyeron un artículo en el diario El Día de La Plata –ciudad capital de la provincia de Buenos Aires– que encendió nuevos motores de esperanza: un hombre había sido sometido a un examen de sangre comparativo para determinar su paternidad respecto de un niño.

    Fue a partir de esta noticia que se les ocurrió la posibilidad de utilizar la ciencia genética para su búsqueda. Este podía ser el paso siguiente a la localización de los niños que iban encontrando; mediante estos estudios podrían comprobar ante los jueces si eran realmente sus nietos.

    Visitaron a diferentes profesionales y centros científicos en Brasil, Francia, Estados Unidos y fueron recibiendo respuestas y derivaciones que las llevaron a trabajar junto a los genetistas que adhirieron a su causa. Se contactaron con Eric Stover, director de la Asociación Americana para el Avance de la Ciencia (AAAS, siglas en inglés). Los científicos les decían que sus pedidos eran posibles pero nunca se había hecho nada en el sentido de lo que ellas proponían, y que se pondrían a investigar. Con la llegada de la democracia a la Argentina, trajeron también la buena noticia.

    Fragmento de “Abuela. La historia de Rosa Roisinblit, una Abuela de Plaza de Mayo” de M. Bublik, editorial Marea, Buenos Aires, 2013.

  • Nota al pie 3: Despouy había estado exiliado durante la dictadura y a su regreso fue designado por el presidente Alfonsín como embajador representante ante la ONU en la comisión de Derechos Humanos, que luego presidió.
  • Nota al pie 4: 

      Artículo 7

    1. El niño será inscripto inmediatamente después de su nacimiento y tendrá derecho desde que nace a un nombre, a adquirir una nacionalidad y, en la medida de lo posible, a conocer a sus padres y a ser cuidado por ellos.
    2. Los Estados Partes velarán por la aplicación de estos derechos de conformidad con su legislación nacional y las obligaciones que hayan contraído en virtud de los instrumentos internacionales pertinentes en esta esfera, sobre todo cuando el niño resultara de otro modo apátrida.

     Artículo 8

    1. Los Estados Partes se comprometen a respetar el derecho del niño a preservar su identidad, incluidos la nacionalidad, el nombre y las relaciones familiares de conformidad con la ley sin injerencias ilícitas.
    2. Cuando un niño sea privado ilegalmente de algunos de los elementos de su identidad o de todos ellos, los Estados Partes deberán prestar la asistencia y protección apropiadas con miras a restablecer rápidamente su identidad.

     Artículo 11

    1. Los Estados Partes adoptarán medidas para luchar contra los traslados ilícitos de niños al extranjero y la retención ilícita de niños en el extranjero.
    2. Para este fin, los Estados Partes promoverán la concertación de acuerdos bilaterales o multilaterales o la adhesión a acuerdos existentes.
  • Nota al pie 5: En septiembre de 2016, en el juicio por la privación ilegal de la libertad y tormentos a Patricia Julia Roisinblit y José Manuel Pérez Rojo, fueron condenados Omar Rubens Graffigna, Luis Trillo y Francisco Gómez. Este último fue, además, el apropiador del nieto de Rosa; le hizo creer que él y su esposa eran sus padres biológicos hasta que el joven supo la verdad, en el año 2000. La pareja fue condenada en 2007 por este grave delito.
  • Nota al pie 6: Esta nota fue realizada antes de las PASO del 11 de agosto.

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