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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

04/10/2023

Aniversario de la aprobación de la ESI

La complejidad humana que incomoda

La Ley de Educación Sexual Integral inauguró un nuevo paradigma que “tiene en cuenta la complejidad de los sujetos, sus sentimientos, valores, cuerpos y derechos”. Los discursos que se animan hoy a ponerla en cuestión hacen peligrar uno de los mayores avances en materia educativa de las últimas décadas.

En un colegio la maestra da la consigna de que cada une dibuje su cuerpo. Una niñez trans dibuja un cuerpo de niño con vulva y la maestra le saca el dibujo y lo “corrige”.

Alejandro Modarelli da una charla sobre activismo homosexual en Argentina y cita a Carlos Jáuregui: “Nacemos en territorio enemigo”.

El 4 de octubre se conmemora el aniversario de la aprobación de la ley de Educación Sexual Integral. Es un año particular, en el cual celebramos además 40 años de democracia ininterrumpida. Pero también es un año de elecciones presidenciales donde un candidato con muchas chances de ganar logra su caudal de votos, en parte, prometiendo dar marcha atrás con derechos fundamentales conquistados, entre ellos, el derecho a una educación sexual integral.

¿Se volverá la Argentina un territorio más inhóspito para el desarrollo libre de mujeres, varones y personas LGBTTQNB+? ¿Volverán las niñeces a ser “corregidas” si su género y su sexualidad en desarrollo se “desvía” de las normas conservadoras del mundo heterocisexista al que llegan? Porque reconozcamos que, aun con toda la lucha dada por aprobar la ley, los esfuerzos institucionales en fortalecer su efectiva implementación y el compromiso personal de les docentes que desean transmitir a sus alumnes una perspectiva solidaria con un mundo más igual y diverso para elles y para todes, la educación sexual integral sigue encontrando muchas resistencias. Si esto sucede hoy, ¿qué sucederá si la educación obligatoria queda en manos de personas interesadas en dejar de dictar sus contenidos

Es que educación sexual tuvimos siempre. En diferentes épocas, circularon modelos que van desde plantear una división tajante entre el cuerpo y la mente o reducir la sexualidad a la genitalidad y al coito, pasando por la asociación exclusiva de la sexualidad a la reproducción, la decisión de relegar las preguntas sobre la sexualidad al ámbito de lo “privado”, entendiendo los procesos de sexuación como “naturales”, “binarios” y “definitivos”. Ni hablar de que sexualidad “natural” y, entonces, “normal”, solo había una: la hetero-sexualidad. Gayle Rubin se preguntaba en sus investigaciones cómo podía suceder que siendo la variedad una propiedad fundamental de toda forma de vida, desde los organismos biológicos más simples hasta las formaciones sociales humanas más complejas, se supone sin embargo que la sexualidad debe adaptarse a un modelo único.

En un año marcado por la lucha por el derecho al aborto y el resurgimiento de discursos conservaduristas, el debate acerca de la Ley de Educación Sexual Integral vuelve al centro de la escena. Noviembre, 2018. Fuente: https://elgritodelsur.com.ar

En 2006 se sancionó la Ley Nacional 26.150 (conocida como “la Ley de ESI”) que estableció la responsabilidad del Estado en hacer cumplir el derecho de niños, niñas y adolescentes (NNyA) a recibir ESI en todos los establecimientos educativos. Entre sus objetivos figuran la incorporación de la educación sexual integral dentro de las propuestas educativas orientadas a la formación armónica equilibrada y permanente de las personas; que se asegure la transmisión de conocimientos pertinentes, precisos, confiables y actualizados sobre los distintos aspectos involucrados en la educación sexual integral; promover actitudes responsables ante la sexualidad y prevenir los problemas relacionados con la salud en general y la salud sexual y reproductiva en particular; y nada menor, procurar igualdad de trato y oportunidades para varones y mujeres. A diferencia de modelos anteriores, la ESI tiene en cuenta la complejidad de los sujetos, sus sentimientos, valores, cuerpos y derechos. A su vez, entiende la sexualidad como una dimensión fundamental de todas las personas, incluyendo al sexo, el género, las identidades, las orientaciones sexuales, el erotismo, la vinculación afectiva y la reproducción. Dada su “perspectiva integral”, la sexualidad se considera resultado de la interacción de varios factores biológicos, psicológicos, socioeconómicos, culturales, éticos y religiosos o espirituales en permanente desarrollo

Teniendo la oportunidad de dictar clases en una Diplomatura de Educación Sexual Integral lo que siempre nos emociona es el potente deseo de les docentes que se inscriben para “formarse para formar”. La demanda masiva y urgente de poder educar mejor a sus estudiantes en la perspectiva política de igualdad, justicia y diversidad que la ESI representa para elles contrasta esperanzadoramente con las situaciones de nuestras frases iniciales: estes docentes desean que sus aulas no sean espacios donde a la singularidad de sus alumnes se la “corrige” para que se adecuen violentamente a una norma hegemónica, violencia que las personas LGBTTQNB+ en particular han vivido tradicionalmente ya en sus propios hogares como “territorios enemigos”.
¿Puede el aula ser un territorio amigo, un espacio acogedor, un ámbito de formación que fomente la autonomía, la propia libertad, el cuidado propio y de otres, la no discriminación? Les docentes que hacen estallar las matrículas de las diplomaturas en ESI que se han abierto en los últimos años en distintas universidades del país parecen querer eso. Para elles, la necesidad de formarse es menos una obligación impuesta externamente que una búsqueda interior que les mueve a invertir horas de su tiempo libre en su capacitación. Porque la cuestión es clara: ¿cómo podemos dar lo que no nos dieron.

La ESI cuenta con lo que podríamos llamar dos “patas” fuertes para su desarrollo e implementación, que son los ejes y las puertas de entrada desarrolladas por el Programa Nacional de Educación Sexual Integral. Los primeros son un conjunto de cinco aspectos teóricos conceptuales que, a fines analíticos y pedagógicos, se presentan separados pero que en la práctica cotidiana se interrelacionan constantemente. Estos son: garantizar la equidad de género, el respeto por la diversidad, la valoración de la afectividad, el cuidado del cuerpo y la salud y el enfoque de derechos. Se desprenden de estos cinco ejes los contenidos específicos para cada nivel educativo acordes a las edades de NNyA. Lamentablemente hay mucha ignorancia respecto del modo en que el programa organiza de manera adecuada a la edad de les NNyA lo que se trabajará en clase. Sobre este desconocimiento -aunque no solo sobre él- se montan los discursos que “asustan” a les mapadres respecto de “qué se les dirá” en el colegio a sus hijes.

El enfoque de la ESI se nutre también de los avances en materia de derechos -las leyes de Identidad de Género, de Matrimonio Igualitario, de Cupo Laboral Travesti Trans, IVE/ILE, entre otras, que forman un marco normativo de avanzada en materia de Derechos Humanos para la región. Los derechos vinculados al ejercicio de la sexualidad son derechos humanos indispensables para ejercer una ciudadanía plena, lo que podríamos llamar “una ciudadanía sexo-genérica”.

La Educación Sexual para decidir. Octubre, 2018. Fuente: https://cr-alfrente.org

Luego tenemos las llamadas “puertas de entrada” que resultan ser una herramienta de análisis y de reflexión para la implementación de la ESI. Dan cuenta de las diversas formas posibles en que la sexualidad, entendida desde la perspectiva integral, se hace presente en las instituciones educativas para, a partir de allí, construir aprendizajes para la comunidad educativa en general (estudiantes, familias, equipos directivos y docentes). Al igual que los ejes, las puertas de entrada también son cinco: la primera es la reflexión sobre nosotres mismes; la segunda, el desarrollo curricular de la ESI; la tercera, la organización de la vida cotidiana institucional; la cuarta, la actuación frente a episodios que irrumpen en la escuela; y la quinta, la relación entre la escuela, las familias y la comunidad. Si bien el orden es sólo a fines de presentación, tomemos la primera puerta: aquí es donde nos podemos preguntar ¿qué nos pasa con la ESI? Que no es sino un modo de preguntarnos ¿qué nos pasa con la sexualidad (la propia y la de los demás)?

Esta cuestión nos puede incomodar porque implica un proceso de introspección y análisis de nuestra propia biografía sexuada. Estas vivencias no se construyeron de forma aislada, sino inmersas en un entramado social y cultural, en tiempos y espacios en los que se habilitaron o desalentaron determinadas prácticas, acciones y discursos, mezclados con sentimientos diversos de alegría, miedo, amor, desamor, curiosidad, frustración, etc. Lo que esta primera puerta de entrada habilita es una mirada hacia la propia historia para comprender quiénes somos y en qué medida nos hemos transformado, qué otras realidades podemos construir, o decisiones tomar. También permite repensar los modelos con los que aprendimos sobre sexualidad, cómo y con qué información, qué palabras evocamos al revisar nuestra experiencia, qué expectativas de otres, cómo nos sentimos entonces y hoy con eso.

Más allá de las características particulares de cada historia, todes recibimos explícita o implícitamente mensajes sobre lo que nuestra sociedad piensa de la sexualidad que se enmarcaron en un modelo binario, cis-heteronormado y que, aun dependiendo el grado de aceptación o rechazo, de comodidad o incomodidad con él, de todas maneras, marcó fuertemente nuestras biografías. Pero lo personal es político y esta política educativa que lleva ya diecisiete años nos invita a comprender que la sexualidad implica nuestra subjetividad tanto como es un fenómeno social. En esa intersección la Educación Sexual Integral puede ser la puerta de entrada a mayor libertad y el ejercicio pleno de derechos.

En una nota del año 2019 que fue traducida rápidamente al castellano y publicada en un diario nacional, Judith Butler se toma el trabajo de dialogar con quienes sostienen que el avance en términos de derechos para mujeres y personas LGBTTQNB+ en nuestras sociedades responde a una peligrosa y destructiva “ideología de género”1. Además de mapear cómo surge este discurso y desde qué sectores, Butler apunta al corazón ético que vibra en la defensa de esos derechos que siempre están amenazados, y hoy  particularmente frente al posible resultado de las próximas elecciones:

"En última instancia, la lucha por la igualdad de género y la libertad sexual busca aliviar el sufrimiento y reconocer la diversidad corporal y cultural de nuestras vidas. La enseñanza de género no es adoctrinamiento: no le dice a una persona cómo vivir, sino que abre la posibilidad de que les jóvenes encuentren su propio camino en un mundo que a menudo les enfrenta con normas sociales estrechas y crueles. Defender la diversidad de género no es, por lo tanto, destructivo: afirma la complejidad humana y crea un espacio para que las personas encuentren su propio camino dentro de esta complejidad".

Quienes somos docentes, quienes hemos elegido el camino de la educación en todos sus niveles, ¿reconocemos esa como la tarea a realizar en nuestras aulas: “afirmar la complejidad humana y crear un espacio para que las personas encuentren su propio camino dentro de esta complejidad”? Nosotras, sí. Apostar por la ESI entonces, contra todo desconocimiento o falsificación, no le dice a nadie cómo vivir, sino que abre posibilidades. En un mundo que enfrenta a NNyA con normas sociales estrechas y crueles -donde muchísimas veces las personas más cercanas, más queridas, son quienes nos imponen dolorosamente esas normas- de lo que se trata es de acompañar habilitadoramente a que encuentren su propio camino. Y así, aliviar el sufrimiento humano. Pero, de nuevo, ¿cómo dar lo que no nos dieron?

Los estudiantes vienen pidiendo por que se cumpla la ley de Educación Sexual Integral (ESI) Noviembre, 2019. Foto: Cedoc. Fuente: https://noticias.perfil.com

El mundo en el que les niñes no nacen en territorio enemigo o, que si así fuera, no reencuentran esa violencia en la escuela, este mundo en el que (como también dice Butler), aquelles que no cumplen con la norma merecen vivir sin miedo a amar y existir, este mundo es un proyecto ético-político. No es el mundo al que llegamos. Por suerte, claro, este mundo al que sí llegamos tiene oasis, tiene puertas que llevan a abrazos colectivos, esperanzas de cuidado, de aceptación, de transformación, como lo son les docentes comprometides con la ESI, los activismos y las organizaciones comunitarias que hacen lugar a la singularidad y la diferencia, y esas personas que nos cruzamos en la vida que nos educan, sin títulos ni instituciones, en otros modos de sentir, experimentar, desear y amar.

La ciudadanía de este mundo que todavía se está construyendo, como flor que crece entre las grietas de los cimientos del heterocisexismo y su violencia, encuentra una de sus puertas de entrada en esos ejercicios de autorreflexión que nos hacen entender que hay cosas que no sabemos ni entendemos, incluso de nosotres mismes. La sexualidad entendida ampliamente, como en la ley, ilumina esa complejidad humana que a muches nos asusta o incomoda, incluso estando a favor de la enseñanza de la ESI. ¿Cómo no le sucederá lo mismo a quienes abrazan un discurso que les anuncia apocalipsis y perversión por dejar a sus hijes probar el fruto del árbol del autoconocimiento? Porque quizás no todas las personas que temen a la ampliación de derechos sexo-genéricos (y a la visibilización de formas de amar y existir que no se ajustan a lo que les dijeron que era “lo normal”) son necesariamente agentes convencidos del patriarcado y el heterosexismo. Quizás la incomodidad de pensar qué nos pasa con la propia sexualidad sea lo que está detrás del temor que puede sentirse frente al derecho de les otres a la sexualidad en sus propios términos. Quizás no tengamos nosotres, quienes defendemos los derechos humanos y la enseñanza de la ESI, que responder solo con temor a la fuerza de las voces que hoy se sienten con legitimidad para prometer cerrar ministerios y eliminar políticas públicas con fines de igualdad y justicia sexo-génerica. Quizás podríamos inaugurar una interlocución posible si reconocemos que todos estamos más o menos incómodes frente a nuestra experiencia de la sexualidad. No se trata de “progres” versus “conservadores” necesariamente.

La ESI se trate de eso: de dar lo que no nos dieron, de enseñar a NNyA que la complejidad humana es una oportunidad, tanto como es incómoda; de reconocer que mi incomodidad no es argumento para legislar sobre el modo de existir del otre; de aprender que la vida -como la sexualidad- es “en proceso” y que nuestra propia subjetividad no está ni condenada desde sus orígenes, ni clausurada por un destino fijo. Quizás así la incomodidad se transforme en apertura existencial y en la chance de permitirnos cruzar la puerta de nuestros prejuicios si nuestra propia forma de amar, existir y desear cambiara en el futuro.

 

María Inés La Greca y Antonela Prezio

María Inés La Greca docente, investigadora y escritora. Es doctora y licenciada en Filosofía por la Universidad de Buenos Aires, donde enseña “Filosofía de la historia”. En la Universidad Nacional de Tres de Febrero es profesora adjunta de “Epistemología del género”, coordinadora de la Red Interdisciplinaria de Estudios de Género (CIEA) y directora de proyectos de investigación en estudios de género y teoría feminista.
Antonela Prezio es licenciada y profesora en sociología (UBA), investigadora, docente universitaria y de escuelas secundarias. Es doctoranda en educación (UNTREF) y especialista en políticas públicas y justicia de género (CLACSO). También es asesora de la Dirección de ESI de la Provincia de Buenos Aires (DGCyE). En UNTREF coordina la Diplomatura en Educación Sexual Integral y forma parte de la Red Interdisciplinaria de Estudios de Género (CIEA).

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Notas

1:  https://www.pagina12.com.ar/171657-no-disparen-contra-la-ideologia-de-genero