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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

23 de junio de 2020

El gran rompecabezas de la memoria

En su libro Crónicas de la memoria, Héctor Rodríguez reúne más de una veintena de historias de personas atravesadas por los crímenes de la última dictadura militar, entre ellas Horacio Domingo “Nariz” Maggio -fugado de la ESMA, recapturado y asesinado-, Ignacio Montoya Carlotto, Joan Manuel Serrat, Marie-Anne Erize, Alejandro Almeida, René Houseman, Chicha Mariani y Jorge Luis Borges. Rodríguez es periodista, publicista e integrante de la organización Barrios por la Memoria Zona Norte. 

Detalle de la portada del libro "Crónicas de la memoria. Relatos sobre la última dictadura y sus ecos en el presente"

 

Héctor Rodríguez era un adolescente a principios de los 70, en “los umbrales de la primavera camporista”, pero recuerda casi a la perfección el viaje que hizo junto a varios compañeros desde Buenos Aires hasta Pichi Leufu, una pequeña localidad a 70 kilómetros de San Carlos de Bariloche. La misión fundamental que llevaba aquel grupo era reparar, pintar y colaborar con la enseñanza de los estudiantes de una escuela rural en la zona. “Militancia con compromiso social”, rememora.

 

Héctor formaba parte del Ateneo San Patricio, que funcionaba en la parroquia del mismo nombre, en el barrio de Belgrano, y al que había ingresado motivado por sus hermanas. Allí escuchaba hablar del Hombre Nuevo, leía a Paulo Freire y a los curas tercermundistas mientras, en ronda, tomaba mate mirando un poster del Che Guevara pegado en una de las paredes. Al frente de aquel viaje a la Patagonia estaba, entre otros, Salvador Barbeito Doval, un joven seminarista español nacido en Pontevedra, que integraba la comunidad de curas palotinos.

 

 

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Baldosa por la Memoria en homenaje a Héctor Oesterheld

Pocos años después, en la madrugada del 4 de julio de 1976, varias personas que llevaban armas largas salieron de dos autos en los que se encontraban y entraron en la iglesia San Patricio, en la esquina de las calles Estomba y Echeverría para asesinar a tiros a los sacerdotes Alfredo Leaden, Pedro Dufau y Alfredo José Kelly, y los seminaristas Emilio Barletti y Barbeito Doval, quien “tantas veces había cenado en mi casa familiar, escrutado bajo la mirada de mis padres”, destaca Rodríguez.

Los cuerpos ametrallados de los religiosos fueron dispuestos sobre una alfombra roja y en las paredes de la casa parroquial en la que se alojaban los asesinos pintaron, entre otras consignas: “Estos zurdos murieron por ser adoctrinadores de mentes vírgenes y son MSTM”, aludiendo al Movimiento de Sacerdotes del Tercer Mundo, la tendencia de la Iglesia Católica identificada con la opción por los pobres.

Fue, justamente, sobre el cuerpo de Barbeito Doval que los represores dejaron un dibujo de Quino que estaba allí y en el que Mafalda sostenía el bastón de un policía, mientras se preguntaba si era un “palito para abollar ideologías”.

“Yo conocía a las víctimas, así que aquello fue tremendamente conmovedor para mí. Nunca antes había ocurrido semejante locura, tanto que es el mayor atentado cometido contra la Iglesia Católica en el país”, dice Rodríguez a Haroldo.

La Masacre de los Palotinos, que casi 42 años después continúa impune, es una de las trágicas historias incluidas en Crónicas de la memoria, un libro en el que Rodríguez compiló “relatos sobre la última dictadura y sus ecos en el presente” y que fue publicado por Ediciones Hernández.

 

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Héctor Rodríguez invitado como cronista a La Visita de las Cinco, Museo Sitio de Memoria ESMA, 2019

La presentación del libro estaba prevista para el 18 de marzo último, pero el comienzo del Aislamiento Social, Preventivo y Obligatorio declarado ante el avance del coronavirus impidió que se concretara.

El libro fue editado por Marisú Hernández, una de las dueñas de Librería Hernández, fundada por su padre, Damián Carlos, y que en 1976 fue clausurada por la dictadura. El matrimonio Hernández debió exiliarse en Uruguay, aunque sus tres hijas, entre ellas Marisú, permanecieron en el país.

“No tengo familiares desaparecidos ni una historia extensa de militancia como tantos en Argentina, pero todo lo ocurrido en esos años me convoca. Creo que la historia de cada desaparecido merece un libro, porque detrás suyo hay una familia que quedó destrozada y, en muchos casos, sin un cierre, porque los juicios no terminaron, los cuerpos no aparecen y los genocidas se llevaron la verdad a la tumba”, comenta Rodríguez.

A partir de la década del 90, pero, principalmente, tras la anulación de las leyes de impunidad, Rodríguez presenció juicios, acompañó a las Madres y Abuelas y participó de las movilizaciones por Memoria, Verdad y Justicia. Además, forma parte de Barrios por la Memoria Zona Norte. En varias ocasiones también fue cronista de la “Visita de las Cinco”, la actividad que el último sábado de cada mes, a las 17 hs, el Museo Sitio de la Memoria ESMA organiza bajo la forma de una visita guiada abierta y gratuita, en compañía de invitados  e invitadas especiales que dialogan con el público sobre su historia vinculada con ese lugar.

Uno de esos sábados, media hora antes de comenzar la visita, Rodríguez conoció a José Luis “Pepe” Taboada, que había llegado al Museo para participar de un homenaje a Horacio Domingo “Nariz” Maggio, uno de los pocos detenidos en la ESMA que logró escapar de allí; lo hizo a principios de 1977. “Asesinos hijos de puta”, les gritaba “Nariz” a los represores cuando desde un teléfono público llamaba a la ESMA como una afrenta al aparato criminal del que había escapado. Mientras logró mantenerse libre, Maggio escribió una carta en la que relató todo lo que había visto en el centro de torturas y exterminio. Dio nombres de víctimas y victimarios, y envió ese escrito a la prensa internacional, a organizaciones defensoras de los Derechos Humanos, a diplomáticos y a las autoridades de la Iglesia Católica. “Sé que con esta denuncia pongo en peligro la vida de mi mujer y mis hijos”, admitió en ese texto. “Nariz” Maggio fue cercado por fuerzas militares seis meses después de la fuga y asesinado en el barrio bonaerense de Chilavert. Su cuerpo fue mostrado a los prisioneros en la ESMA “como escarmiento anticipado para aquel que alimentara la esperanza de un nuevo intento de escape”, contó Rodríguez.

 

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Entrevista a Emilce Moler, Casa de la Memoria y la Resistencia Jorge Nono Lizaso, Munro, 2019

María y Facundo Maggio, los hijos del “Nariz”, también estaban en aquella “Visita de las Cinco”. Allí relataron la anécdota familiar que decía que, apenas concretada la fuga, su padre llamó a su madre, la abuela Haydé, para decirle apenas tres palabras en clave: “El pájaro voló”. Desde niños habían escuchado la historia de boca de “La Negrita” Haydé, pero en ese momento supieron la versión definitiva. La contó “Pepe” Taboada, y Rodríguez, testigo de aquella situación, la reprodujo en su libro: “Fui yo (el que llamó) y hay un por qué de todo esto. Alguna vez estuve en la casa de tu abuela, y aunque no llegué a conocerlo a Horacio sí pude conocer a tu tío Roque. Mi esposa de aquel momento era de apellido Maggio, prima hermana de ellos (...) Pensaba que Horacio estaba muerto. Una noche suena el teléfono en mi casa. Atiendo y del otro lado me dicen: ‘Soy Horacio. Llamá a mi mamá y decile que el pájaro voló. Simplemente eso. Decile el pájaro voló’ (...) Hicimos la llamada. Me atendió ella, le di el mensaje en clave y corté. Después no volví a saber de él. Esa es la historia que tenía para contarles”, dijo Taboada. “El rompecabezas de la memoria colectiva acaba de encastrar otra pieza”, pensó Rodríguez.

Crónicas de la memoria tiene el prólogo de Gustavo Veiga y sus textos, “la mirada profesional y docente” de Maru Ludueña, ambos periodistas. Ignacio Montoya Carlotto, Joan Manuel Serrat, María del Carmen Moyano, Marie-Anne Erize, Alejandro Almeida, Mauricio Villalba, “Tere” Álvarez, René Houseman, Chicha Mariani y Jorge Luis Borges, entre otros, forman parte del libro, abordados de tres formas diferentes: como “Historias militantes”, “Experiencias” y “Semblanzas”.

 “Es tan potente y duro lo que ocurrió en Argentina... Y todo pasó hace apenas 40 años. Hay sólo una generación entre medio. Recién en los últimos años se hizo más masivo hablar de dictadura cívico militar, así que imaginate el tiempo que nos puede llevar ampliar ese concepto a, por ejemplo, dictadura cívico militar, eclesiástica, empresarial y judicial. Porque todos los estamentos de la sociedad intervinieron para que ocurriera lo que ocurrió. No fue un grupo de asesinos que decidió tomar el poder. El día que comprendamos que, acaso, fue José Alfredo Martínez de Hoz quien puso a Jorge Videla en la presidencia y no al revés, vamos a entender la compleja trama de lo que ocurrió en el país”, asegura.

 

-Suele decir que “la memoria es un gran rompecabezas que todos intentamos armar de a poco”. ¿Cree que este libro es una pieza más?

 -Para las familias que fueron víctimas de la dictadura el horror es inenarrable y muchas veces no tienen la posibilidad de expresarlo. Creo que en esos casos este tipo de textos -y no digo éste, en particular, porque no soy tan conocido- permiten seguir contando cosas. A pesar de que muchos sientan que están hartos de habar de la dictadura, creo que no sólo faltan 300 nietos y el fin de los juicios, sino también que sea juzgada la pata civil, sobre la cual, por alguna razón, no se ha podido avanzar tanto. Entonces, hasta tanto eso pase, el rompecabezas siempre estará incompleto.

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