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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

25 de julio de 2020

Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente

Mujeres Afrodescendientes en la Argentina

La profesora Miriam Gomes, integrante de Área de Género de la Comisión 8 de Noviembre “Día Nacional de los/las afroargentinos/as y de la Cultura Afro”, da cuenta de las luchas por la reivindicación de los derechos y la visibilización de las mujeres afro en toda la región, cuya realidad actual se ve atravesada por las diferentes opresiones que operan en nuestra sociedad: el racismo, el machismo, el sexismo, el clasismo, la estereotipia, la extranjerización y la hipersexualización. 

Festival "Buenos Aires Celebra a la Comunidad Afro", noviembre de 2019.
Foto: Ignacio López

Introduccción

Desde el año 1992, cada 25 de julio se celebra en la mayor parte del mundo atlántico el “Día Internacional de la Mujer Afrodescendiente”. La instauración de esta fecha surgió del Primer Encuentro de Mujeres Afrolatinoamericanas, Afrocaribeñas y de la Diáspora, llevado a cabo en Santo Domingo, República Dominicana, ese año. Irene Ugueto de Venezuela, Epsy Campbell de Costa Rica (actual vice-presidenta de ese país) y Doris Mosquera de Colombia, se contaron entre las lideresas más destacadas de aquella convocatoria. Se estableció esta fecha como conmemoración de la reunión, pero también como punto de partida de la profundización de la lucha por la reivindicación de los derechos y la visibilización de las mujeres afro en toda la región. Además, para destacar su contribución cultural, social, económica y política en la conformación de los Estados. En la Ciudad Autónoma de Buenos Aires, en 2012, la Legislatura sancionó la Ley 4.355 que establece este día en el ámbito de la Ciudad. En 2016, hizo lo propio el Municipio de Avellaneda; en 2019, el de Lomas de Zamora; etc. El impulso es el de federalizar este día en nuestro país para hacer visible la condición de las mujeres afro y diversidades.

 

“Mujeres Afrodescendientes en la Argentina” - Revista Haroldo | 1
 Foto: Sebastián Miquel

Contextualización

La expansión del dominio europeo en las Américas a partir de 1492 condujo a la violación de nuestros territorios y a la implantación de sociedades coloniales con una matriz cultural blanco-europea. Desde la fundación de Buenos Aires, en 1580, la ciudad ya contaba con una población negra que había sido arrancada desde el otro lado del Océano Atlántico, para ser esclavizada y servir a las necesidades de mano de obra de la corona española. La mayor parte provenía de los territorios que actualmente pertenecen a Angola, República Democrática del Congo, República Popular del Congo y Guinea, área en la que predominan los grupos étnicos que hablan las lenguas de la familia lingüística bantú (desde el 2006, contamos en el país con un Diccionario de Africanismos en el Castellano del Río de la Plata, editado por la Universidad Nacional de Tres de Febrero).

En Argentina, la abolición de la esclavitud llegó lentamente y como respuesta a un amplio movimiento abolicionista mundial impulsado desde Inglaterra, que suprimió el tráfico de esclavizados/as en 1807. La Asamblea de 1813 declaró la “libertad de vientres”, que consideraba “libres” a los hijos de las mujeres esclavizadas nacidos a partir del 31 de enero de ese año. Tuvieron que pasar todavía varias décadas para que los patricios vieran la necesidad de liberar a los/las afrodescendientes –que ya eran argentinos/as-; y, en 1853, la Constitución Nacional declarara en forma expresa la abolición de la esclavitud (en Buenos Aires se verificó sólo en 1861, cuando adhiere a la Confederación).

Sin embargo, la abolición no condujo a ningún tipo de medidas reparatorias para ese sector de la población que durante cuatrocientos años trabajó para generar la economía de las elites blancas, y que se vio impedido de labrar la propia. Estas elites abandonaron a su suerte a los y las afrodescendientes, al tiempo que fomentaban fuertemente la migración europea y excluían e invisibilizaban sistemáticamente a los pueblos afro y originarios.

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Marcha por el Día Internacional de la Mujer, 9 de marzo, 2020.
Foto: Paulina Días.

Invisibilización

Según un relevo de los censos que consideraron la procedencia étnica de los habitantes, en 1806 el porcentaje de afroporteños/as era de 30,1%; de 40 ó 50% en provincias como Córdoba o Santiago del Estero. A partir de entonces, y hasta fines del siglo XIX, el decrecimiento estadístico sostenido de la población negra fue constante, y en el censo de 1887 apenas representábamos el 1,8% del total. Aunque algunos autores aseguran que la causa de la presunta “desaparición de los negros” fue la guerra del Paraguay o la epidemia de fiebre amarilla de 1871, a partir de investigaciones realizadas en las últimas décadas, las organizaciones negras afirmamos que esta percepción de “desaparición” fue sobre todo el resultado de una representación historiográfica sesgada y manipulada, más que de una realidad empírica: en los documentos oficiales, la gama de la población anteriormente denominada negra, parda, morena, de color, pasó a llamarse “trigueña”, un vocablo ambiguo que contribuyó a la invisibilización de nuestro colectivo. Gracias a este cambio de definiciones, según el sociólogo Gino Germani, para fines de 1887 el porcentaje oficial de afrodescendientes disminuyó a 1,8. A partir de ese período, los censos ya no informaron sobre este dato. Por otra parte, en la segunda mitad del siglo XIX, se verifica el ingreso masivo de la inmigración blanca europea (fomentada desde el artículo 25 de la Constitución Nacional), que hará disminuir –en términos relativos- las proporciones de población negra en indígena en todo el país. Por eso, hablamos de “desaparición artificial” y relacionamos tal efecto con el Proyecto de la Generación del `80, integrada, entre otros, por Bartolomé Mitre y Julio A. Roca, de “blanquear” al país como requisito para el desarrollo y el progreso del vasto territorio argentino, con una población genéticamente “blanca y culturalmente europea”. Hasta el día de hoy, esta bio-política continúa vigente y afectando la cotidianeidad de los y las afrodescendientes.

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Foto: Sebastián Miquel

Actualidad

Los sistemas socioeconómicos en América Latina y el Caribe, de creciente exclusión social, obtienen del racismo, la xenofobia estructural e institucional y del patriarcado los elementos estructurantes de la desigualdad, la concentración de la riqueza, la pobreza y la creciente violencia hacia las mujeres. Efectivamente, la realidad de las mujeres afro y sus diversidades se ve atravesada por las diferentes opresiones que operan en nuestra sociedad: el racismo, el machismo, el sexismo, el clasismo, sumándose a éstos la estereotipia, la extranjerización y la hipersexualización de las mujeres afro. Efectivamente, el acoso sexual en ámbitos públicos y privados se ve habilitado por una perversa percepción (consecuencia del régimen esclavista y de su justificación ideológica) de que estas mujeres son presas sexuales “por naturaleza” y estarían siempre dispuestas al acto sexual, sin importar su consentimiento.

 

Por otro lado, los flujos migratorios -que se caracterizan por una creciente feminización- obedecen en su inmensa mayoría a las consecuencias sociales del patrón de acumulación del capitalismo, que excluye a enormes y cada vez mayores masas de población. Así, en el caso de las afro-migrantes –quienes representan un número importante entre las afrodescendientes del país-, se acopla el violento discurso de la xenofobia, que las presenta como una amenaza para las fuentes de trabajo, el sistema educativo y de salud. Además, en los últimos años, los requisitos de radicación empezaron a ofrecer múltiples dificultades, lo que entorpece la obtención de la “legalidad”. Estos obstáculos no disminuyen la migración, sino que disminuyen la migración legalizada, precarizando aún más sus condiciones.

Según un estudio de Naciones Unidas sobre Población, Equidad y Transformación Productiva, las mujeres constituyen constituyen entre el 20 % y el 40 % de las Jefas de Hogar de América Latina. Este dato nos muestra el rol activo que ellas asumen en la búsqueda de recursos económicos para la subsistencia familiar o para el mejoramiento de la calidad de vida.

En la Argentina, el panorama no es diferente, aunque se ve agravado por la sistemática negación de la presencia afro y, por lo tanto, la consecuente invisibilización de las mujeres y sus problemáticas específicas. Sin embargo, el papel de las mujeres afro y sus diversidades ha sido esencial en diversos ámbitos: en el familiar, ellas son –como vimos- el sustento económico, en numerosas ocasiones; las sujetas activas en la transmisión de la cultura y las tradiciones familiares a través de las distintas generaciones, y han sido fundamentales en la comunidad y en la organización social para la reivindicación política de sus derechos. Las mujeres negras argentinas fuimos las primeras en instalar en el debate público cuestiones como el racismo y la discriminación locales, poniendo la cara y el cuerpo en épocas en las que éste era un tema tabú, denunciando distintos ejercicios de violencia, ya sea por nuestro fenotipo o color de piel, por la estigmatización social de presas sexuales “fáciles” y por pobres. Encontramos a las mujeres afroargentinas arriesgando su vida en la lucha por la libertad, la independencia y contra el contra el racismo y el patriarcado de ayer, como nuestra Capitana, la gran María Remedios del Valle, Josefa Tenorio, abanderada del ejército o la sargento Carmen Ledesma.

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Taller regional sobre los Objetivos del Milenio y los Objetivos de Desarrollo Sustentable en la Sociedad Caboverdeana de Dock Sud, 2018.
Foto: Leticia Sánchez Garris

Conclusiones

El crítico contexto sanitario y socio-económico actual ha revelado y profundizado las históricas carencias y desigualdades sufridas en la sociedad y, en particular, por las mujeres afro. Sin embargo, no desistimos de la lucha ni de la organización. Antes de la pandemia, habíamos iniciado instancias de diálogo con diferentes organismos estatales a fin de garantizar espacios de expresión y decisión en la nueva gestión. Pasada la emergencia sanitaria, seguiremos luchando a través de la incidencia política y otros medios para acercarnos al ideal de los tres ejes del Decenio Internacional para los Afrodescendientes, que estamos transitando: Reconocimiento, Justicia y Desarrollo (2015-2024).

No quisiera concluir este panorama sin nombrar a las lideresas que han conducido hasta el momento la lucha político-cultural en el país:

-Gladys Mabel Mallorca, primera directora del Instituto de Investigación y Difusión de las Culturas Negras “ILÉ ASÉ OSÚN DOYO” fundado en 1986 (ya fallecida).

-Carmen y Susana Platero, creadoras de La Comedia Negra de Buenos Aires, en 1987, el primer elenco íntegramente afrodescendiente del país y escuela de formación actoral (fallecidas).

-Lucía D. Molina, directora de la Casa de la Cultura Indoafroamericana de Santa Fe, fundada el 21 de marzo de 1988, una de las más respetadas de la provincia.

-Sandra Chagas, vice-presidenta del emblemático Movimiento Afrocultural, de 1989, y fundadora de Matambas, movimiento afro-feminista.

-Irene Ortiz, presidenta de la Casa de África para el Intercambio Cultural, de 1995, una potente difusora de la cultura africana.

-María Magdalena Lamadrid, creadora en 1997 de África Vive, con proyección nacional e internacional.

-María Rosa Pallone, fundadora de la organización ¿Quiénes somos? Desde 2000, busca develar la identidad de personas que fueron apropiadas cuando bebés.

-Freda Montaño, recitadora, bailarina y actriz, directora del Grupo BEJUCO, de música y danzas tradicionales afroecuatorianas.

-Maria Elena Lamadrid, dirige la organización afroargentina Misibamba, rescatando el candombe y las tradiciones afrocriollas.

-Sergina Boamorte, directora de A Turma da Bahiana, que difunde la cultura afrobrasileña presente en el país.

-Adriana Mameto Kiammasi, Organización Negra de integración Raíces Africanas, ONIRA, cultora de la religión de matriz afro.

-Alejandra Egido, creadora y directora de Teatro en Sepia, con mujeres y temáticas que reivindican el devenir de las afrodescendientes.

-Seynabou Sane, directora de Karambenor, Asociación de Mujeres Senegalesas para la Ayuda Mutua Oriundas de Casamance, 2013.

-Asociación Cultural y Deportiva Caboverdeana de Ensenada, fundada el 13 de septiembre de 1927 y dirigida a lo largo de su historia por diferentes mujeres: Carolina Kalipolitis, Miriam Nobria, Selma Simó, María Rocha. La Sociedad de Socorros Mutuos “UNIÓN CABOVERDEANA” de Dock Sud, fundada el 13 de agosto de 1932, presidida por Susana da Cruz, Mirta Lopes y yo misma en cuatro oportunidades. Ambas constituyen las organizaciones más antiguas de la diáspora caboverdeana en el mundo y han contribuido durante la mayor parte del siglo XX y lo que va del XXI a mantener viva la llama de la cultura africana en el país.

-Aunque no ha sido dirigente de organizaciones de la sociedad civil, hay una mujer afro que no podemos dejar de nombrar aquí: es María Fernanda Silva, flamante embajadora ante el Vaticano, nombrada por el gobierno de Alberto Fernández. Excepcional desde donde se la mire: con una brillante carrera diplomática, es la primera mujer en ese cargo y además afrodescendiente.

 

*Profesora Miriam V. Gomes
Área de Género de la Comisión 8 de Noviembre “Día Nacional de los/las afroargentinos/as y de la Cultura Afro”.

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