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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

02 de octubre de 2019

Familia de revolucionarios

Aurora Sánchez es heredera de una estirpe de militantes que lucharon en momentos cruciales del siglo XX, desde la Guerra Civil española a la Nicaragua sandinista de los 80. En 1989, su hermano Roberto y su sobrino Iván participaron, con un final trágico, del asalto a La Tablada por el Movimiento Todos por la Patria (MTP). 
Treinta años después, un documental reconstruye fragmentos de la historia de esta familia y con ella, la búsqueda de justicia de Aurora para sus Indalos.  

Aurora Sánchez Nadal y Nora Cortiñas.
Foto: Paloma García

Tres décadas después, el intento de copamiento del cuartel de La Tablada sigue conmoviendo y generando debates. Mucho se ha dicho sobre la acción del 23 de enero de 1989 del Movimiento Todos por la Patria (MTP), liderado por Enrique Gorriarán Merlo. Poco se ha reparado en las historias de quienes pelearon aquel día fatídico donde el Ejército reprimió como en la dictadura: con torturas, fusilamientos y desapariciones.

 

Este año se estrenó el documental Los Indalos de Gato Martínez Cantó, Santiago Nacif Cabrera y Roberto Persano, que salda parte de esta deuda. Allí se rescata la historia conmovedora de una familia de revolucionarixs que luchó en distintos momentos cruciales del siglo XX, como en la Guerra Civil española (1936-1939) o en la Nicaragua sandinista de los años 80. Dos miembros de esta familia, Roberto Sánchez y su sobrino Iván Ruiz, combatieron en el país centroamericano y participaron, con un final trágico, del asalto a La Tablada. Roberto murió allí e Iván continúa desaparecido. Hay pruebas de que había sido detenido por el Ejército.

 

La película se estructura a partir del testimonio de Aurora Sánchez Nadal, "la cachorra", quien es la mamá de Iván y hermana de Roberto. Ella es militante, fotógrafa y escritora. La idea del documental nació cuando la entrevistaron para el documental Nicaragua…el sueño de una generación (2012). Allí descubrieron una historia familiar única, pero que podría representar la vida de miles de militantes revolucionarixs del siglo pasado.

 

“Mis indalos, que son mi hermano Roberto y mi hijo Iván, son los que me protegen ahora. Son los que fueron capaz de dar su vida por lo que creían justo”, cuenta Aurora en el documental. Allí explica que el indalo es un símbolo de la era neolítica que fue encontrado en Mojácar, España. Las personas que viven allí sostienen que esta figura te protege de las personas que tienen mal ángel. Es por eso que Aurora tiene uno dibujado en la puerta de su casa y lleva otro colgado en su cuello.

 

Uno de los valores agregados del documental son los escenarios donde se desarrolla. Las cámaras acompañan a Aurora en su visita a los diferentes países donde vivió, luchó o sufrió su familia. Con tomas cuidadas y de una belleza impactante podemos conocer el exilio de su padre y su madre en Barrán, Francia, o el de ella y su hermano en París. También viajan a Argentina y a Nicaragua. Esto permite darnos cuenta de la magnitud de la historia de esta familia que cruzó océanos y continentes en busca de una vida mejor o detrás de una causa.

 

"Mis padres eran refugiados de la Guerra Civil Española. Se conocen en un campo de refugiados en Francia en el '39. Pero él se escapa y después en el '42 o '43 él se mete con la resistencia francesa, con el maquis, para sabotear los camiones de los nazis. Yo nací en el '43. Y entonces termina la guerra en el '45, van a Marsella. Ahí nace mi hermano, y después en el '50 nos vinimos acá (Argentina). Acá nos criamos", cuenta Aurora.

 

Al comienzo del film, Aurora viaja junto a su hija Mayra a Barrán, la tierra donde nació. Es un pueblo pequeño de casas antiguas y techos de tejas ubicado en la región de Mediodía-Pirineos al sur del país, cerca de la frontera con España. Recorren sus calles en busca de aquellos rincones donde creció. Luego se dirigen a la playa de Argelès-sur-Mer, junto al Mediterráneo, donde se instaló el campo de refugiados republicanos. Allí encuentran, junto al mar, un cartel que cuenta la historia de ese lugar y una piedra escrita en memoria de los 100 mil republicanos y republicanas que estuvieron allí. Es el mismo sitio donde se conocieron y enamoraron su padre y su madre. Aurora se quiebra en llanto y necesita sentarse en el piso. Después de recomponerse un poco mira a cámara y dice:

 - Acá es como el eje de mi vida. Imagínate. Lo que dice ahí ¿no? - y señala a la piedra-. Que eran hombres que perseguían la libertad.

En ese mismo viaje visitan París. Allí tuvieron que marchar al exilio con su hermano y la familia de ambos. Roberto militaba en el ERP y cae preso en 1975, durante el gobierno de Isabel Martínez de Perón. Allí sufrió torturas y maltratos de todo tipo. Cuando Roberto recupera la libertad, en plena dictadura, tienen que partir hacia hacia la ciudad de las luces. En esas mismas calles, junto al río Sena y con la torre Eiffel de fondo, Aurora y su hija Mayra recuerdan lo duro que fueron esos tiempos. “Como decía el Yayo -el padre de Aurora-, lo triste no es que te vayas. Lo triste es que te echen”, le dice a su hija durante el documental.

 

“Familia de revolucionarios” - Revista Haroldo | 1
Aurora Sánchez Nadal. 
Foto: Gonzalo Magliano

En esas charlas entre una madre y su hija están, quizás, algunos de los momentos más ricos de Los Indalos. Se pueden ver resquicios de lo que le sucede a la familia de aquellas personas que deciden el camino de la militancia política. Detrás de la épica, del compromiso, de la lucha y de las grandes causas también están les hijes, las madres y los padres. Que acompañan, alientan, se enojan, recriminan y se enorgullecen.

 

Aurora recuerda y le explica a Mayra detalles, contextos y motivos de las decisiones que tuvieron que tomar. Incluso se permite una autocrítica. “Quizás yo fuí egoísta. Y pensaba más en mi participación política que en mi actividad como madre”, dice en el documental. En otra escena, una de las tantas charlas sobre aquellos días termina en un abrazo profundo e intenso entre ambas. Aurora toma el rostro de su hija y le pide perdón. Unos segundos después se recompone, le seca las lágrimas y le dice: “Vamos a reírnos un poco”.

 

Tanto Aurora como Roberto supieron que no iban a quedarse en Europa. Cuando estalló la Revolución Sandinista se fueron, en distintos momentos, hacia Nicaragua para sumarse a un proceso que despertó muchas ilusiones. Ella se sentía latinoamericana, quería volver a estas tierras. Él quería seguir peleando.

 

“Era un tipo (Roberto) que sabía que no iba a morir viejo, era de estos revolucionarios que todo lo dan. Son de los pocos que hay, porque si hubiera muchos más como él muchos dictadores ya estarían fuera del mapa. Y mi hijo era igual, me volvía loca”, le cuenta a Haroldo.

 

A los 13 años Iván se sumó a un batallón de reserva del ejército sandinista y a los 14 estaba peleando. Tres años después ya era aviador. “Cuando yo le decía algo, él me decía, ‘nos hubiéramos quedado en España, me trajiste acá y acá hay que luchar’. Y cuando yo le decía que tenía que estudiar, me decía, ‘déjate de joder, yo no puedo estudiar mientras otros dan su sangre’”, recuerda.

 

En 1988 Iván decide volver a Argentina junto con su tío para sumarse al MTP. Aurora lo llevó al aeropuerto de Managua para tomarse un avión rumbo a Cuba. Él le aseguró que se encontraría con Roberto allí y luego volvería. Cuando sucedió el intento de copamiento de La Tablada Aurora se dio cuenta que le había mentido.

 

“No sé por qué volvieron ¿Qué se yo? Querían salvar a la Argentina. No lo sé”, dice Aurora. Sin embargo, no les recrimina nada. Al contrario. Para ellas fueron personas valientes que mantuvieron la dignidad, sus ideales y tuvieron el coraje de enfrentarse al mayor Ejército de América Latina. “Al margen de si La Tablada fue o no fue un acierto, ellos fueron valientes, entregaron su vida. Lo que pasa es que La Tablada siempre fue tabú”, afirma.

 

De hecho, ha sido una acción muy criticada por la mayoría de las fuerzas políticas de izquierda y del llamado campo popular. Incluso aún hay versiones diferentes sobre los motivos que llevaron al MTP a intentar copar ese cuartel. Gorriarán Merlo aseguró hasta su muerte en 2006 que querían evitar un Golpe de Estado en marcha. Otros sostienen, como Felipe Celesia y Pablo Waisberg, autores del libro La Tablada: A vencer o morir. La última batalla de la guerrilla argentina, que querían iniciar una revolución al estilo sandinista y ser la chispa que encienda la pradera.

 

Para Aurora esas son discusiones secundarias. “Lo que hay que hacer es rescatar y darles un lugar que se merecen los muchachos. No solo fue tabú sino que aplastaron la memoria, entonces como que poca gente sabe lo que pasó”, afirma. 

 

Para ella, este documental es una herramienta. Primero para darles un reconocimiento a su papá, a su hermano y a su hijo. Después para denunciar las torturas que sufrieron los y las combatientes del MTP, el asesinato de Roberto, y las desapariciones de Iván y sus compañeros José Alejandro Díaz, Carlos Samojedny y Francisco Provenzano.

 

“Para mí esta película es seguir vivos, es mantenerlos vivos. No tengo derecho de dejarlos morir. Para mí siempre ellos son la vida, no están en este mundo. El ser humano desde el primer aire que dan a la vida viene con la muerte, puede vivir un minuto o 100 años, la muerte es parte de la vida”, dice Aurora mientras acaricia el indalo que tienen colgado en su cuello.

 

* Luego de su estreno durante agosto en la ciudad de Buenos Aires, está previsto que próximamente haya proyecciones en otras provincias argentinas y que se pueda ver en plataformas digitales (no hay fechas confirmadas aún).

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