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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

21 de febrero de 2019

40 años de la revista Humor

La risa como espacio crítico

Desde su aparición en junio de 1978 la revista Hum® fue una de las publicaciones que, a través de la sátira y la crítica mordaz, buscó -y logró- ensanchar los márgenes de libertad permitidos hasta entonces. A partir del análisis de las relaciones entre cultura y política la socióloga Mara Burkart indaga y reconstruye el papel de la revista en las luchas simbólicas en el campo de la cultura masiva en tiempos dictatoriales.

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Mara Burkart

La experiencia autoritaria y represiva encarnada por la última dictadura cívico-militar, instrumentada a partir del terrorismo de Estado, implicó un feroz disciplinamiento y reorganización de la sociedad en su conjunto.

Asumiendo que la cultura masiva y las posibilidades de reír y de hacer reír no permanecieron al margen de los efectos de la masacre, la socióloga Mara Burkart, a través de su trabajo de investigación, se propuso reconstruir el campo de las revistas de humor gráfico para, a partir de allí, analizar y comprender las luchas simbólicas y de construcción de sentidos que circularon en las mismas.

La revista Humor, de Ediciones de la Urraca, surgida hace poco más de 40 años en tiempos de fiebre mundialista, fue una de las publicaciones que, a través de la sátira y la crítica mordaz, buscó tensionar y ampliar las condiciones de posibilidad de decir y mostrar en medio del terror y el silencio.

Dirigida por Andrés Cascioli logró erigirse -en el corazón mismo de la cultura masiva- como un espacio alternativo a la cultura oficial del autodenominado Proceso de Reorganización Nacional.

Buscando reconstruir y, al mismo tiempo, homenajear aquella experiencia, Revista Haroldo conversó largamente con la autora de De Satiricón a Humor. Risa, cultura y política en los años setenta publicado por la editorial Miño y Dávila.

¿Qué motivó su investigación y qué objetivos se propuso?

Tenía definido que trabajaría sobre la última dictadura argentina y comencé a investigar, a indagar sobre los objetos culturales que circularon en aquella época. Mi interés se centró en interrogarme por la cultura masiva: qué se había producido, qué se había podido leer y ver en esos años. ¿Qué tenía detrás? Mi construcción de lo que había pasado en esos años producto del colegio secundario. En tiempos de dictadura yo era muy chiquita y si bien tuve parte de mi familia exiliada, no tenía cabal comprensión de lo que sucedía. Eso lo fui construyendo después pero sí tenía una idea de que los años de dictadura habían sido años oscuros y de mucha violencia. Y eso lo asociaba al miedo y a la idea de que nada se podía hacer. De repente me encontré con Humor y fue como advertir que sin caer en el colaboracionismo, sin ser cómplice, “algo” se podía hacer. Allí surgió la pregunta por conocer qué, con qué recursos… y en la revista Humor me encuentro con la importancia del humor y de la imagen como medios para decir cosas que, capaz, de otra forma, hubieran sido imposibles de expresar en palabras. Por ejemplo en uno de los chistes aparece una guillotina. Eso funciona como metáfora que habla de una situación de violencia que dejaba muchos cabos sueltos, dando lugar y posibilidades a un lector predispuesto para que complete con sentidos propios eso que aparecía sugerido. Y no era un caso aislado, o un único chiste sino que eran más y más cada vez… Hay un claro ejemplo de Alfredo Grondona White donde una patota asesina a un hombre en su casa.

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Violencia hay en todos lados, incomunicación también. Autor: Alfredo Grondona White. Revista Humor Nº 15, Julio de 1979

Todo eso empezó a generarme inquietud y motivó muchas preguntas sobre el papel y el lugar del humor para abordar esos temas terribles. Al mismo tiempo veía que desde las Ciencias Sociales no se le había prestado mucha atención, no por carecer de importancia sino porque hubo aspectos más urgentes que abordar. Las Ciencias Sociales también fueron víctimas de la represión, entonces cuando la academia se empieza a recomponer en democracia la urgencia era tratar de explicar la desaparición forzada, la desaparición de los cuerpos. Desde la Ciencia Política la mirada estuvo puesta en la cuestión de las dimensiones de la dictadura o la cuestión democracia-dictadura… Después en los años ’90 se fueron ampliando los temas de investigación, se abordó la cuestión de los medios pero me parecía que la cultura masiva siempre quedaba relegada. Al mismo tiempo se fue construyendo una visión dicotómica por la cual si fueron medios masivos habían sido cómplices con el régimen y si eran producciones marginales habían sido críticos, resistentes, etcétera. Dentro de la cultura masiva también se fueron generando espacios marginales, algunos exitosos, otros no. En el caso de Humor se fue generando ese desplazamiento desde esos márgenes a un lugar más central dentro de la propia cultura masiva y ese pasaje es lo que me interesaba ver.

¿Cuál es el contexto en el que emerge el proyecto de la revista Humor?

El grupo que formó Humor con Andrés Cascioli a la cabeza ya se conocía de antes. Se había desperdigado pero ya habían trabajado juntos. La primera experiencia de varios fue Satiricón. Los militares la clausuraron en 1976 y de ahí surgió una nueva revista, El ratón de Occidente, que duró un año. Cascioli se fue antes por diferencias con Oskar Blotta. Trató de hacer otra experiencia con Carlos Ulanovsky (la revista Perdón) y el otro grupo siguió en El ratón… pero en esta revista claramente se observaron los límites que le imponía la coyuntura. Publicaban chistes costumbristas pero ya no del estilo de Satiricón. En los dos primeros años de la dictadura el clima de censura se hizo sentir fuerte. No había lugar para generar la risa ni para la gran osadía en términos culturales. Incluso en Clarín el propio Hermenegildo Sábat dejó de hacer caricaturas de funcionarios de primera línea. Retrató a algunos funcionarios de segunda línea del Ministerio de Economía y posteriormente cambió de sección, pasó a ilustrar en Internacionales o Cultura pero no en clave satírica. El ratón de Occidente terminó cerrando luego del secuestro de Blotta, Mario Mactas y una secretaria (secuestro que no estuvo vinculado con la revista pero que obviamente generó mucho miedo). A partir de allí el grupo se desarmó: algunos volvieron a profesiones como la publicidad o a trabajar de ilustradores. Al mismo tiempo estaba la revista de Landrú (Tía Vicenta) y algunos siguieron publicando allí; en Tía Vicenta se hacía humor político pero riéndose prácticamente “de todos”. Por supuesto no caricaturizaron a (Jorge Rafael) Videla pero sí a (José Alfredo) Martínez de Hoz, a algún otro miembro de la Junta Militar. El grupo de Satiricón obviamente no quería a Isabel Perón porque era ella la que les iba clausurando todos los proyectos. Es decir, más allá de la coyuntura de violencia que se vivía, ellos se habían visto muy perjudicados y Cascioli seguiría teniendo la misma postura con ese sector del peronismo incluso cuando se acercó la transición en 1983. No por eso en la redacción dejó de haber peronistas, en ese sentido Cascioli fue muy plural.

¿Qué ocurrió con el primer número de la revista en junio de 1978? Fue un número objetado…

A mediados de 1978 se conjugaron varias cuestiones que permitieron que Humor aparezca. Lo central es que se realizó el Campeonato Mundial de Fútbol. El hecho que todo el mundo estuviera mirando un país sobre el que existían cuestionamientos por las denuncias sobre las violaciones a los derechos humanos permitió cierta “apertura”. Los militares necesitaban dar una imagen de que había ciertos márgenes de libertad. En 1978 Sábat publicó la primera caricatura de Videla. Landrú también publicó la suya y Tato Bores, que había sido sacado del aire por el gobierno de Isabel Perón, regresó a la televisión… Hay varias cuestiones vinculadas a la censura que venían del tercer gobierno peronista que se empezaron a aflojar, lo que da la idea (real o no) de cierto corrimiento de algunos límites. En ese contexto apareció Humor con su tapa de “Menotti de Hoz” (una hibridación visual entre el DT de la selección nacional César L. Menotti y el Ministro de Economía Martínez de Hoz) dibujada por Andrés Cascioli. El primer número fue objetado, calificado como de “exhibición limitada”: significaba que sólo podían exhibir el título[1]. Para la nueva revista fue como una condena… Creo que eso fue una llamada de atención. Como un decir: ‘Ustedes sacan una nueva revista pero nosotros estaremos atentos’. Hubo como un mensaje de “vamos a estar atentos”. Hay que mencionar que existían distintos niveles de censura que venían operando en la dictadura. Esta viene de la Municipalidad de Buenos Aires. Posteriormente serán muy pocas las objeciones o actos de censura a diferencia de revistas y proyectos anteriores. Ellos fueron precavidos en no direccionar las críticas hacia la Municipalidad, que ya los había censurado en varias oportunidades.

¿Cuál fue el pacto de lectura que se estableció?

El contrato de lectura se fue construyendo progresivamente y buscaba reivindicar prácticas y valores que se creían perdidos. También apuntó a expresar ideas y sentimientos de aquellos sujetos dispersos y replegados culturalmente por la represión como así también llenar el “vacío cultural” y combatir el tedio que generaba la oferta cultural oficial. La revista se fue transformando en un espacio crítico donde circularon representaciones cómicas y serias de la sociedad. Como parte de ese proceso en el cual se va construyendo el pacto de lectura surgieron nuevas secciones y cambiaron de nombre algunas que ya existían. Humor se inició como una revista exclusivamente de humor gráfico y terminó convirtiéndose en una publicación seria y política de sátira. Creo que hay algo que Humor hace bien que es construir comunidad con sus lectores. Yo creo que muchos de sus periodistas eran más explícitos en sus posicionamientos personales de lo que era la revista. No hay una correlación directa. Cascioli apareció firmando a principios de los años ’80 alguna de las solicitadas de Madres de Plaza de Mayo y demás organismos pero la revista no asume esa bandera tan abiertamente, porque la revista tiene su timing y va construyendo un vínculo con los lectores en el que eso se demora más. Creo que el discurso como publicación masiva fue cauteloso y cuando se sintió segura salió a decir todo lo que tenía que decir.

En su trabajo da cuenta de que desde un principio Humor realizó críticas a la cultura dominante (lo comercial) y al modelo económico. ¿Podría desarrollar eso?

Yo fui viendo que entre los recaudos que se tomaron para evitar la censura, se decidió no incluir chistes más picarescos o que abordaran lo sexual con cierto tenor tal como lo habían hecho en Satiricón. Al mismo tiempo, desde el inicio creo que se fueron perfilando dos grandes temas sobre los cuales hacer sátira: uno era lo que circulaba en la cultura masivamente y en los medios de comunicación y que aparecía vinculado como a una cultura política oficial (aunque no hubiera un militar detrás). Aludía a lo que circulaba en los canales de TV (todos bajo control militar)[2] pero también a lo que hacían las personas mismas (actores, actrices, vedettes, periodistas, deportistas). Esto puede verse en el propio nombre de la sección de Espectáculos que estaba hecho en letras de molde rellena con la bandera de Estados Unidos. Ese sería un espacio que iba a criticar y satirizar a la farándula vernácula (por ejemplo a Graciela Alfano, Moria Casán, Susana Giménez, “Pata” Villanueva) y a la cultura “comercial”. Puede verse también que en muchas de las tapas de Humor se burlaban de la prensa dominante, de la revista Gente, de Siete Días, Radiolandia. El otro tema satirizado era la política económica que ya venía siendo discutida y criticada desde los diarios más importantes, Clarín por ejemplo. Hay un trabajo de Marcelo Borrelli que aborda esa cuestión[3]: Clarín, en ese entonces con una línea desarrollista, estaba en contra del proyecto liberal de Martínez de Hoz. Yo creo que Humor se pliega a eso, suma su cuota satírica y va a empujar un poco los márgenes a los cuestionamientos ya hechos por otros pero no aportó un tema nuevo. No se pone a la vanguardia de la crítica, pero, al mismo tiempo lo muestra de una forma novedosa. La novedad va por el registro satírico. A la par están los chistes sobre violencia, de humor negro, que yo digo que van en un segundo nivel porque no aparecen en tapa sino que van mezclados. Y en ese contexto de violencia toman otro sentido.

¿Qué papel desempeñó el uso de la imagen?
Las imágenes fueron claves en el pacto de lectura entre Humor y sus lectores. Tuvieron un lugar central y la singular estética de las caricaturas de las tapas fueron una marca distintiva de la revista. En las portadas Cascioli solía ofrecer una versión satírica de las fotografías en las cuales algún personaje “rico y famoso” solía posar sonriendo a cámara como en las revistas Gente, Siete Días etc. Las caricaturas de Cascioli hacían una doble operación: se burlaban tanto del personaje retratado como de la publicación. Muchas de esas imágenes satirizadas además remitían al repertorio iconográfico de la cultura masiva.
En la trayectoria de Humor le atribuye un lugar importante al año 1979, ¿por qué?

En 1979 van ganando confianza, logran romper una barrera, van ampliando constantemente el número de lectores. En abril de ese año la revista pasó de ser mensual a quincenal, logrando un mayor contacto con el lector. A la par se produjo una renovación importante que terminará afianzando a Humor: se alejó Alicia Gallotti y luego se incorporaron Mona Moncalvillo, que terminó de consolidar la sección de Reportajes, y nuevas firmas, periodistas que no eran conocidos en ese momento y que son bien recibidos por los lectores. Eso es algo para destacar en Humor y en la figura de Cascioli: se incorporaron periodistas que no tenían gran trayectoria, se animó a una renovación y eso fue bueno. Hay algo en Humor de pensar para adelante, pensar en el futuro.

En ese proyecto ¿qué rol desempeño Cascioli?

Cascioli tenía mucho ojo. Los dibujantes dejaban sus trabajos, Cascioli los miraba, les daba sugerencias, les hacía una devolución. Me parece que Cascioli desempeñó un rol distinto a, por ejemplo, el de Landrú como director de Tía Vicenta, sobre todo en la segunda etapa: Landrú no juega como aglutinador de equipo. Se lo ve más publicando sus cosas y completando con otros trabajos. Acá Cascioli tiene su tapa pero después la revista la completan los demás. Él sí selecciona y ahí lo interesante es la calidad y la diversidad. Cada humorista tiene su trazo y son muy diferentes pero todos se sentían reconocidos. Era una revista con espacio para publicar y siempre se tuvo cuidado en que si se agregaban páginas escritas se sumaran páginas para la imagen aunque hacia el final de la dictadura va ganando el texto y eso se nota. Eso se vincula con que la revista va asumiendo un papel político sin dejar el humor de lado. Ese rol aparece con más claridad ahora que estoy analizando y comparando con la experiencia chilena y brasileña donde en ambos casos hay revistas políticas de oposición. Acá en la Argentina no las hubo y Humor termina ocupando ese espacio y cumpliendo ese rol. Lo hace porque Cascioli se abrió a eso, porque él lo permitió y lo estimuló.

¿Cómo se fue construyendo el relato de la revista?

Si bien a la larga el relato fue coherente, Humor también tuvo sus idas y vueltas. Tengamos en cuenta que hablo de Humor y Humor es un grupo enorme de humoristas, periodistas, dibujantes en el que no todos opinaban igual, había matices en ese gran discurso de la revista y al mismo tiempo había idas y vueltas, posicionamientos que no eran lineales porque del otro lado también había movimientos. Es decir, lo que había era una polifonía y si bien en algunos momentos esa polifonía parecía que se perdía, al mismo tiempo, estaba. Después de 1981 Humor apareció más consolidada, se la nota más segura de lo que quiere decir. Al principio es más una cuestión experimental a ver si podemos decir lo que queremos decir. Por ejemplo, el tema de la violencia también es algo que se fue construyendo. Hoy en día hablamos de terrorismo de Estado, de plan sistemático de desaparición de personas o de genocidio etc. pero en ese entonces todavía estamos en el vamos. Eso no está conceptualizado. Y eso se va construyendo en Humor en diálogo con otros actores sociales, van surgiendo palabras, frases. Se puede ver en las entrevistas, en donde aparecen otras voces, como por ejemplo cuando entrevistan a Ernesto Sábato. Allí está rondando la teoría de los dos demonios (de la que hoy claramente muchos decimos por ahí no va el análisis) pero en ese entonces se está en el vamos. Muchos en un principio adhieren porque creen que por ahí va una explicación, una denuncia. Después hay un cambio y se toma distancia, algunos más otros menos. En ese sentido está la necesidad de ser conscientes de eso, de no ir con las prenociones o los conceptos de hoy, o con el prejuicio de ir a reclamar por qué no denunciaste tal cosa.

¿Qué secciones e historietas destacarías en particular?

Siempre con el riesgo de no ser imparcial o de ser injusta puedo decir que hay muchas y muy diversas. En la sección de Espectáculos es muy interesante ver cómo se fue tematizando de manera cada vez más consciente el asunto de la censura. Fue denunciando, fue estableciendo criterios de validación (esto es bueno, esto es malo), tenían fama de muy críticos. También destacaría la sección de Gloria Guerrero sobre el rock (las Páginas de Gloria), sección que se incorpora luego de un intento fallido de sacar una revista (Rocksuperstar) y me parece que funcionó bien ahí en cuanto a la franja juvenil que se enganchó. Allí también hay otro mérito que es el de incorporar a una periodista mujer en un mundo, como el del rock, tradicionalmente masculino. Además Gloria era muy joven. Ese cruce, esa combinación intergeneracional también es un aporte de frescura a la revista. El rock también había sido perseguido, mediante razzias, etc., no por su componente político-partidario sino por la necesidad de reprimir a la juventud y a sus manifestaciones. En ese sentido fue importante haberle dado un lugar en Humor. Más adelante a través de las notas de Enrique Vázquez, Jorge Sábato y Luis Gregorich se fue apuntalando el panorama y análisis político. Y respecto a las tiras, hubo algunas emblemáticas como Las puertitas del Señor López (guión de Carlos Trillo y dibujos de Horacio Altuna) que abordando la evasión de la rutina laboral y hogareña, la represión, la mediocridad permitió establecer dobles lecturas y generó complicidad con los lectores o La clínica del Dr. Cureta (guión de Meiji y dibujos de Ceo) que daba cuenta del avance de la mercantilización en el mundo de la salud. Otra como Vida interior (de Tabaré) que no siempre tenía una lectura en clave política, era de las más interesantes. Hay otras que pasaron más desapercibidas pero que habría que revalorizar y revisar. También destacaría las relacionadas con la cultura popular que son las que hacía Aquiles Fabregat, incluso con componentes políticos. Y había otros casos que no tenían historietas fijas, como Grondona White, que era muy prolífico y producía unitarios costumbristas.

También rastrea cómo, en el mismo momento, algunas temáticas similares que aparecen en la prensa gráfica tienen distintos tratamientos y efectos de lectura…

Cada publicación va generando su propio pacto de lectura, va dándoles indicios a sus lectores respecto a qué esperar o cómo leer ciertos contenidos. Por ejemplo yo analizo el caso del tratamiento de la cuestión de la inflación en Clarín y en Humor (también Landrú en Tía Vicenta usó un recurso similar) y si bien representan la misma sátira (Martínez de Hoz escapándose del tiburón que representa la inflación) los efectos en cada medio son diferentes. La de Sábat es en blanco y negro en medio de las notas de Clarín. Fue publicada en una página interna del diario donde había una escritura más densa y muchas menos imágenes que en la actualidad (hoy estamos acostumbrados a un bombardeo visual enorme) con muy pocas fotografías, lo que generaba que las caricaturas (sea de militares o de sus cómplices civiles) tuvieran mucha mayor potencia. En el caso de la caricatura de Cascioli se lo ve aún más ridículo al Ministro, ya que está haciendo esquí acuático. Sumado a esto estaba el tema del color que destacaba en los kioskos y luego en la lectura, dándole mayor potencia a la imagen. Recordemos que los diarios eran completamente en blanco y negro. Por eso hay que reconstruir una práctica de lectura de aquellos lectores que es muy diferente a la actual. Además la tapa de Humor, a casi un año del triunfo en el Mundial ’78, más que la “gesta deportiva” está recordando la inflación que no cesa y que el Ministro de Economía Martínez de Hoz no puede controlar. En ese sentido en esta caricatura está la intención de interpelarnos sobre la lógica del “pan y circo” asociada al fútbol: aquí el humor termina siendo serio, cumple la función de volvernos a la realidad. No se queden con el “circo” (que sería estar celebrando el aniversario del Mundial), tengan en cuenta el “pan”.

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Humor Nº 8. A. Cascioli. Enero 1979 / Clarín. H. Sábat. Diciembre 1978

Identifica miradas dicotómicas respecto al lugar, al papel de la revista Humor en dictadura: ¿cuáles serían esas distintas posturas?

Algunos la erigen como símbolo de la “resistencia cultural” y otras miradas minimizan su rol considerando que fue “lo que los militares nos dejaban leer”. Capaz que fue un poco de todo eso… Los militares dejaron hacer sin poder prever lo que se iba a gestar. A ver, ok: los militares dejaron hacer, ahora ¿qué hizo cada uno con esas posibilidades? ¿Me animo a un poco más? ¿Qué hicieron Cascioli y su equipo con esos márgenes? Y es allí donde viene el reconocimiento para ellos. Cascioli politizó la revista, la convirtió en un instrumento de denuncia, en una herramienta para generar comunidad, para brindar trabajo a periodistas, humoristas y dibujantes… Muchos dirán no fue lo suficientemente crítica pero sí hizo crítica y fue bastante coherente en sus posicionamientos y fue ampliando ciertos márgenes de lo que se podía decir y mostrar dentro de la prensa masiva. En ese sentido sí fue un gesto de resistencia, de oposición, de crítica… Hay que reconocer ese recorrido de los contenidos de esos primeros números hasta las denuncias a la Justicia del Nº 97 que generó el secuestro de los ejemplares… Hay un trayecto, un salto allí que implicó pasar de las tapas a Martínez de Hoz a colocarlo a (el integrante de la Cuarta Junta Militar Cristino) Nicolaides, a (el ministro del Interior Albano) Harguindeguy… Hay muchos gestos importantes y ahí yo sí creo que en la etapa de transición ellos buscaron ponerse a la vanguardia cambiando el registro en un contexto en el cual pocos pensaban que alguna vez podrían ser juzgados por algo. Recordemos que la Argentina venía de una tradición de golpes de Estado donde los militares eran un actor político más y pocos cuestionaban ese papel. El accionar de la última dictadura y sobre todo la derrota en Malvinas fue lo que habilitó el cuestionamiento y lo que posibilitó que públicamente se afirmara que esos militares tenían que volver a sus cuarteles y que debían subordinarse a un poder civil.

Usted señala que durante la progresiva apertura, el llamado al diálogo, hay una crítica a los partidos políticos y a la dirigencia. Pero después de la derrota de Malvinas, en esa tensión dictadura-democracia, Humor cierra filas con la recuperación democrática. ¿Qué podría decir sobre esta decisión editorial?

Me llamó mucho la atención. Yo creo que ellos ahí se dieron cuenta. La sátira define un enemigo y ataca: en este caso fueron los militares y los cómplices civiles. En el ’80, que es cuando se habilita el diálogo político, la sátira va dirigida a los militares que promueven ese “diálogo” y la denuncia refiere a que de diálogo no tiene nada, son más bien monólogos, y también hay una sátira con respecto a los políticos que se sientan a dialogar. Pero en 1981 desaparece la sátira. Es el año en que se forma la Multipartidaria con el objetivo de constituirse en un interlocutor válido. Ahí Humor decide que el enemigo de sus sátiras no estará en ese sujeto que empieza a gestarse y que pretende construir algo diferente. La sátira, el ataque, seguirá recayendo sobre los militares. Yo creo que ahí sí hay una decisión consciente. Humor pensará a futuro en la necesidad de construir un orden social nuevo que será la democracia. En ese marco los partidos políticos cumplen un rol fundamental, de allí que la revista deje de satirizar a los políticos y los sume del lado de los entrevistados. Desde 1981 Mona Moncalvillo los entrevista a “todos” y de cualquier arco partidario: sean radicales, peronistas, de izquierda, conservadores, sindicalistas… “Escuchemos a todos” es la postura. Y en 1983 Humor hizo la misma operación con el Poder Judicial. En la reconstrucción del orden democrático “necesitamos la Justicia con nosotros”, entonces no salieron a pegarle sabiendo que hubo muchos jueces cómplices de la dictadura. Se asumió que la salida revolucionaria ya no sería posible y que se debe partir desde allí.

¿Qué pasó con la revista Humor con el retorno a la democracia? Pierde lectores, hay reacomodamientos…

De a poco se fue perdiendo el miedo de todos a hablar, el del periodismo a decir y fueron apareciendo nuevos medios. Surgieron otras revistas que empezaron a competirle a Humor. Pienso en El porteño, con investigaciones más profundas, más comprometidas, más fuertes. Surge El Periodista de su misma editorial, lo que también denota un límite del progresismo en cuanto a cantidad de lectores y de mercado. La misma televisión va teniendo más espacio, más aire. En 1986 nace La noticia rebelde, surgen otras formas de humor y manifestaciones culturales que no existían en dictadura y tal vez, en ese marco, la revista Humor recupera su curva más normal de ventas. Tal vez el período de excepción fue en dictadura. Un elemento más a considerar es que Humor queda muy asociada al alfonsinismo además de las dificultades para mantener un nivel de sátira con un gobierno recién electo con el que además simpatizaba.

¿Y en los años ’90, durante el menemismo? ¿Cuál es tu lectura?

Con Carlos Menem ocurre otra cosa. Humor había denunciado en dictadura un modelo liberal y ese proyecto vuelve con Menem a través de una mayoría que lo elige y acompaña. Y Menem es un payaso en sí mismo. Los militares representaban la solemnidad, lo mismo los medios de comunicación. En los ’90 eso ya no existe. El mismo Presidente es casi una parodia de sí mismo: por su vestimenta, por las cosas que dice y hace… Antes era la risa en un contexto solemne. El humor distendía, funcionaba como válvula de escape en un clima de violencia y represión. En los ’90 no. Estaba (Marcelo) Tinelli que rompía, destruía y maltrataba al propio amigo. Ahí hay algo con el humor: la sátira se ríe del poderoso, no del débil. Tinelli introduce lo de reírnos de nuestros pares en términos de mofarse del débil y humillándolo aún más. Y la gente se enganchó con eso.

A 40 años de la aparición de Humor ¿cuál piensa que ha sido el mayor aporte de esa experiencia? ¿Ve alguna huella, alguna continuidad de Humor en la actualidad?

Si bien la revista salió hasta 1999 el recorte que yo hice en mi investigación se circunscribió a los años de dictadura: ’76 hasta fines del ’83 y en ese tiempo Humor logró ocupar un lugar central en el periodismo y dentro de la cultura masiva. Dentro del periodismo ocupa un lugar reconocido en la medida en que muchas figuras periodísticas salieron o pasaron por Humor (en dictadura o en los ’80). Si bien en democracia van perdiendo lectores sigue siendo una referencia y fue una de las últimas grandes revistas de humor gráfico (en la tradición de Caras y Caretas, Rico Tipo, Hortensia, Satiricón). En esa historia la revista Barcelona es un nuevo mojón pero con características particulares porque gráficamente la imagen tiene otro lugar y cuando se las usa en las tapas y contratapas el peso del texto sigue siendo más importante. No recurren tanto a la caricatura política sino al fotomontaje que viene de antes. Y también marcaría algunas diferencias respecto al tipo de humor. Barcelona dialoga más con Satiricón, es más irreverente y juega más con la ironía. Humor utilizaba un humor serio: usó la sátira para expresar un mensaje que en el fondo es serio. En Barcelona por momentos eso se desdibuja y los lectores no siempre lo entienden en ese sentido. Si uno observa el correo de lectores ve que la ironía en muchas ocasiones no es comprendida, como le pasa a veces a Diego Capusotto. Otro elemento a considerar son los cambios tecnológicos y de soportes. La aparición de lo digital y las dificultades para sostener las publicaciones en papel. Lo digital, la inmediatez también modifica las lógicas del acontecimiento. Las publicaciones van quedando a destiempo. Humor salía quincenalmente, había un tiempo para definir cuál era el hecho de la quincena que merecía ser tapa… Hoy día “todo” queda desactualizado.

Mara Burkart es Socióloga. Magister en Sociología de la Cultura y Análisis cultural por el Instituto de Altos Estudios Sociales de la Universidad de San Martín y Doctora en Ciencias Sociales por la Universidad de Buenos Aires (UBA) e Investigadora del CONICET.

Notas

  • Nota al pie 1: Un decreto municipal del 13 de junio de 1978 impidió su exhibición en los escaparates externos de los kioskos de diarios. Además su director Andrés Cascioli tuvo que defender su revista frente a la Comisión de Moralidad. Véase Burkart, Mara: De Satiricón a Humor. Risa, cultura y política en los años setenta. Buenos Aires. Miño y Dávila editores. 2017.
  • Nota al pie 2: Las tres armas se repartieron el control de los distintos canales de TV, en ese entonces públicos: Canal 9 lo controlaba el Ejército; Canal 13, la Armada y Canal 11, la Aeronáutica. Canal 7 (desde 1978 denominado ATC -Argentina Televisora Color-) tenía una dirección compartida.
  • Nota al pie 3: Se refiere a “Por una dictadura desarrollista: el periódico Clarín frente a la política económica del último gobierno de facto en Argentina (1976-1981)”. Marcelo Borrelli y Jorge Saborido. Ediciones Universidad de Salamanca. 2013.

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