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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

26 de septiembre de 2017

Arte urgente

Son más de 60 colectivos artísticos los que el sábado próximo tomarán el Espacio Memoria y Derechos Humanos,  un hito fundamental en la historia de los organismos, para convertirlo en una potente caja de resonancia de los conflictos del pasado y los actuales. Quienes forman parte del encuentro creen necesario imaginar nuevos modos de hacer, de articular y de ocupar el espacio público en tiempos de convulsión social y de lucha. 

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Arte urgente para momentos de urgencia. Acciones relámpagos para incidir y transformar y modificar el estado de las cosas. Recursos que ya han sido utilizados en otras coyunturas y que pueden volver a reactivarse ante las necesidades del presente. De esto se trata el encuentro “Arte Urgente”, que se realizará el próximo 30 de septiembre en distintos espacios de la exEsma y que se propone como una acción colectiva organizada por un grupo de trabajadores nucleados en ATE Capital, artistas, investigadores e integrantes de organismos de derechos humanos.

Los más de 60 colectivos que formarán parte de "Arte Urgente" creen “necesario imaginar nuevos modos de hacer, de articular y de ocupar el espacio público”, explica la investigadora del CONICET Ana Longoni, una de las organizadoras del encuentro junto con Juan Pablo Pérez  del Centro Cultural de la Cooperación y Matías Cerezo, del Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti.

Para la especialista, “la idea de arte urgente tiene que ver con otros modos de practicar y entender el arte. No es la idea de un arte pensado para la institucionalidad y sus legitimidades sino pensar en un conjunto de prácticas y experiencias que conciben al arte como un modo de acción política”.

Argentina tiene un largo legado en este sentido, como los primeros “artistas del pueblo”, un grupo de grabadores que a principios del siglo XX repartían sus obras en las puertas de las fábricas para socializar su práctica. O los fascículos de Facio Hebequer, que fueron pensados para un público analfabeto y que no hablaba castellano, para que pudieran tener un repertorio de imágenes de la historia del movimiento obrero, de sus penurias pero también de sus posibilidades de lucha.

Las variadas experiencias de los años 60 también se inscriben en esta historia de articular arte y política, como la ya mítica “Tucumán Arde” o la reinvención del muralismo por parte de colectivos que se apropiaban del territorio urbano para hacer que las paredes hablaran. “A lo largo del siglo pasado hay varios momentos históricos en los que se produjeron este tipo de articulaciones. En general son momentos de convulsión social, de crisis, de lucha. Son momentos de interpelación hacia la expansión de la posibilidad de la política como un vector transformador”, resume Longoni.

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Longoni encuadra esta forma de hacer arte en los modos que tuvieron los organismos de Derechos Humanos de visibilizar su reclamo, como “El siluetazo” o el uso de fotografías de los familiares desaparecidos. “Esas estrategias creativas tenían que ver con darle una corporalidad, una performatividad y una visualidad al movimiento. Lo cierto es que desde los años 90 en adelante esas prácticas no han dejado de persistir. Hay momentos bastante importantes como el “escrache”, cuando surgió HIJOS”.

Con esta idea colectivos como Los Tambores No Callan,  Yo no fui, Las amandas, Mujeres de Arte Tomar, Bataclana, Archivo De La Memoria Trans, Artistas Solidarios, Vivas nos queremos, M.A.F.I.A entre otros muchos, tomarán el Espacio Memoria y Derechos Humanos para convertirlo en una potente caja de resonancia de distintas acciones de activismo artístico.

“Hay un aprendizaje que trasciende lo artístico. Esto me parece que es central: los movimientos sociales han aprendido y han utilizado las imágenes e iconografías de larga data en la historia del arte como prácticas recientes”, dice Juan Pablo Pérez, curador de la muestra “Libertad a Milagro: Artistas Visuales por una democracia sin presxs políticxs”, que reunió en el Centro Cultural de la Cooperación a un conjunto heterogéneo de artistas visuales, con la idea de “recuperar esa pata de sentir político”.

Para Matías Cerezo, “es clave que sean los trabajadores de este espacio los que convocan al encuentro, en el que todos los colectivos que participan tienen una relación muy fuerte con la idea de memoria”. Además, la relevancia de hacerlo en el espacio de Memoria y Derechos Humanos, que representa un hito fundamental en la historia de las luchas de los organismos. “Cuando nosotros pensamos esta convocatoria desde los trabajadores del Espacio de Memoria y Derechos Humanos, lo pensamos como una manera de contribuir a la visibilización de este lugar como caja de resonancia de los conflictos del pasado y los actuales. Como trabajadores nos sentimos parte del movimiento de Derechos humanos. Nos parece muy importante esa relación entre artistas, trabajadores y los organismos de Derechos Humanos”.

“Hay una coyuntura nueva -aporta Longoni- que hizo emerger grupos de activismo con mucha potencia. Después de los 90, la otra gran coyuntura fue el 2001 y yo diría que en el último año y medio se vuelve a dar un momento muy particular, de intensidad y de expansión de estas prácticas. No hay práctica política o comunicacional que hoy no tenga esta dimensión activista, que no recupere esta performatividad”.

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Para la investigadora, la iniciativa de generar un encuentro para que estas prácticas se visibilicen, se conecten y conformen una red es algo de por sí muy potente. “Puede generar iniciativas a futuro, vocabularios comunes y formas de colaboración y solidaridad entre los grupos en un momento tan álgido”.

Longoni recuerda que este encuentro tiene un antecedente en 2002, que se llamó “Multiplicidad” y se realizó en el barrio porteño de San Telmo en el que confluyeron colectivos artísticos “lo que permitió conocer otras prácticas y escuchar a los otros y poder enunciar, hacer un ejercicio autorreflexivo respecto a las cosas que uno va haciendo. Después hubo otra iniciativa, donde a lo largo de dos días reflexionamos sobre activismo artístico. Es decir, no es la primera vez que se hace un encuentro de este tipo, pero estamos todos muy sorprendidos con la cantidad de grupos que se anotaron, con gente  que viene de Córdoba, de Chaco, de La Plata, de Rosario. Esto también habla de la necesidad de estos grupos de mostrar lo que están haciendo y de articularse en un momento donde la lógica represiva en las calles está siendo un vector que atraviesa la posibilidad de hacer estas prácticas, que habitualmente ocurren en el espacio público”.

Los grupos que participarán en el espacio son de generaciones muy distintas y con trayectorias y disciplinas muy diversas. “Hay colectivos que trabajan hace 20 años como Arte Callejero o Etcétera y otros muy recientes, jovencitos; grupos con distintos modos de hacer, como el Movimiento de Mujeres o con la cuestión de la disidencia sexual hasta grupos más articulados a luchas concretas como el reclamo por la aparición de Santiago Maldonado o la libertad de Milagro Sala. Los agrupamos en seis áreas en función de los lenguajes que predominan en la intervención que proponen: gráfica, piezas audiovisuales, música, danza, fotografía y acciones poéticas”, explican los organizadores.

El encuentro comenzará las 14 con las distintas intervenciones y perfomances; a las 17.30 habrá una acción colectiva por la aparición con vida de Santiago Maldonado y a las 18 los grupos participarán de una asamblea abierta, que servirá como puesta en común de todo lo realizado.

En todos los casos, se trata de colectivos que trabajan en un territorio de tensiones. “Son experiencias limítrofes, intersticiales, que friccionan lo que entendemos por arte y por política. Y en ese sentido, no se trata tanto de reclamar una legitimidad artística, sino de mantener esa capacidad de interpelar arte y política. No se trata de convertir el “arte político” en una etiqueta, sino más bien de mantener su condición díscola y disidente”.

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