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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

25 de mayo de 2017

Los dibujos que sobrevivieron al horror

Lelia Bicocca fue secuestrada y desaparecida en 1977. Bajo la luz artificial de "Capucha", en la Esma, trazó unos dibujos de humor negro a los que tituló Il Capuchino. Ricardo Camuñas -sobreviviente del campo de exterminio- atesoró esos papeles hasta hoy. “Estaba esperando este momento: quería mostrarlos. Ahora tomo conciencia de que es un elemento material de alguien que estuvo ahí, un testigo mudo".

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Volvió a la Esma en 2014. Volverá por segunda vez este sábado 27 de mayo para "La visita de las 5” en el Museo Sitio de Memoria. Aunque en el medio volvió hecho canción de la mano de su hija Angélica, que se presentó con su bella voz en el escenario del ECUNHI.

Sobreviviente del campo de exterminio, Ricardo Camuñas guardó durante 40 años unos dibujos hechos sobre papeles de servilletas. Ahora, esos trazos llenos de humor negro verán la luz en la muestra “Lelia Bicocca. Una historieta en la ESMA”.

“Estaba esperando este momento: quería mostrarlos. Pero nunca pensé que podía tener el impacto que veo que generó porque, claro, ahora tomo conciencia de que es un elemento material de alguien que estuvo en la ESMA, un testigo mudo”, reflexiona Camuñas en diálogo telefónico desde Tucumán.

Lelia Bicocca sigue desaparecida. Fue secuestrada el 31 de mayo de 1977 cuando tenía 44 años y trasladada primero a Campo de Mayo y luego a la Esma, donde fue vista por última vez en octubre de 1977. Bajo la luz artificial de Capucha, donde estaba detenida, dibujó esas figuras humanas a las que tituló Il Capuchino, y que Camuñas atesora desde entonces.

Il capuchino me llega enviado por Betty, mi novia de entonces, que estaba detenida junto a Lelia. Me llega a través de un guardia, un pasamanos, no sé. Lelia había desarrollado una relación especial con algunos guardias, que le permitían tener papel, lápiz, ese tipo de cosas. Había un guardia que iba y hablaba con ella y de repente decía: `mejor me voy, esta señora me hace pensar mucho´. Era una mujer muy especial, pero todo lo que sé de ella me lo contó Betty cuando nos liberaron el 1 de septiembre de 1977”.

Son dibujos sobre servilletas de papel de bar, la servilleta que es como la seda. Con frases de El Principito, de El Martín Fierro. Lo más fuerte es el encabezado, donde Lelia lo plantea como si fuese un periódico”, dice Camuñas y lee:

Ediciones: Grilletes Unidos

Autores: Esposas varias

Talleres Gráficos: Cucha  Cucha

Se terminó de imprimir un día a la tarde, temperatura primaveral, olores varios.

Luz artificial del año 1977.

 

“Tremendo”.

Camuñas se emociona mientras recorre cada uno de los ocho dibujos que heredó y que describe con precisión: “Después hay otra página con dos dibujos, uno aparenta estar tocando una guitarra y dice: Aquí me pongo a cantar; después hay otro que dice: Perrito lindo, no, donde evidentemente, le acaba de mear la pierna; el otro dice: Ahora comprendo por qué los árboles florecen en primavera y dejan caer sus hojas en invierno sin sentir culpa de librar; en la tercera hoja hay un texto que dice: Amar no es mirarse uno al otro sino mirar dos en la misma dirección. Hay otro que está con muletas y ahí está desgraciadamente borrado pero el texto empieza con caminante no hay camino, se hace camino al andar y había una vez un Principito, pero se humedeció el papel y se borró. Y el último es un dibujo que tiene la cabeza en la mano –como en Hamlet, pero en vez de calavera tiene su propia cabeza- y está borrada la frase pero me acuerdo que decía ser o no ser".

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“Son todas figuras humanas dibujadas con palotes y en los brazos hay restos de esposas cortadas, los brazos se despliegan pero de cada una de sus muñecas sale un pedazo de cadena. Y lo mismo también el pie con los grilletes...”, sigue describiendo lo que para él fue el modo que encontró Lelia “de hacer un poco más llevadera su estancia ahí. Y también para llevar el mensaje de estamos vivos”.

“Recibir esos dibujos fue como un regalo”.

“Yo era un militante político en Tucumán, actuando en el ámbito universitario y, por situaciones de público conocimiento, en el año 1976, hubo compañeros muy cercanos a mi militancia que desaparecieron, razones por las que yo me traslado a Buenos Aires en el año ´76. Betty era mi novia en esos momentos, ella viene meses después y estábamos conviviendo. Al año regresamos ambos a Tucumán", relató Camuñas ante la justicia en noviembre de 2014, durante la Megacausa ESMA.

El 22 de agosto de 1977, al regresar en tren desde Tucumán a Buenos Aires, al momento de bajar del Estrella del Norte en Retiro, sintió un golpe. "Me ataron las manos con una especie de cuerda, cinta, y nos llevaron en autos por separado desde una de las playas de estacionamiento (…) Llegamos a un lugar donde se escuchaba el sonido de mucha gente, movimiento, vehículos, y tengo la sensación de haber bajado unas escaleras a un lugar en donde me someten a un interrogatorio, datos diversos, me pintaron los dedos, sacaron fotografías, me hicieron desnudar, me revisaron todo el cuerpo y bueno, todo esto con una capucha y después nos llevaron a otro lugar, que ahí sí reconozco haber subido escaleras, donde ingresamos en un lugar donde tengo el recuerdo de una puerta que se abría, la sensación de una cosa pesada, no sé si metálica o qué, sobre todo cuando se cerró". 

Camuñas y Beatriz Luna fueron liberados a los 10 días, gracias a la intervención de un abogado de la Liga Argentina por los Derechos del Hombre. “Salimos juntos el mismo día. Hubo un momento en el que nos llaman por el número -cosa que sí no recuerdo- y nos llevan. Creo que ese fue uno de los momentos de mayor tensión… la espera, parados en el exterior, recuerdo el fresco del viento. Estábamos los dos todavía con capucha, apoyando las manos sobre la pared y a la espera de no sabíamos qué. Se escuchaban ruidos que no eran los habituales, hasta que uno nos condujo hasta un auto:  dos adelante, nosotros atrás y nos dejan frente a la estación del Ferrocarril Mitre en una calle interna. Eran unos callejones pasando las Torres de los Ingleses, muy oscuros. Ya era de noche. Ahí nos bajan con la recomendación de que descendiéramos sin mirar, que recién cuando escucháramos que se alejaran podíamos abrir los ojos”, recuerda Camuñas y enseguida otra vez la voz quebrada cuando relata el abrazo interminable de la pareja.

“Uff, muy fuerte. Nos dejaron ahí una valijita con cuatro, cinco prendas y el dinero casi exacto para poder tomarnos el subte, que fue lo que hicimos, desde Retiro hasta Constitución y ahí un ómnibus que nos dejaba en la esquina de nuestra casa, en Gerli”.

Encontraron todo dado vueltas. Cosas que faltaban. Ni una lapicera Parker quedó a salvo del grupo de tareas. “Era la mayor joya que teníamos". Pero nadie vio nada. Ningún vecino advirtió nada. "Al menos eso fue lo que nos dijeron. Nada, ni un movimiento registraron”.

Pese a todo se quedaron en Buenos Aires. Vivieron como pudieron en el medio de la paranoia y el miedo constante y “un poco también producto de ese enorme vacío que había, nos casamos en 1978”.

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Lelia Bicocca

Foto del archivo familiar.

“Lelia fue la persona con quien más hablé durante los diez días que duró mi secuestro, mi cautiverio, en la Esma. Era una persona espectacular, un ser humano íntegro, un ser humano que inmediatamente me adoptó, me cuidó. Yo tenía 20 años, pero representaba físicamente mucho menos. Fue para mí una persona de una condición humana única, tenía una actitud de protección todo el tiempo, me explicaba cada una de las cosas que sucedían allí adentro. Me sugería con quién hablar y con quién no hablar y me contó algunas cosas de ella y dónde había estado antes. Antes de estar en la Esma, la habían tenido en Campo de Mayo en unos sótanos muy húmedos. Los pulmones le dolían tanto y la habían golpeado tanto que casi había perdido la movilidad de uno de los brazos. Estaba en condiciones físicas muy malas, creo que sufría también de artritis o reuma y las condiciones de Campo de Mayo habían agravado su situación física. El terror, todo el miedo, toda la tortura, malos tratos, habían hecho que su pelo se volviera totalmente blanco”. (Testimonio de Beatriz Luna ante el tribunal Tribunal Oral y Federal Nº 5 en noviembre de 2014)

Lelia Bicocca también regresará mañana a la Esma a las 17 para ser recordada con algo de lo mejor que dejó para los otros: sus dibujos. De la mano de Camuñas y la historietista Maitena, la catequista y militante será puesta en alto para decirle “Presente”.  

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