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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

22 de mayo de 2017

Ciencia, Memoria, Justicia

Directora del Banco Nacional de Datos Genéticos, la autora de este texto celebra los 30 años de la institución que gracias al trabajo científico permitió restituir 74 nietos, posibilitó la inscripción legal con el apellido paterno de cientos de niños cuyo padre fue víctima de desaparición forzada antes de su nacimiento y la resolución de miles de casos de filiación de la justicia civil ordinaria y de causas criminales del fuero penal común. 

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Fotos: Ministerio de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva.

Desde 1930 hasta 1983 la Argentina sufrió numerosos golpes de Estado militares. El 29 de julio de 1966, durante el gobierno de facto del general Onganía, se produjo el episodio conocido como la “Noche de los Bastones Largos”. Ese día, cientos de profesores, alumnos y no docentes que ocupaban varios de los edificios de las facultades de la ciudad de Buenos Aires en defensa de la autonomía universitaria y la libertad de cátedra fueron salvajemente golpeados por las fuerzas de seguridad; el gobierno decretó la intervención a las universidades nacionales, su ocupación militar y la “depuración” académica, es decir, la expulsión de las casas de altos estudios de los profesores opositores, sin importar su nivel académico. La consecuencia de esa noche negra para la cultura nacional fue el despido y la renuncia de 700 de los mejores profesores de las universidades argentinas, que continuaron sus brillantes carreras en el exterior privando a nuestro país de las mentes más lúcidas del saber científico académico.

Luego de un breve interregno democrático, de 1973 a 1976, durante el cual no se llegó a reconstruir lo perdido, un nuevo golpe de Estado, mucho más violento y despiadado aún que los anteriores volvió a subsumir al país y a toda su comunidad científica en un largo período de terror, persecución y censura.

Los militares en el poder pusieron en marcha un sistema de represión, cuyo objetivo era imponer “orden” mediante el terror. Fue la etapa más sangrienta que tuvo la historia argentina, en la que miles de personas, entre ellas estudiantes, trabajadores, sindicalistas, intelectuales, científicos y profesionales fueron secuestrados por las fuerzas armadas, torturados en centros clandestinos de detención y asesinados. La mayoría de ellos aún continúan desaparecidos. Algunos como el médico genetista Víctor Penchazadeh lograron exiliarse en el exterior. Se calcula que existieron más de 500 centros clandestinos de detención dispersos por todo el territorio nacional. Entre los más conocidos se encontraban Campo de Mayo, la ESMA, el Vesubio, el Garage Olimpo, el Pozo de Banfield, automotores Orletti y La Perla.

Muchas mujeres se encontraban embarazadas o con hijos al momento de su secuestro. Los niños nacidos en cautiverio en maternidades clandestinas o secuestrados con sus padres en su mayoría fueron retenidos como botín de guerra, entregados a familias relacionadas en general con las fuerzas armadas y sus identidades fueron fraguadas al ser inscriptos como hijos de sus apropiadores. Otros fueron asesinados, vendidos o abandonados en institutos de menores o en la vía pública. 

Organizaciones de familiares como las Abuelas de Plaza de Mayo comenzaron la búsqueda de los casi 500 niños robados y se transformaron en el motor para que con la vuelta de la democracia en 1983 se desarrollaran en nuestro país los primeros cálculos estadísticos en genética forense y se creara por Ley, en 1987, el primer banco de datos genéticos, que fue la piedra fundacional de los Bancos de ADN de criminalística y búsqueda de personas que comenzaron a surgir a partir de 1995.

También esto fue el puntapié inicial para la creación de los primeros laboratorios especializados en genética forense en la Argentina que surgieron a principios de los años noventa.

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Desde el primer estudio de abuelidad realizado en 1984 a la fecha han pasado por el Banco Nacional de Datos Genético 3 directoras y más de 40 profesionales que no solo han restituido mediante el trabajo científico 74 nietos sino que también han posibilitado la inscripción legal con el apellido paterno de cientos de niños cuyo padre fue víctima de desaparición forzada antes de su nacimiento y la resolución de miles de casos de filiación de la justicia civil ordinaria y de causas criminales del fuero penal común.

En lo personal, ya no como científica, me pregunto todos los días qué milagro ocurrió en la Argentina para que inmediatamente recuperada la democracia, nuestro país haya iniciado el camino de investigar los delitos de Lesa Humanidad cometidos durante la dictadura cívico militar, y crear por ley en 1987 una institución estatal apoyada en el saber científico para la recuperación de los 500 nietos despojados de sus familias biológicas.

Sin lugar a dudas, una respuesta es la incansable lucha de la Abuelas de Plaza de Mayo quienes además de víctimas, se tranformaron en detectives, y genetistas forenses. Pero también hubieron hombres, mujeres y políticas de Estado que acompañaron su reclamo en un momento en que la democracia estaba aún muy frágil.

Este hecho es inédito en todos los países latinamericanos que sufrieron en paralelo dictaduras, algunos aun hoy en día no acompañan los reclamos de los familiares que buscan a sus seres queridos, ni han juzgado a los genocidas. Otros países, recién en los últimos años han sancionado leyes para comenzar con esta búsqueda sin contar aún con bases de datos genéticos. Trabajo con el cual el Banco ya se encuentra colaborando en la región.

En los archivos del Banco Nacional de Datos Genéticos está plasmada la historia y la evolución de la genética forense en el mundo. El estudio de los antígenos de histocompatibilidad para obtener el índice de abuelidad y los estudios de ADN mitocondrial para los casos de filiaciones complejas en ausencia de los progenitores vieron la luz en el trabajo de restitución de nietos en Argentina.

“Pareciera que Dios hizo el ADN mitocondrial para que lo usen las Abuelas”, dijo la genetista y experta de la Asociación Americana por el Avance de las Ciencias Marie Claire King.

El trabajo científico no solo ha servido y sirve como prueba objetiva en el proceso de restitución, sino que ha sido objeto de prueba en los Juicios de Lesa Humanidad y fundamento para la derogación de las Leyes de Punto Final y Obediencia Debida. Ciencia y Justicia, Ciencia para la Justicia.

A lo largo de la historia, la Ciencia ha sido la excusa para terribles crímenes de Lesa Humanidad y violaciones a los Derechos Humanos entre los que podemos incluir la Bomba Atómica sobre Hiroshima, los experimentos eugenésicos en campos de concentración durante el nazismo, la experimentación de armas biológicas sobre humanos, experimentos con drogas y vacunas, los experimentos psiquiátricos para erradicar el marxismo durante la dictadura de Franco, entre otros muchos. 

El trabajo de restitución de los nietos abre un espacio histórico en donde la ciencia se redime y recupera su función primordial al servicio de la Humanidad.

Con cada restitución, el Banco Nacional de Datos Genéticos asume también un rol social poniéndonos a todos frente al espejo, interpelándonos respecto de nuestro pasado y nuestro futuro, cuestionando nuestra propia identidad y la de las generaciones futuras.

Hoy en día hay ya dos generaciones que desconocen su identidad de origen. Los nietos y los bisnietos aún no recuperados de nuestras abuelas. A ellos seguimos debiéndoles una respuesta.

Este Banco es además una institución viva que se reconstruye permanentemente a través de la memoria de todas los profesionales que trabajaron y trabajan denodadamente con la esperanza de que cada día sea el día en que se concrete el milagro de una restitución.

Este libro lleva los ecos de nuestras voces, nuestro compromiso y nuestro aporte para una sociedad más justa que profundice la Memoria para alcanzar la Verdad y contribuir con la Justicia*.

...

*Prólogo del libro digital Una pregunta. 30 años, que será presentado en el Centro Cultural de la Memoria Haroldo Conti el próximo 3 de junio y que estará disponible en www.bndg.gob.ar

*Mariana Herrera Piñero es directora del BNDG desde mayo del 2015. Es doctora en Ciencias Biológicas de la facultad de Ciencias Exactas y Naturales (UBA); especialista en Genética Molecular del área de Genética Humana de la Sociedad Argentina de Genética; especialista en Genética Forense otorgado por la Sociedad Argentina de Genética Forense (SAGF) y presidenta de la Sociedad Argentina de genética Forense (2014-2016).
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