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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

06 de febrero de 2019

The Fakers

Masotta extraterritorial

Cuenta Roberto Jacoby que en uno de sus viajes a Estados Unidos, Oscar Masotta le dice al oído, un poco en broma un poco en serio: “si la nuestra fuera una banda de rock, debería llamarse The Fakers”. Esta simple y preciosa anécdota permite pensar la frustrada banda de rock como emblema de un modelo de intelectual crítico que en nuestro país tiene sus practicantes pero escasa teoría (...). Este modelo se acerca a la idea althusseriana de “práctica teórica” sugerida en el título de la actual muestra del Parque de la Memoria "Oscar Masotta. La teoría como acción".

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Gonzalo Elvira. Happenings. 2017. Tinta china sobre papel Britania

He aquí mis huecos
O. Masotta

Cuenta Roberto Jacoby que en uno de sus viajes a Estados Unidos, Oscar Masotta le dice al oído, un poco en broma un poco en serio: “si la nuestra fuera una banda de rock, debería llamarse The Fakers”. Esta simple y preciosa anécdota permite pensar la frustrada banda de rock como emblema de un modelo de intelectual crítico que en nuestro país tiene sus practicantes pero escasa teoría. Ni intelectual orgánico, ni intelectual comprometido, este modelo se acerca a la idea althusseriana de “práctica teórica” sugerida en el título de la actual muestra del Parque de la Memoria (Oscar Masotta. La teoría como acción), aunque con tintes singulares: en Masotta la intervención intelectual no requiere la legitimidad espuria de instancias externas a su ejercicio, sino un efectivo darse formas concretas de acción, no externas, sino inmanentes a la propia praxis teórica. The Fakers son, antes que nada, quienes asumen la artificialidad y contingencia del campo problemático de la teoría, y construyen un mundo singular en el que ella se torna eficaz. Pero es evidente que la banda masottiana inscribe una particularidad tan argentina e irreductible al intelectual althusseriano: la marca de la simulación, el “exotismo” desviante del margen, de la insidiosa extimidad atópica, que asume la traición como método de transmisión por el desvío (desvío teórico, desvío de clase: desvío de la lengua). En Masotta el intelectual crítico es un faker de la cultura. En una época en que las fake news se han vuelto herramienta de las políticas de derecha, no se trata de volver a una noción ingenua de verdad, sino de reponer el singular rigor intelectual de una tra(d)ición local que hizo de la estructura de la ficción no sólo la estructura de la verdad, sino del propio ejercicio crítico.

Volver hoy sobre Masotta, sobre su oscilante itinerario y su obstinado estilo, no podría tener el sentido historicista de “hacer justicia” a una figura olvidada del pasado. En parte porque la suya nunca fue una figura del todo olvidada, o no más que otras, amén de que cierta forma de olvido puede ser un honor más alto que la memoria complaciente de los homenajes. Podríamos decirlo así: la “actualidad” de Masotta involucra un desajuste temporal que nos impide pensarla como un eco del pasado, y más bien nos anima a imaginarla como algo que aún nos viene del futuro. Dicho de otro modo: la herencia de aquellos intelectuales que son capaces de producirla nunca viene sólo del pasado, sino que afecta la propia estructura de nuestro presente que, para recibirla, rompe la inercia de sus evidencias. Lo demás no es herencia, sino puro inventario. No se trata tanto de la pregunta por qué cosa queda de Masotta hoy, sino más bien qué queda de nuestra actualidad cuando la hacemos comparecer ante el proyecto y el estilo de Masotta: ¿qué resta (de) Masotta en nuestra actualidad? Antes que nada, resta evidencias del rol y el lugar del intelectual, y sitúa al pensamiento en el lugar de ese resto. Incluso en su momento de fascinación con Sartre, el de Masotta nunca fue el modelo del intelectual total, ni de ninguna de sus variantes: ni el académico, ni el técnico, ni siquiera la integridad del intelectual denuncialista (como bien lo ha señalado Diego Peller en su contrapunto con la figura emblemática de David Viñas). Se lo ha llamado “intelectual faro”, pero hubiera sido mejor decirle “intelectual linterna mágica”. Lo que en ninguno de los modelos tradicionales de intelectual crítico se deja ver es, para decirlo con Masotta, la falta de objeto como el primer objeto del pensar. Aunque esta formulación figure en su (dejemos hablar al historicista) “momento lacaniano”, en realidad es algo que atraviesa todo su recorrido: en Masotta el intelectual nunca está quieto porque nunca coincide consigo mismo, y la inquietud del pensar equivale a una operación de desplazamiento basada en su estatuto intrínsecamente intersticial. Se mueve entre discursos, entre prácticas, al no tener un discurso “propio” su tarea consiste en enlazar discursos, mostrar las “correlaciones históricas” entre áreas de la cultura y del saber, planteando sus articulaciones y por tanto sus carencias recíprocas, sus impropiedades constitutivas. Incluso cuando Masotta funda, no usa la piedra fundacional sino los agujeros, las sustracciones, y su modelo de institución (desde los “grupos de estudio” hasta la Escuela Freudiana de Buenos Aires) es un paradigma nómade asentado sobre el vacío de una auto-legitimación, que luego abre un juego de desplazamientos horizontales de márgenes y centros. Masotta, es verdad, osciló entre múltiples intereses, objetos teóricos, tradiciones intelectuales. Esas fluctuaciones hicieron que fuera muchas veces visto como un oportunista, como un farsante, como un advenedizo intelectual. Sin embargo, esas críticas nunca alcanzan a ver la ética de ese farsante, esto es, la ética del estilo, que compromete al intelectual no a una “realidad” ni mucho menos a una “disciplina” o “ciencia”, sino a una manera intelectual que se asienta sobre la falta de objeto como su único fundamento: este gesto Masotta se mantuvo obstinadamente imperturbable a través de todas sus notorias oscilaciones intelectuales. La intervención del intelectual, su “operación”, circula entre discursos, e intenta, obstinadamente, mostrar la imposible sutura de todos ellos. El chasquido que descompleta es la acción de la teoría. ¿Qué resta (de) Masotta en nuestra actualidad? Masotta le quita al intelectual contemporáneo su suelo propio, y lo destina a vagar en el archipiélago moderno de los discursos y las prácticas.

Quisiera situar tres tópicos masottianos clave, que muestran que su nombre no es sólo nombre propio sino también metonimia de un modelo de intelectual siempre latente en nuestro país, pero pocas veces delineado de manera tan nítida como en su figura. Esos tópicos, que exceden ampliamente a Masotta pero se anudan singularmente en él, son: la mirada estrábica, la clase media y las mediaciones. El intelectual masottiano es un intelectual que sabe hacer algo con esas tres cuestiones clave para la cultura argentina: con la “ansiedad de las influencias” y la situación dependiente de nuestra cultura; con la condición de clase del intelectual, que lo liga a un sector específico de la lucha de clases en nuestro país; y con el estatuto de las mediaciones que constituyen lo social, la cuestión del “significante” y la ideología.

Es sabido que Masotta inicia su periplo intelectual con su participación en la revista Contorno. También es conocida la centralidad que esa revista tuvo en la renovación de la crítica argentina del siglo XX. Pero, como siempre, esa renovación no dejaba de tener que ver con cierta forma de ritornello. Se habló de “los dos ojos de Contorno”, porque la propia revista planteó el lugar del intelectual en aquella “mirada estrábica” con la que lo pensara ya modélicamente Esteban Echeverría y la generación del ‘37. Sólo que ahora el estrabismo no sólo sería el de una cultura atenta a la vez al “progreso de las naciones” y a “las entrañas de nuestra sociedad”, sino además a la tensión entre una argentina peronista y una antiperonista que se iniciaba. Así, entre la “modernización” de los saberes y el reacomodo de una “nueva izquierda” a la luz del país peronista, Masotta resume todos esos estrabismos en una inquietud permanente entre cultura local y la última moda metropolitana, pero a la vez entre lo más sofisticado de la cultura y las manifestaciones menores de lo popular y masivo. La “mirada estrábica” de Echeverría permite pensar que la mirada anamórfica de Masotta no carece de tradición en nuestra historia, y que pensar la tradición como una forma de desvío o traición sigue siendo un mandato para la crítica argentina.

En segundo lugar, entonces, la clase media, aquella clase en la que se recluta, mayormente, el intelectual argentino. Todo el itinerario de Masotta podría ser entendido como una reflexión sobre la clase media argentina, incluso (¿y sobre todo?) en su introducción del psicoanálisis. Pero lo que es seguro es que su primer libro, su trabajo sobre Arlt, es una suerte de auto-socio-análisis que, poniéndose a sí mismo como Arlt, piensa las condiciones de la miseria de esa clase que tan protagónico rol tuvo en la Argentina moderna. Metodológicamente, Sexo y traición en Roberto Arlt dice: el intelectual de izquierdas es aquel que hace visibles y se hace cargo de sus orígenes de clase (y de ideas), es aquella figura un poco cínica que, en vez de pretender ser la voz de la moral, la buena fe o las clases populares, comienza por ser la revelación de las miserias de su propia clase. Cierto exhibicionismo estuvo siempre presente en Masotta. Y la crítica, de algún modo, siempre fue en él la revelación performática de las humillaciones que estructuran las relaciones sociales en la que el propio intelectual actúa. Sadismo social explicitado: así se refirió Masotta a su propio happening “Para inducir el espíritu de la imagen”, en el que se ponía en el lugar del verdugo de una serie de viejos vestidos pobremente a quienes rociaba con un matafuegos, mientras explicitaba a la concurrencia (de la misma clase social que el intelectual happenista) la mediación dineraria que permitía ese plus de goce prohibido. El que avisa (el intelectual crítico) no traiciona.

Por último, las mediaciones. Desde la crítica literaria hasta el psicoanálisis, pasando por el pop y el arte de medios, Masotta buscó siempre desplazar la pregunta desde los enunciados particulares hacia las condiciones de enunciación de todos los enunciados. Esa fue siempre su preocupación, por la “estructura”, por los “medios”, por el “lenguaje”, por la “transmisión”. Ese desplazamiento implica antes que nada hacerse cargo de los propios medios de producción intelectuales, y a la vez poner en el centro de la discusión el problema de la ideología. Masotta nos dice: el “compromiso” del intelectual no está al nivel de los enunciados, sino de la enunciación. Ello tiene consecuencias decisivas: en primer lugar, implica que se puede tener opiniones izquierdistas abasteciendo el aparato ideológico de la derecha, es decir, que con el “compromiso” no alcanza; y en segundo lugar, que la práctica teórica en cuanto tal es una práctica materialista que interviene menos sobre las opiniones que sobre las condiciones de enunciación, circulación y recepción de esas opiniones. El intelectual puede devenir happenista porque pone en juego la misma experimentación con las condiciones de producción y circulación de los mensajes en las sociedades de masas. Un problema que, como todo lector contemporáneo de fake news lo sabe, nos sigue llegando del futuro.

“Masotta extraterritorial” - Revista Haroldo | 1
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Eva Perón Happening

Necesitamos a Masotta. Pero no al Masotta de alguna de las capillas que hasta ahora se han disputado su herencia. Necesitamos ese Masotta extraterritorial que, como gesto y estilo, habitó obstinado en sus diversas incursiones y nos legó un modelo de intelectual crítico cada vez más vigente en un tiempo en el que no se trata de retroceder ante el éxito fascista en la producción de ficciones sociales, sino de avanzar con una provocadora teoría y praxis de la subjetividad que, asumiendo la ficción de origen, no deje de insistir en sus efectos de verdad, ni de resguardar la falta que habilita el juego de la ficción emancipatoria.

*La muestra "Oscar Massota. La teoría como acción" se exhibe en el Parque de la Memoria hasta el domingo 24 de febrero de 2019. Se puede visitar de lunes a viernes de 10 a 17 hs y los sábados, domingos y feriados de 11 a 18 hs (Av. Rafael Obligado 6745). En el marco de las actividades de la exhibición, este viernes 8 y sábado 9 de febrero, de 18 a 21 hs, Luis García dictará un breve seminario y conversatorio para interrogar la teoría y práctica de Oscar Masotta, su itinerario y su legado en la actualidad. El viernes 8 se sumarán al espacio Juan Mendoza, Mario Cámara y Diego Caramés y el sábado 9 Roberto Jacoby, Oscar Steimberg, César Mazza y Diego Peller. La entrada es libre y gratuita.

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Oscar Masotta durante El helicóptero, 1967

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