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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

20 de diciembre de 2018

La dictadura de Ford. Una sentencia histórica

Sobrevivieron a la dictadura y al olvido. Sobrevivieron al poder de una transnacional con origen en Estados Unidos.  Sobrevivieron a la historia, que todavía les debe justicia en el lugar de la memoria.
Sobrevivieron y 42 años después lograron la victoria de una condena histórica: la verdad de 24 trabajadores se escribió en un fallo judicial que fue noticia mundial, salvo para un sector de la prensa para el que el precio de la pauta publicitaria es el silencio.

Foto: Lucrecia Da Representacao

En la planta automotriz ningún militar tiró la puerta abajo. Llegaron como socios de los empresarios y coordinaron una estructura del horror, cuyas víctimas fueron los trabajadores de la empresa. El terror se volvió una política empresarial.

Pedro estaba en su puesto de trabajo, al igual que alrededor de otras 7.000 personas. La fábrica de Pacheco, en la Provincia de Buenos Aires, ya había sido militarizada. Trajes y uniformes caminaban por las oficinas. Pedro era uno de los delegados. Era subversivo luchar por un comedor, ropa adecuada y otras demandas de los trabajadores. Era subversivo ser delegado en Ford. Ahí mismo lo secuestraron y torturaron.

Era 1976 y la dictadura viajaba en Falcon verde, autos en cuya fabricación participaban los mismos trabajadores de Ford. 42 años después, Vicente sigue recordando el ruido de los motores.

El lugar de trabajo se volvió un centro clandestino. 24 trabajadores fueron víctimas de la dictadura de Ford. Secuestrados y torturados, fueron perseguidos por ser obreros organizados ante la miseria planificada que se buscó imponer bajo el terrorismo de Estado.

24 trabajadores fueron las víctimas del accionar cívico-militar de Ford y el Ejército. Uno de los objetivos prioritarios de la represión en la empresa fue el disciplinamiento de los trabajadores organizados. Por eso, los principales perseguidos fueron los delegados de la Comisión Interna de SMATA (Sindicato de Mecánicos y Afines del Transporte Automotor de la República Argentina). Así, los trabajadores de Ford pasaron a ser las víctimas de la propia empresa. A un grupo lo secuestraron dentro de la Planta de Pacheco y lo torturaron en el quincho del campo de deportes de la automotriz. A otro grupo lo secuestraron de sus casas. Las víctimas fueron trasladadas a las comisarías de Tigre e Ingeniero Maschwitz, donde permanecieron en cautiverio como detenidos-desaparecidos por más de 40 días. Luego fueron puestas a disposición del Poder Ejecutivo Nacional en diferentes unidades penitenciarias, como las de Devoto, La Plata y Sierra Chica. “Pasamos a ser una lista de desaparecidos. Aparecimos en una comisaría tomada por el Ejército. Ahí iba gente de todo el cordón industrial de la zona norte”, recuerda Pedro Troiani, ex delegado y sobreviviente.

Fotos: Lucila Quieto

Sobrevivieron a la dictadura y al olvido.
Sobrevivieron al poder de una transnacional con origen en Estados Unidos.
Sobrevivieron a la historia, que todavía les debe justicia en el lugar de la memoria.
Sobrevivieron y 42 años después lograron la victoria de una condena histórica: la verdad de 24 trabajadores se escribió en un fallo judicial que fue noticia mundial, salvo para un sector de la prensa para el que el precio de la pauta publicitaria es el silencio.

Delitos de lesa humanidad, dijeron los jueces Mario Gambacorta, Osvaldo Facciano y Eugenio Martínez Ferrero en un fallo unánime que condenó a la dictadura cívico-militar. Nadie más que los sobrevivientes saben cómo se sienten esas palabras en sede judicial. Ya no son dichas con la justicia corriendo kilómetros por delante, inalcanzable. Ahora son emitidas por jueces de nuestro país, poniendo en un juicio oral y público a los victimarios en su lugar.

De esos 24 trabajadores, casi la mitad llegó con vida para esta sentencia. El ejercicio de memoria se hizo invencible. Los testimonios, como una de las pruebas más contundentes, logró que la mentira de Ford quede expuesta y se confirme una verdad popular: Ford también fue la dictadura.

Ese martes 11 de diciembre llovía en San Martín. Igual que cuando empezó el juicio casi un año atrás. Llegó el mediodía y los jueces dieron su sentencia:

Pedro Müller, ex gerente de manufactura de Ford: condenado a 10 años de prisión.
Héctor Sibilla, el ex jefe de seguridad de Ford: condenado a 12 años de prisión.
Santiago Omar Riveros, ex militar: condenado a 15 años de prisión.

Cárcel común, pidió el tribunal para cuando esté firme la sentencia. Mientras, los civiles seguirán sueltos y el ex militar con el beneficio de la domiciliaria.

Quedaron impunes sin llegar vivos al juicio Juan María Nicolás Enrique Julián Courard, el entonces presidente de la compañía Ford Motor Argentina; Guillermo Galarraga, gerente de relaciones laborales; y Antonio Francisco Molinari, militar y ex director de la Escuela de Ingenieros de Campo de Mayo.


Fotos: Alejandro Jasinski 

El caso de Ford representa al entramado cívico-militar del accionar del terrorismo de Estado. En el marco de los juicios a genocidas y partícipes civiles que se realizan en la Argentina, es la primera vez que se logra una condena por delitos de lesa humanidad por la participación empresarial de una transnacional. Si bien no se juzga a empresas como tales, la política represiva empresarial de Ford quedó demostrada en el fallo judicial de primera instancia.

Los 24 trabajadores cuyos casos se probaron en el juicio, son: Pastor José Murúa, Juan Carlos Ballesteros, Adolfo Omar Sánchez, Rubén Manzano, Juan Carlos Amoroso, Enrique Chitarroni, Roberto Cantello, Carlos Rosendo Gareis, Hugo Adolfo Núñez, Pedro Norberto Troiani, Juan Carlos Conti, Vicente Ismael Portillo, Carlos Alberto Propato, Rubén Traverso, Fernando Mario Groisman, Ricardo Ávalos, Héctor Subarán, Eduardo Norberto Pulega, Mirco Robledo, Jorge Enrique Constanzo, Francisco Guillermo Perrota, Luciano Bocco, Marcelino Vìctor Reposi y Luis María Degiusti.

42 años después, por primera vez, el Poder Judicial reconoció que Ford fue parte de la dictadura. Esta puerta abre nuevas expectativas para el Juicio y Castigo a otras empresas y para seguir avanzando en el juzgamiento de los crímenes contra los trabajadores y trabajadoras.

Tras conocerse la sentencia, en Pueyrredón al 3700, en San Martín, con paraguas en una mano y los dedos en ve o el puño en alto en la otra, el canto también fue unánime: “unidad de los trabajadores y al que no le gusta, se jode, se jode”. Y así fue: una condena a Ford; una victoria de los trabajadores. 

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