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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

06 de febrero de 2018

El vecino indeseable del Bosque

Hace poco más de un mes la vida de los habitantes del Bosque de Peralta Ramos, en Mar del Plata, cambió drásticamente. Desde la llegada de Miguel Ángel Etchecolatz, a quien la justicia le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria, una calle cortada al paso, fuerzas de seguridad custodiando entre los árboles añosos y pedido de documentos para muchos de los que transitan son la muestra de un barrio que ya no es el mismo. En ese bucólico paisaje ahora vive un genocida. 

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Acto en los Tribunales de la Plata para pedir la revocatoria de la prisión domiciliaria a Etchecolatz

Foto: Julián Athos

Marta Abachián tenía 13 años cuando un grupo de tareas hizo desaparecer, el 27 de diciembre de 1976 en La Plata, a su hermano Juan Carlos, militante de la Juventud Peronista.  Le decían “el Armenio” (no podía ser de otra manera) y le llevaba quince años: era como su segundo padre, su referente, su guía. Su ídolo.

Como una burla del destino, otro 27 de diciembre, exactamente 41 años después, la Justicia ordenó la prisión domiciliaria de Miguel Angel Etchecolatz, -responsable del centro clandestino de detención donde se pierden los rastros de Juan Carlos Abachián-, en su casa del Bosque de Peralta Ramos, un barrio de la misma ciudad en la que había nacido el “Armenio” y en la que siguen viviendo su madre, Susana, y su hermana, Marta, hoy militante de organismos de Derechos Humanos donde está a cargo de Prensa.

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Gustavo Calotti fue secuestrado durante "La noche de los Lápices", en septiembre de 1976Luego de estar desaparecido en manos de Miguel Etchecolatz fue trasladado a la Unidad Penal 9 de La Plata, donde compartió prisión con Julio López, desaparecido por segunda vez el 18 de septiembre de 2006. 

Sobrevivió, se exilió y pudo volver a la Argentina luego de 32 años. Se instaló en el Bosque Peralta Ramos de Mar del Plata. El 27 de diciembre le avisaron por whatsapp que su victimario iba a ser su vecino, dice el periodista Ezequiel Casanovas en una nota que publica la revista marplatense Ajo, en referencia a otra de las víctimas del genocida que hoy habita en esta ciudad. La casa de Etchecolatz está a sólo cinco cuadras de la suya.

Esta situación lo llevó a presentarse ante los Tribunales en La Plata como víctima y testigo de la causa por las que declaró contra Etchecolatz y luego hizo la misma presentación en Mar del Plata ante la Fiscalía, con el patrocinio de la abogada Yamila Zavala Rodríguez -ella misma, hija de desaparecidos-, pero los jueces le rechazaron su pedido. Para ellos, que la víctima viva a metros de su victimario no supone ningún problema, ni aún teniendo en cuenta que el victimario es el responsable de crímenes de lesa humanidad de los cuales nunca se mostró arrepentido.

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Foto: Julián Athos

Ana Pecoraro tenía 5 años cuando desapareció su padre, Enrique Pecoraro, en junio de 1979.  Cuando esto sucedió, su madre, Alicia Ruszkowski, se volvió a la casa paterna en Mar del Plata con sus tres hijos, Ana de 5, Esteban de 3  y Laura de 1.  Pero hasta acá la siguieron y se la llevaron. Le costó casi toda la vida superar esta pesadilla -ella vio cuando secuestraron a su madre- para que hoy Ana, que es coordinadora del Faro de la Memoria, volviera  a perder el sueño: desde diciembre último a sólo cinco cuadras de su casa en el Bosque Peralta Ramos, cumple prisión Miguel Etchecolatz. Su presencia la perturba

"Es una cosa que está en mi cabeza las 24 horas del día, no puedo estar tranquila sabiendo que el tipo ese está acá, que puede salir, que tiene poder en la fuerza, no hay momento del día donde me pueda relajar, tengo miedo", dice. Es que la presencia de Etchecolatz en su barrio afecta en forma directa a toda su familia: su hermana Laura se había comprado un terreno para construir cerca de Ana. Ese terreno está enfrente de donde ahora habita el genocida, al que el Tribunal Oral Federal 6 de la Ciudad de Buenos Aires -que lo está juzgando por crímenes cometidos en centros clandestinos de Monte Grande y Esteban Echeverría- le otorgó el beneficio de la prisión domiciliaria.

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No fue necesario tener historias como las de Marta, Gustavo, Ana o Laura, para que la presencia del genocida despertara la reacción del barrio. Esta fue casi inmediata. Sin necesidad de sellos ni organización, caótica y “emocional”, según la define Carlos Harboure, uno de los tantos vecinos autoconvocados que crearon su propia página en facebook, con el nombre de “Vecinos Sin Genocidas”.

“Al principio eramos unos pocos y como cada vez que nos veíamos hablábamos de esto decidimos hacer una reunión. En esa oportunidad fuimos veinte. Ahora somos 49”, dice Carlos y aclara que “si bien a nosotros nos afecta directamente su presencia, porque lo tenemos a unas cuadras, no queremos tirarle el problema a otro barrio. Lo que los vecinos decimos es que el único lugar para un genocida es la cárcel. No lo queremos en el Bosque, no lo queremos en Mar del Plata, pero tampoco lo queremos en ningún lugar del país, libre. Lo queremos preso en una cárcel común, como corresponde a un genocida”.

La calle Boulevard Nuevo Bosque, entre Guaraníes y Tobas, hoy está cortada por efectivos de varias fuerzas de seguridad. “De seguridad para él -se indignan los vecinos-, porque nosotros ahora no podemos pasar por allí, todo el barrio está militarizado y en más de una ocasión nos piden documentos. Es horrible vivir así”.

El día que se cumplió el primer mes de la radicación de Etchecolatz en el barrio, los vecinos -que ya habían participado en diciembre de la multitudinaria marcha que se hizo por las calles del centro de la ciudad primero y por las del Bosque al día siguiente, entre otras acciones-, convocaron a un encuentro cultural.

Allí, entre música, mates y largas charlas, pusieron a la firma un petitorio que se entregó este lunes 5 de febrero en los tribunales de la ciudad de La Plata, en el que se pide la revocatoria del beneficio y que se tenga en consideración el malestar vecinal por la presencia del genocida y la voluntad de la comunidad, expresada en una masiva movilización. 

En uno de los momentos más emotivos del festival se leyó la carta de Mariana Dopazo, la ex hija de Etchecolatz que en repudio, cambió su apellido:

"Crear una vida propia, a las sombras de mi progenitor, uno de los genocidas más siniestros de nuestra historia, fue muy difícil. Siempre rodeados de armas, acompañados de custodia policial y metidos en una burbuja. Mi vieja hacía lo que podía, amenazada recurrentemente por él: “Si te vas, te pego un tiro a vos y a los chicos”. De hecho, mi recuerdo más crudo de la infancia da cuenta del sufrimiento permanente: cada vez que él volvía de la Jefatura de Policía de La Plata, nos encerrábamos a rezar en el armario con mi hermano Juan, para pedir que se muriera en el viaje. 

Sí, eso sentíamos, todos los días de nuestras vidas (...)

Ante semejante noticia, no puedo imaginarme lo que sentirán quienes lo sufrieron y menos todavía quienes deberán convivir con él, en el mismo barrio marplatense. Sólo dos tipos de personas conocen verdaderamente a un sujeto como él: sus víctimas y sus hijos. Por eso, a mí que no me lo vengan a contar. Nadie puede venderme el discurso de la reconciliación, ni el cuento del viejito enfermo que merece irse a su casa. Quienes conocemos su mirada, sabemos de qué se trata. Hay centenares de genocidas con prisión domiciliaria, pero él nos hierve la sangre porque representa lo peor de esa época, tras haber sido la cabeza de 21 centros clandestinos y no haberse arrepentido ni un centímetro de sus acciones, fiel e incondicional a las mentes que planificaron ideológicamente la masacre". 

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Festival en contra de la presencia del genocida en el Bosque de Peralta Ramos 

Foto: Edith Menéndez

A media cuadra de donde se hacía el encuentro cultural, no menos de treinta efectivos de distintas fuerzas custodiaban tras las vallas colocadas en la calle, la casa del vecino más indeseable del Bosque.

Miguel Etchecolatz tiene probadas por la justicia 342 privaciones de la libertad, 91 aplicaciones de tormentos reiterados, 18 homicidios calificados, seis sustracciones y retenciones de menore y dos desapariciones forzadas de personas. Tiene seis condenas por delitos de lesa humanidad. Cuatro de ellas son prisiones perpetuas, por las causas “Etchecolatz”, “Circuito Camps”, “Favero Alvarez” y “La Cacha”, siendo también condenado por la apropiación de una menor, en un juicio del año 2004.

Sus condenas alcanzan a más de 440 víctimas. Y tiene también varios procesos judiciales -aun abiertos- por delitos de lesa humanidad, que incluyen por lo menos a 520 víctimas.

Etchecolatz era jefe de la Dirección de Investigaciones de la Policía Bonaerense y estuvo a cargo de al menos 21 centros clandestinos de detención durante el Terrorismo de Estado.

Hace un mes está cumpliendo prisión domiciliaría en Mar del Plata. ​Hasta 2006 había contado con ese beneficio, que le fue revocado por poseer armas de fuego en el domicilio donde cumplía su condena.

​Desde “Vecinos Sin Genocidas” sostienen que es una libertad encubierta. De hecho hace apenas unos días atrás, fue trasladado, sin esposas y fuertemente custodiado, a un establecimiento a la clínica Colón para una visita médica. El inusual movimiento generó el malestar del vecindario, que le sacó varias fotos incrédulo de lo que estaba viendo. Unos días antes, en una de las protestas realizadas frente a la casa del boulevard Nuevo Bosque -que aun no estaba vallado-, quien sacó fotos a los manifestantes fue él mismo.

Los habitantes del Bosque, ya no tienen paz en ese barrio de calles arboladas y silenciosas. Saben que allí se esconde una alimaña.

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*La autora de esta nota es periodista, Lic. en Ciencias de la Información por la Universidad Nacional de La Plata. Docente de Etica y Deontología en Eter. Columnista de Radio La Azotea, la primera radio comunitaria de Mar del Plata. Sobreviviente de la última dictadura cívico militar.

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Foto: Romina Elvira/Revista Ajo

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