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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

23 de noviembre de 2016

Entrevista a la escritora Daniela Palumbo

Los libros que siembran semillas

 “Me gustaría que cuando un niño lee una historia difícil se tirara dentro de ella, no fuera. Si el niño se pregunta qué habría hecho yo en lugar de, cómo me hubiera sentido si me hubiese pasado a mí, entonces no habré escrito en vano”, dice la italiana Daniela Palumbo, autora de Las maletas de Auschwitz y Bajo el cielo de Buenos Aires, dos libros para chicos con el horror como trasfondo. 

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La escritora visitó el predio de la Ex-Esma en 2016. 

“Me sucede de contar historias difíciles. Es una elección, es una exigencia. Mi trabajo no tendría sentido para mí si no afrontase algunos temas difíciles que nacen de mis porqués, de la urgencia de dar un sentido a la realidad del ser humano. Pero, ¿cuáles son los temas difíciles? A mi modo de ver, son aquellos donde está presente un verdugo. Que sea un ser humano, una ideología, el destino”, afirma la escritora italiana Daniela Palumbo, autora de Las maletas de Auschwitz.

Palumbo se propone un tema complejo: hablar de genocidios, dictaduras y regímenes autoritarios para niños y niñas. Lo hace sin estridencias ni golpes bajos, con los elementos que pueden tener a mano un chico cuando un trauma de estas características irrumpe en su vida, cuando les trastoca su cotidianeidad y, entonces, se formulan preguntas: ¿Por qué me expulsan de la escuela? ¿Por qué el vecino insulta a mi padre? ¿Por qué el médico no me da más tratamiento?, ¿Por qué no puedo entrar en el parque? ¿Por qué me han arrebatado a mi madre?

Traducido al español y publicado en la Argentina por Editorial Norma Las maletas de Auschwitz -ganadora del premio Barco de Vapor italiano en 2010- narra las historias de Carlo, en Italia; de Hannah y Jacob, en Alemania; de Emeline, en Francia y de Dawid en Polonia. El tiempo histórico es el de las leyes raciales, cuando los judíos europeos debieron dejar sus trabajos y sus actividades habituales, fueron forzados a vivir en guettos y obligados a llevar una estrella de David amarilla que los identificara. En las historias se advierte el contexto de persecución que padecen adultos y chicos pero si hay algo que la autora remarca son los lazos de solidaridad para con los perseguidos: un amigo del parque, un administrador de edificio que decidió mandar la carta corriendo riesgo de vida, una antigua niñera que decide alojar a dos chicos.

“Cuando me preguntan: ¿cómo se puede contar la Shoa a los niños? yo respondo que no he contado la Shoa a los niños. No he contado sobre las cámaras de gas, los asesinatos en masa, los campos de concentración. Pero he contado los pensamientos de los niños que se encontraron improvisamente dentro de la Shoa, sin entender por qué se sucedieron una serie de hechos que día a día cambiaron su vida”, explica Palumbo.

Para la escritora, en sus textos la historia no se cuenta desde el evento, desde la batalla o desde un hecho de la crónica, pero sí desde la mirada que el personaje posa sobre el mundo. “En general, es una mirada que se pone de parte de la minoría de las personas, de la parte que no tiene voz como los otros”, explica.

Palumbo rechaza la idea de “transmitir” valores a través de sus textos –“No me gusta hacerme la moralista, no es mi oficio”- pero sí admite la “delicadísima” responsabilidad de los escritores de literatura para la infancia de plantear en los libros “la complejidad y la duda”.

“No es fácil. Pero cuando hay buenos libros que narran historias difíciles, entonces el joven lector tiene la posibilidad de tener a mano, un instrumento para ver la realidad con la lucidez necesaria para la formación de la inteligencia crítica”, sostiene.

“Los chicos no son recipientes vacíos que se deben llenar con nuestras convicciones sino que hay que darles posibilidades de hacerse preguntas. Quien hace literatura para chicos no pretende enseñar su visión del mundo a los niños, ya que la buena literatura no tiene respuestas confeccionadas. Es más, los libros deberían ser lo contrario: multiplicadores de preguntas, dudas, solicitudes de sentidos”, dice la escritora en diálogo con la Revista Haroldo.

Además de Las maletas…, Palumbo escribió Bajo el cielo de Buenos Aires, una novela sobre niños apropiados ilegalmente en la Argentina, que aún no se tradujo al español, y que tiene como escenario la Escuela Mecánica de la Armada durante la dictadura cívico-militar. Cuenta la historia de una mujer italiana, que migra a la Argentina con sus padres a los 12 años, comienza a militar en su adolescencia y la secuestran junto a sus hijos, que le son arrebatados.

 “Me gustaría que cuando un niño lee una historia difícil se tirara dentro de ella, no fuera. Si el niño se pregunta qué hubiera hecho yo en lugar de, cómo me hubiera sentido si me hubiese pasado a mí, entonces no habré escrito en vano. El valor de la duda es el único valor absoluto que me gustaría sembrar en mis lectores”.

Hay un tono que subyace en “Las maletas...”: la sensación de esperanza, de que hay un futuro posible, incluso en las condiciones más dramáticas.

 “Los niños no tienen necesidad de hacerse contar la brutalidad del mal. Ya saben que existe el mal. Pero una bella historia es aquella que nos hace vislumbrar la esperanza capaz de negar hasta la potencia del verdugo. Es cierto que la esperanza no puede llover del cielo. Debe llegar desde más cerca, debe ser un riesgo en el acto de la esperanza, sólo así es elaborada por el lector como una cosa que lo preocupa, que lo reta y lo llama a actuar, a querer cambiar las cosas, porque la esperanza cambia el lenguaje del futuro. Estoy convencida de que en la literatura infantil no puede faltar la visión del futuro, la prospectiva de la belleza”.

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