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Revista Haroldo

Diálogo con el pasado y el presente

12 de julio de 2016

La masacre de los palotinos

Los 5 son parte de los 30.000

Los 40 años del asesinato de los curas palotinos abrieron un nuevo capítulo para la iglesia. Por primera vez, se presentará como querellante para intentar echar luz sobre lo que pasó aquel 4 de julio cuando fueron asesinados Alfredo Leaden, Pedro Dufau, Alfredo José Kelly, Salvador Barbeito Doval y Emilio José Barletti. 

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Una calle lleva su nombre a pocas cuadras del lugar en el que fueron asesinados: “Mártires palotinos”. En la Iglesia San Patricio hay esculturas y placas que los recuerdan. Los 4 de julio se celebran misas cada vez más multitudinarias. Pero este 4 de julio, cuando se conmemoraron 40 años de los homicidios de los sacerdotes Alfredo Leaden, Pedro Dufau, Alfredo José Kelly y los seminaristas Salvador Barbeito Doval y Emilio José Barletti, el homenaje adquirió nuevos sentidos.

El lugar de los cinco palotinos en el cielo es materia de discusión desde hace casi 15 años. En 2001, el entonces cardenal Jorge Bergoglio dijo en una homilía que había que “despejar etiquetas y mirar el testimonio”. Años más tarde comenzó un proceso para declararlos mártires que no recibió el apoyo necesario. Ahora, el arzobispo de la Ciudad de Buenos Aires y cardenal primado Mario Poli, que encabezó la misa de recordación, aseguró que “el enemigo” los “arrastró a las tinieblas”.

“Los que se creyeron jueces para dar muerte a nuestros hermanos no sabían que los cristianos hacen bien y se los castiga como a malhechores. La Iglesia sabrá cuál es el lugar de nuestros hermanos en el cielo”, dijo Poli acompañado por una buena representación de la iglesia argentina.

"El mártir es una figura de disputa, tiene elementos típicos del héroe, del que se pone como norma de conducta, así como de la  víctima, cuya característica es que es intercambiable una por otra. Una de las potencialidades de la figura del mártir es que permite combinar elementos de la víctima con el héroe sin entrar en el tema inocentes versus culpables”.

Pero quizá más contundente que esta movilización de una porción importante del clero a la misa para recordar a los palotinos es la decisión de la comunidad religiosa de presentarse como querellante ante la Justicia. Hasta ahora no se pudo avanzar sobre quiénes fueron los responsables de los asesinatos, aunque todos los indicios apuntan al grupo de tareas de la ESMA. Y desde allí, por primera vez, salió el domingo 3 un “vía crucis” que llegó hasta la iglesia San Patricio.

“Es significativo salir de la parroquia al espacio público. Que el ‘vía crucis’ haya comenzado en la ESMA da cuenta de la secularización y de la intención de habitar el campo de los Derechos Humanos, que se va complejizando. Es un proceso muy parecido al que hizo la Iglesia de la Santa Cruz de decir ‘nosotros queremos que sean vistos como parte de los 30.000’ y que coincide con la decisión de ser querellantes en la causa penal”, afirma la socióloga e investigadora del Conicet Soledad Catoggio, autora del libro “Los desaparecidos de la Iglesia. El clero contestatario frente a la dictadura”.

La investigadora observó el tiempo que está llevando al interior de la Iglesia reunir el consenso para definir la canonización de los cinco Palotinos, que demandan los sectores más progresistas. “Si el tema queda solo en la canonización y no va acompañado de justicia penal, en términos de sociedad civil, es problemático. La decisión de ser querellantes implica salir de la lógica de desconfianza hacia la justicia. Pienso que suma si contribuye a marcar que la iglesia es parte de la sociedad civil, porque lo que hay detrás es una idea de democratización de la iglesia”, explica Catoggio.

En relación con la idea del mártir, la investigadora señala que lo particular de esta figura es que está en el límite entre la política y la religión e interpela a actores del mundo religioso así como de la política. “El mártir es una figura de disputa, tiene elementos típicos del héroe, del que se pone como norma de conducta, así como de la  víctima, cuya característica es que es intercambiable una por otra. Una de las potencialidades de la figura del mártir es que permite combinar elementos de la víctima con el héroe sin entrar en el tema inocentes versus culpables”.

¿Cómo conviven estos dos procesos de convertir a los Palotinos en mártires y víctimas? “Conviven en tensión: por un lado se trata de secularizarlos saliendo con el ‘vía crucis’ desde la ESMA, de anunciar que la comunidad será querellante en la causa penal y que los cinco son parte de los 30.000. Todo esto está ligado a la integración al campo de los Derechos Humanos. Pero al mismo tiempo está el proceso de la canonización, y lo que significa, para adelante, que los 30.000 puedan ser considerados mártires”, apunta Catoggio.

Según la socióloga, el caso de los cinco palotinos es particular porque la Conferencia Episcopal Argentina salió a condenar en el momento las muertes y se convirtió en un “caso icónico” asociado a la figura de “víctima inocente”. Además, tuvo la entidad de “masacre” por ser el objetivo de los asesinos una comunidad religiosa. “La canonización abre el juego para ver qué pasará con otras figuras más controversiales para la propia institución eclesiástica como Mónica Mignone o Carlos Mugica", indica Catoggio. Mignone fue secuestrada junto a otros 6 jóvenes en mayo de 1976. El grupo llevaba adelante trabajo social en la villa del Bajo Flores a través de la parroquia del lugar. Mugica, sacerdote de la parroquia Cristo Obrero, en la villa 31, fue asesinado por la Triple A.

“Transcurría una época muy difícil, marcada por niveles de violencia inéditos en la Argentina (…) Algunos vecinos que integraban el barrio donde se sitúa la parroquia, pertenecían a los círculos de poder dominantes en el país. En ese ámbito, predicar el Evangelio (…) exigía profundas convicciones y una gran valentía”.

El día de la misa en homenaje a los cinco, en la Iglesia San Patricio los feligreses repartían unos volantes que situaban el contexto político de los asesinatos: “Transcurría una época muy difícil, marcada por niveles de violencia inéditos en la Argentina (…) Algunos vecinos que integraban el barrio donde se sitúa la parroquia, pertenecían a los círculos de poder dominantes en el país. En ese ámbito predicar el Evangelio (…) exigía profundas convicciones y una gran valentía”. Catoggio sostiene que estas palabras buscan “reinstalar el caso en la sociedad civil”. “Todo esto tiene una apuesta secularizadora y democratizadora y que no se podría entender sin el avance del campo de los Derechos Humanos y los juicios por delitos de lesa humanidad”.

Antes de los asesinatos, el sacerdote Kelly pronunció el sermón de las “cucarachas”. Dijo que sabía de feligreses de San Patricio que compraban bienes robados a los secuestrados. Habló de “madres que no saben dónde están sus hijos, hijos que no saben dónde están sus padres”, exilio y signos de muerte en todos lados. “Quiero ser bien claro al respecto: las ovejas de este rebaño que medran con la situación por la que están pasando tantas familias argentinas, dejan de ser para mí ovejas para transformarse en cucarachas”, dijo.

Martín es uno de los sobrinos de Alfredo “Alfie” Kelly. Tenía 12 años cuando asesinaron a su tío. El fin de semana pasado participó de los homenajes. Sobre el sermón de las cucarachas, este hombre que hoy pasa los 50 reafirma: “Se trata de no consumir cosas que provienen de la apropiación, de las voluntades y del esfuerzo de los otros. No ser cómplice de las injusticias. No consumir explotación. El sermón de las cucarachas es el resumen de un hombre de vocación y convicción, muy apegado al deber ser. Mi tío era un hombre de Dios”.

“Nuestro mundo trascendió a muchísima gente. Que 40 años después, los homenajes por la masacre tengan este nivel de adhesión me emociona. Siento que ‘Alfie’ tuvo un montón de hijos”, dice Martín.

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